Comprar una casa en España puede requerir cientos de miles de dólares. Jason Lee Beckwith, un empresario estadounidense, destinó una cifra similar a algo bastante diferente: adquirió un pueblo entero que llevaba décadas abandonado y ahora pretende devolverle la vida.
Se trata de Salto de Castro, en la provincia de Zamora, cerca de la frontera con Portugal. Beckwith pagó 310.000 euros, alrededor de US$ 363.000, por la localidad, formada por 44 viviendas, una iglesia, una escuela, un bar, una hospedería, antiguas instalaciones deportivas y un cuartel de la Guardia Civil.
La compra, sin embargo, representa apenas una parte de la inversión. Su plan contempla destinar entre US$ 4 millones y US$ 7 millones a la recuperación del lugar y convertirlo en un destino turístico capaz de atraer visitantes internacionales sin modificar su identidad.
Cómo un estadounidense terminó comprando un pueblo de España
Beckwith tiene experiencia en el sector turístico y llegó a administrar un alojamiento en California. Cuando buscaba un nuevo proyecto junto con su esposa, Ana Cristina Machado, encontró por Internet la oportunidad de adquirir Salto de Castro.
El empresario viajó solo a España para conocerlo y quedó convencido. “Me enamoré por completo del pueblo y de sus alrededores”, contó posteriormente. La decisión implicó vender su anterior negocio en California y comenzar a organizar su traslado a España.
Zamora, España, queda cerca de la frontera con Portugal. Wikipedia
Salto de Castro pertenece al municipio de Fonfría y se encuentra en un entorno de especial valor ambiental, junto al Parque Natural Arribes del Duero y dentro de la Reserva de la Biosfera Transfronteriza Meseta Ibérica.
Su intención, remarcó, no es reproducir allí el estilo de vida que dejó en Estados Unidos. “No me traigo California a Zamora, la dejo atrás y mi vida estará en España”, aseguró Beckwith.
Qué hará con las 44 casas, la iglesia y la escuela
El proyecto contempla recuperar buena parte de la infraestructura existente en lugar de construir una localidad completamente nueva.
Así luce la iglesia de Salto de Castro.
Una primera fase prevé desarrollar alojamientos, un restaurante, un centro de recepción, una piscina y áreas recreativas con espacios para picnic y parrillas. Algunas de las antiguas viviendas podrían destinarse a estadías prolongadas, mientras que otros edificios funcionarían como hotel o alojamiento turístico.
La iglesia también podría reconvertirse en un espacio para eventos comunitarios. Beckwith pretende atraer tanto a turistas como a familias y trabajadores remotos.
“Quiero ver a las familias allí, quiero ver nómadas digitales que ya no quieren trabajar en las ciudades y prefieren trabajar en un lugar de paz y tranquilidad”, explicó sobre el proyecto. También descartó que pretenda convertir Salto de Castro exclusivamente en un complejo de lujo.
El empresario estadounidense Jason Lee Beckwith paga 363 mil dólares por el pueblo fantasma. Wikipedia
Para financiar la restauración, busca inversores internacionales, subvenciones gubernamentales y fondos europeos.
Por qué Salto de Castro lleva décadas abandonado
El pueblo tiene una historia particular. Fue construido en 1946 por Iberduero, antecesora de Iberdrola, para alojar a los trabajadores involucrados en la construcción y operación de la cercana presa de Castro y a sus familias.
Durante décadas funcionó como una pequeña comunidad con viviendas y servicios propios. Pero los cambios en la explotación hidroeléctrica redujeron progresivamente la necesidad de mantener trabajadores residiendo allí.
Vista aérea de Salto de Castro, en España.
En 1989, tras el traslado de los últimos habitantes y del puesto de la Guardia Civil, Salto de Castro quedó definitivamente deshabitado. El paso del tiempo y el vandalismo deterioraron sus construcciones.
No es el primer intento de recuperarlo. Una familia lo adquirió a comienzos de los años 2000 con la intención de desarrollar un proyecto turístico, pero la crisis financiera de 2008 frustró esos planes. En 2022 volvió a cambiar de propietario por unos 300.000 euros y posteriormente regresó al mercado.
Beckwith espera ahora conseguir lo que sus antecesores no pudieron: que las casas vuelvan a ocuparse después de casi cuatro décadas. Su previsión es que los primeros visitantes puedan llegar entre finales de 2026 y comienzos de 2027, aunque el calendario dependerá de la financiación, los permisos y las obras de recuperación.
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