El mito de Ulises se reinventa en el cine para reflejar los dolores de distintas épocas. Permite reinterpretar la versión original de Homero para comprender los procesos históricos y sus transformaciones. Tras el impacto de la versión hollywoodense de La Odisea de Christopher Nolan, resulta un acto de justicia poética volver la vista hacia La mirada de Ulises, película cumbre de Theo Angelopoulos (1995). Ambas obras emergen como documentos sociológicos que capturan las fracturas, ansiedades y transiciones geopolíticas de sus respectivos tiempos.
La mirada de Ulises, película dirigida por Theo Angelopoulos (1995).
A mediados de la década de 1990, el orden mundial experimentaba un vuelco tectónico. La caída del Bloque Soviético prometía una Europa unida, pero la realidad inmediata desmoronó la utopía con las cruentas guerras que sucedieron en la ex Yugoeslavia.
El Ulises de 1995, interpretado por Harvey Keitel, se sitúa en este quiebre: el colapso de las fronteras balcánicas y el resurgimiento del horror nacionalista. Un contexto marcado por la pérdida de certezas ideológicas y el miedo al borrado de la memoria. Aquel trayecto a través de territorios destruidos en busca de rescatar las primeras imágenes cinematográficas de los Balcanes, refleja la urgencia de una sociedad que, tras el derrumbe de los discursos del siglo XX, necesitaba reconstruir su identidad cultural y rescatar sus raíces comunes antes de que fueran devoradas por la violencia y el olvido histórico.
Tres décadas más tarde, el entorno global presenta una fisonomía distinta, marcada por la fragmentación, el avance tecnológico y crisis planetarias. El Ulises de 2026, encarnado por Matt Damon, se inscribe en una sociedad afectada por el trauma colectivo, la desilusión institucional y el cuestionamiento ético del poder militar. Si el final del siglo XX se preocupaba por la destrucción física, el primer tercio del siglo XXI traslada la crisis hacia el interior del individuo y la rendición de cuentas moral.
En ambos casos, la evidencia de las secuelas del belicismo moderno, donde las victorias tecnológicas dejan profundas cicatrices físicas y psicológicas. El héroe ya no es tanto un faro de orgullo, como el testigo protagónico de una civilización con ansiedad existencial, que confronta su culpabilidad ética para reconstruir un tejido social sostenible.
En ambas épocas la alegoría del retorno representa los modos de procesar heridas y traumas colectivos. Mientras los años ‘90 obligaban a mirar al pasado y las ruinas para no perder el rumbo, el presente exige una mirada introspectiva hacia las responsabilidades humanas y la supervivencia espiritual. En ambos tránsitos, Ulises encarna a una humanidad que busca volver al hogar tras haber asistido a la destrucción de su propio mundo.
Así lo dice el Ulises de Nolan a su amada Penélope, tras su regreso a Ithaca:
"¿Y si el Odiseo que tú conocías se perdió? ¿Y si… una noche, en una ciudad extraña, vio cosas que le hicieron pensar que el hogar que él conocía ya no podía estar ahí de ninguna manera? ¿Y si… cuando salió del vientre del caballo y abrió las puertas de Troya, vio cómo diez años de furia se desbordaban en esa ciudad en una sola noche?
Les dejamos un regalo, una ofrenda de paz, que ellos se llevaron a su casa. Violamos todo lo que alguna vez fue sagrado entre la gente. Convertimos una pelea en una cacería.
Quemar las murallas de Troya era quemar el mundo entero. Incluyendo su hogar.
¿Y si él supiera, esa misma noche, mientras caminaba entre incendios, anarquía y dolor—y en una especie de aturdimiento de celebraciones sudorosas que vienen después—¿y si supiera exactamente lo que había hecho?
(...)Una idea de un hombre. Un truco de un hombre para romper para siempre la ley de Zeus. Vivíamos en un mundo de palacios y comercio, con idioma propio, ciegos ante su belleza, hasta que lo rompimos (...)
Romper la ley de Zeus, extendiéndose como plaga. Se está desmoronando nuestra era del bronce, y quizá él no pudo con la idea de ver las ruinas de lo que había hecho. En cualquier parte. Sobre todo, no en su hogar”.
El actor Matt Damon, en el papel de Ulises, durante el rodaje de la película 'La Odisea', de Christopher Nolan. Foto EFE/ Melinda Sue Gordon / Universal Pictures.
Todavia no hay comentarios aprobados.