La misión Artemis II de la NASA capturó la atención a nivel internacional. Tras sobrevolar la Luna durante diez días, la tripulación compuesta por tres astronautas estadounidenses, Reid Wiseman, Victor Glover y Christina Koch, y el canadiense Jeremy Hansen, regresó a la Tierra.
Quizás algunos piensen que los cuatro viajeros espaciales percibirán ganancias económicas por su servicio y aportes de conocimientos valiosos para la ciencia y para la humanidad; o tal vez alguna compensación por los riesgos que tomaron al dejar el planeta que habitamos y emprender un vuelo tripulado hacia la inmensidad del espacio.
Sin embargo, la revista Forbes derribó varios mitos al respecto, en un artículo que aclara cuál es el salario de los astronautas.
Los especialistas de misión Christina Koch y Jeremy Hansen, junto al comandante Reid Wiseman y el piloto Victor Glover. Foto: Reuters
Cuánto ganan los astronautas de Artemis II
A diferencia de las misiones Apollo, cuyo objetivo era alcanzar la superficie lunar en medio de la Guerra Fría y la intensa carrera espacial de Rusia y Estados Unidos, Artemis II se enmarca en otro tipo de límites presupuestarios y una postura diferente frente a los riesgos vitales calculados.
Su principal misión era validar sistemas, procedimientos y capacidades que les permita establecer una presencia sostenida en la órbita y superficie de la Luna en la próxima década.
In this image provided by NASA, the Artemis II crew photographed a bright portion of the Moon on April 6, 2026. (NASA via AP)
El valor de haber logrado las metas que se propusieron, es intangible para su trayectoria profesional y la vocación, pero en cuanto a los números la realidad es otra.
Tal como indica la prestigiosa publicación especializada en finanzas, los astronautas de Artemis II no tienen contratos millonarios ni reciben primas por riesgo.
Aunque se trata de profesionales calificados en un nivel extremo, tanto a nivel físico como en lo operativo, definidos por la disciplina, capacitaciones continuas y la visibilidad global de sus acciones, la compensación económica que perciben no se ajusta a la lógica del mercado, sino al servicio público.
La cápsula Orion de Artemis II tras el exitoso amerizaje en el Océano Pacífico. Foto: Reuters
Wiseman, Glover y Koch son empleados federales de la Administración Nacional de Aeronáutica y el Espacio (NASA). Por lo tanto, perciben un salario gubernamental, y la NASA, como agencia federal, opera bajo el criterio de "homogeneidad salarial".
Los astronautas están clasificados dentro del sistema federal estadounidense en los niveles GS-13 a GS-14, lo que les asigna sueldos anuales de entre 97.000 y 170.000 dólares, según la experiencia y el rango.
Esas cifras representan un salario mensual de entre 8.000 y 14.000 dólares. No hay adicional por peligrosidad, pago por horas extras ni compensaciones específicas por viajar al espacio profundo. En definitiva, no hay incentivos económicos ligados a la misión.
El valor de su trabajo no se mide por la espectacularidad de la misión, sino por las escalas administrativas previamente determinadas. Del mismo modo en que otros empleados federales que viajan por trabajo tienen cubierto el transporte, el alojamiento y las comidas, los astronautas cuentan con todos esos gastos cubiertos por la NASA.
Victor Glover y Christina Koch, sonrientes y enérgicos tras volver de la misión donde sobrevolaron la Luna. Foto: Reuters
Además de estos datos, un portavoz de la agencia espacial le confirmó a la revista Fortune que fuera de su salario lo único que reciben es una pequeña asignación diaria, de 5 dólares, para "gastos imprevistos".
En el caso del canadiense Hansen, su salario depende de la estructura pública de Canadá, pero Forbes asegura que la escala móvil es similar.
En una era donde el talento especializado suele estar mejor remunerado, los astronautas siguen siendo la excepción. El sector privado mide el éxito en rédito económico, pero la exploración espacial opera con otra lógica, donde el prestigio, el "hacer historia" y los avance científicos, también son un activo poderoso.
La nueva "economía espacial" y el récord de postulantes cada vez que surge una misión
El programa Artemis completo requirió de una inversión de 100.000 millones de dólares, y tan solo el costo del lanzamiento de esta misión se estima en 4.100 millones de dólares, monto que incluye los trajes especiales, el cohete SLS, la nave Orion y toda la logística.
Aunque el beneficio no es principalmente financiero, tal como menciona Adam Frank, un astrofísico que investiga nuestro lugar en el cosmos, autor de otro artículo de Forbes sobre Artemis II, hay otro tipo de valor en juego, que queda en evidencia en cada convocatoria.
Christina Koch caminó en la cubierta del barco USS John P. Murtha tras la extracción de la nave Orion. Foto: Reuters
En septiembre de 2025, la NASA seleccionó a tan solo 10 candidatos de entre más de 8.000 solicitantes, una tasa de aceptación del 0,125%, mucho más selectivo que universidades como Harvard o Stanford.
Frank destaca que existe un concepto que en 1969 era impensado: la comercialización del espacio. "Antes no existía una economía espacial, pero ahora, desde el lanzamiento de satélites hasta la observación de la Tierra, la economía espacial tiene un valor de más de 600 mil millones de dólares y se prevé que esta cifra supere 1.000.000.000 de dólares en una década", asegura el experto en el artículo publicado por Forbes en abril de 2026.
Además, Artemis II forma parte del objetivo declarado de la NASA de establecer una presencia permanente en la Luna. Ya está previsto que Artemis III pruebe componentes críticos para un alunizaje en órbita y que Artemis IV lleve de nuevo a los humanos al satélite natural de la Tierra para alcanzar un ritmo constante de lanzamientos que permitan comenzar la construcción de un asentamiento lunar permanente.
El lado oscuro de la Luna, fotografiado por Artemis II. Foto: NASA via AP
"Ante esta floreciente frontera económica, el programa Artemis no se centra únicamente en la exploración, sino en la infraestructura necesaria para que la humanidad se convierta en una verdadera especie capaz de viajar por el espacio", indica Frank.
Así como la navegación en océanos profundos no era una actividad regular para los humanos hace tan solo 1.000 años y en la actualidad las rutas transoceánicas se volvieron rutinarias, el autor bromea con que en menos de un siglo tal vez podremos enviar un mensaje que diga: "Cariño, iré en el tren de las 8:15 desde la Luna".
Los astronautas tras regresar a la Tierra, junto a la cápsula Orion. Foto: NASA.
Algo similar pasó con los aviones. En 1910, solo unas pocas personas habían volado en avión, pero cuatro generaciones después, volar a 8.000 kilómetros de altura por hora, a nadie le sorprende.
"Artemis II representó un pequeño pero significativo paso para impulsar el mismo cambio en el ámbito espacial. Dentro de cien años, es muy posible que tengamos asentamientos permanentes en la Luna, Marte y en órbita, seres humanos viviendo y trabajando en todo el sistema solar", proyecta Frank.
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