Durante años, los ingenieros confiaron en que una simple junta de caucho podría resistir un siglo bajo el mar. Esa pieza, conocida como junta GINA, constituye la principal barrera que impide el ingreso de agua en los túneles submarinos. Sin embargo, nuevas investigaciones ponen en duda esa seguridad a largo plazo.
Un estudio realizado por la Universidad Shijiazhuang Tiedao, en China, analizó muestras extraídas del túnel de Yuliangzhou. Según Daily Galaxy, los resultados encendieron las alarmas: el caucho perdió el 67,66 % de su capacidad de sellado al estar sometido durante décadas a presión constante y al contacto con agua salada.
La investigación cuestiona los modelos previos, que solo consideraban el impacto del agua de mar. Esos cálculos estimaban que, después de 100 años, la junta mantendría una presión de sellado de 2,32 megapascales. Con el nuevo enfoque, que incorpora la compresión prolongada, la cifra cae a 1,51 megapascales, un 35 % menos.
Este dato resulta clave porque estas juntas funcionan como la última defensa frente al océano. Según Daily Galaxy, los túneles sumergidos se construyen con secciones prefabricadas que se ensamblan bajo el agua. Una vez instaladas, las juntas permanecen comprimidas entre estructuras de acero. Esa presión constante permite evitar filtraciones.
El problema es que esa misma presión acelera el deterioro. Los investigadores desarrollaron un dispositivo que simula las condiciones reales del túnel. Al combinar tensión mecánica y exposición al agua salada, el caucho mostró un desgaste más profundo y rápido que el previsto.
El hallazgo también revela una paradoja que puede confundir las inspecciones. Con el paso del tiempo, el material se vuelve más duro y denso. La dureza aumentó un 14,18 % y la densidad un 5,88 %. A simple vista, esto podría interpretarse como una mejora. Según Daily Galaxy, en realidad, el caucho pierde elasticidad, una propiedad esencial para mantener el sellado.
Un estudio realizado por la Universidad Shijiazhuang Tiedao, en China, analizó muestras extraídas del túnel de Yuliangzhou. Foto: YILONG CHEN.
A nivel interno, las cadenas moleculares del material se rompen. La estructura que permite recuperar la forma tras la compresión se debilita. Además, la temperatura a la que el caucho se endurece sube, lo que altera su comportamiento frente a cambios ambientales.
Etapas del deterioro
El deterioro no ocurre de forma uniforme. El estudio identifica tres etapas: una caída inicial rápida, seguida por un descenso gradual y luego una fase de estabilización. Los primeros cambios se detectaron en apenas 90 días durante pruebas aceleradas, lo que sugiere que el proceso comienza mucho antes de lo esperado.
Otro punto crítico se ubica en el borde inferior de la junta. Allí la presión es menor, lo que lo convierte en la zona más vulnerable. Si la separación entre las secciones del túnel supera los 4,7 centímetros, el riesgo de filtraciones aumenta.
A pesar de todo, los investigadores señalan que el sistema sigue siendo funcional. El umbral mínimo para evitar fugas se ubica en 0,61 megapascales, muy por debajo de los 1,51 proyectados tras un siglo. Sin embargo, el margen de seguridad se reduce más rápido de lo previsto.
Este escenario cambia el enfoque. Ya no se trata solo de diseñar estructuras para 100 años, sino de planificar revisiones periódicas. Los expertos recomiendan inspecciones más precisas, centradas en la capacidad real de sellado y no en la apariencia del material.
Según Daily Galaxy, el desafío ahora pasa por ajustar diseños, mejorar los compuestos de caucho y reforzar los controles antes de que el desgaste se convierta en un problema mayor.
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