Entre la búsqueda de vuelos, la elección del hotel y la puesta a punto del itinerario, hay un detalle estratégico en la planificación de un viaje al que no siempre se le da demasiada importancia: la cobertura médica o asistencia al viajero.
Uno pasa días buscando el mejor aéreo, analizando traslados desde aeropuertos, horarios y tarifas; revisando reseñas de hoteles y organizando la agenda de cada día. Pero, en general, son muy pocos los que se detienen a consultar por el servicio de asistencia, ese respaldo “invisible” que nadie quiere tener que usar, pero que se vuelve indispensable cuando se cruza la frontera.
“Lo digo siempre: la asistencia al viajero se contrata para disfrutar a pleno un viaje. Para viajar liviano de la cabeza y del corazón. Porque cuando uno está lejos de casa también está más vulnerable: no conoce el idioma, la cultura, el sistema de salud ni a quién recurrir. Y entonces, algo que en su país sería menor puede crecer y arruinar el viaje. La asistencia está para que el viajero salga a vivir, a conocer, a descansar, y si pasa algo, que alguien se haga cargo y lo resuelva, desde un tema médico o un accidente, hasta problemas con el equipaje, documentos, vuelos, o incluso algo tan simple como perder los lentes”, dice Alexia Keglevich, al frente de Pax Assistance.
Es cierto que en los últimos años -y especialmente luego de la pandemia- los viajeros empezaron a ser más conscientes de la importancia de viajar con este servicio. En el segmento de adultos mayores de 50 años, señala Keglevich, esta consciencia es mayor. “No por miedo, sino por experiencia: ya viajaron y entendieron que nadie está exento de sorpresas”.
Basta con googlear “asistencia al viajero” para darse cuenta de que el mercado ofrece muchísimas empresas y también coberturas muy diferentes. Incluso, hay productos cada vez más específicos, diseñados según el tipo de viajero, el destino, las actividades a realizar en el destino y según también algunas condiciones particulares de cada viajero como ciertas enfermedades preexistentes.
“Cuando uno está de viaje se expone a diferentes actividades, comidas, cambios de clima y contar con asistencia es esencial”, arranca Diego Barón, CMO & Digital de Universal Assistance, una compañía que tiene una red global propia de prestadores y ofrece coberturas específicas para deportes, largas estadías, embarazadas, etc.
Los servicios de asistencia suelen cubrir salud, equipaje y cuestiones legales. Pero hay gran variedad de productos en el mercado Foto Shutterstock
¿Asistencia o seguro?
Uno cree que está hablando de lo mismo, pero no lo son. La asistencia está para cubrir los problemas de salud (además de equipaje y legales, entre otras cosas) que pueda tener la persona desde el momento en que llega a su destino, mientras que el seguro se ocupa una vez que todo pasó.
Así lo explica Keglevich: “La asistencia al viajero actúa durante el problema. Es un servicio en tiempo real: cuando pasa algo en el viaje, la central responde, orienta, coordina médicos, clínicas, traslados y soluciones prácticas e inmediatas. El seguro de viaje, en cambio, suele actuar después. Funciona más como un esquema de compensación económica. El viajero junta los comprobantes, hace el reclamo y, si corresponde según las condiciones de su contrato, recibe un reintegro o una indemnización. Pero en el momento en que tiene el problema debe resolverlo él mismo (buscar médicos, por ejemplo)”.
La importancia de asesorarse
Lo deseable sería prestar atención al tipo de asistencia que se compra, preguntar, asesorarse para entender qué tipo de servicio se está adquiriendo. No es lo mismo un viaje de negocios de 3 días, en los que se estará principalmente en un centro de convenciones, que una travesía más aventurera de dos semanas o un viaje para participar de una maratón.
“Hoy se ofrecen productos de hasta cinco millones de dólares de cobertura en caso de enfermedad o accidente. Si el cliente tiene una enfermedad preexistente, todos los productos lo incluyen y también tiene la posibilidad de ampliarlo”, dice Barón y agrega: “A mayor edad, hay más alta probabilidad de tener un problema en el viaje y necesitar una asistencia médica”.
La edad y las preexistencias son factores determinantes a tener en cuenta al elegir un producto. Foto Shutterstock
Similar es lo que comenta Sebastián Bras Harriott, Country Manager de Assist Card dice: “Todos nuestros productos incluyen preexistencias, pero además contamos con el Add On de Enfermedades Preexistentes, a través del cual el cliente puede ampliar el límite y estar más protegido”.
¿La recomendación? “Viajar con un producto que sea capaz de hacer frente a cualquier imprevisto”, dice Bras Harriott.
La edad es un factor para considerar ya que hay empresas que ponen límites o cambios fuertes en los costos y coberturas a partir de los 65 años, otras desde 75, y otras desde 85.
“Casi siempre hay opciones para todos, pero a medida que sube la edad, se achican los topes, aparecen más condiciones, o se encarecen los planes. Por eso, en +70 o +80 ya no alcanza con comprar cualquiera: hay que mirar fino y elegir con criterio”, señala Alexia.
Bras Harriott completa la idea: “Las personas que tienen una preexistencia y están bajo tratamiento tienen más posibilidades de duplicar la tasa de uso habitual del servicio. La incidencia de la edad y una enfermedad preexistente son dos factores muy importantes a la hora de elegir un producto”.
Es importante recalcar que viajar con una asistencia contratada va más allá de la edad. “El costo de no tener este servicio puede ser muy caro. El costo de la salud en el mundo es muy elevado. Y frente a un problema, la velocidad de resolución es fundamental”, finaliza Barón.
Claves para elegir
Entre las cuestiones a tener en cuenta al momento de elegir, no se trata solo de fijarse “cuánto cubre”, sino entender los montos que corresponden a cada categoría, quién está detrás de cada empresa, la trayectoria, la solvencia, la red de prestadores, el alcance geográfico de la cobertura y cómo responde cuando el viajero necesita usar el servicio.
Los planes se ven similares y por eso es importante entender qué se está comprando. Incluso algunos paquetes de viajes o determinadas tarjetas de crédito incluyen una cobertura, pero no siempre es la adecuada para la persona.
Alexia Keglevich detalla algunos puntos esenciales que hay que tener presentes.
- “Claridad total: qué cubre y para qué sirve. Con mi experiencia de tantos años, lo digo simple: lo más peligroso no es lo que no cubre; es lo que parece que cubre y después, no. Por eso, una buena asistencia explica todo de manera clara, con honestidad, y sin esconder letra chica en asteriscos”.
- Su segunda recomendación es la “evidencia real”. “Hoy la fuente más fidedigna son los reviews de Google. Ahí se ve la verdad (de una empresa o un productos): si responden rápido, si acompañan, si resuelven, si aparecen cuando la persona está mal. También se ve algo clave: cómo operan con reintegros; si son ágiles o si se vuelve una carrera de obstáculos”.
- En tercer lugar, la experta recomienda prestar atención a los detalles, por ejemplo, si el plan incluye compensación por equipaje extraviado o si hay que pagarlo aparte (a veces la cobertura de equipaje es, simplemente, ayuda en la localización); si los montos cubiertos son totales o por evento; si incluye repatriación sanitaria y cómo está contemplada; y acá un tema súper importante, el monto real adjudicado a la cobertura de enfermedades preexistentes.
“En resumen, una empresa de asistencia se elige por algo muy humano y concreto: que cuando un viajero pide ayuda, no le pongan obstáculos; le den respuesta, claridad y solución”, sintetiza.
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