Un grupo de científicos encontró una conexión sorprendente entre aves marinas, ratas invasoras y diminutos peces de arrecife.

La investigación, liderada por especialistas de Lancaster University y la Universidad de Texas en Austin, analizó islas remotas del archipiélago de Chagos, en el océano Indico, para comparar arrecifes cercanos a islas con ratas invasoras y arrecifes junto a islas libres de ratas.

El papel invisible de las aves marinas

La clave está en los nutrientes. Las aves marinas se alimentan en mar abierto y luego regresan a las islas para descansar, anidar y criar. Sus excrementos, conocidos como guano, transportan nutrientes desde el océano hacia la tierra. Con la lluvia y el escurrimiento, parte de esos nutrientes vuelve al mar y fertiliza los arrecifes cercanos.

Pero cuando llegan ratas invasoras, el circuito se rompe. La Universidad de Texas explicó que las ratas, introducidas históricamente como polizones en barcos, comen huevos, polluelos e incluso aves adultas. En las islas sin ratas, la densidad de aves marinas es 760 veces mayor que en las islas invadidas.

Una vista aérea de Diego García, en el archipiélago de Chagos. Foto: AP

Ese cambio terrestre se refleja bajo el agua. Los investigadores estudiaron la cryptofauna, el conjunto de peces e invertebrados diminutos que viven en el fondo de los arrecifes y que suelen ser ignorados pese a su importancia en la transferencia de energía.

En arrecifes cercanos a islas sin ratas, dominaban pequeños peces criptobentónicos, como gobios y triplefins. Su biomasa era más de cinco veces mayor que la de pequeños invertebrados. En cambio, alrededor de islas con ratas, los científicos hallaron una mayor proporción de cangrejos de coral, cangrejos porcelana y camarones pistola, con una biomasa más equilibrada entre peces diminutos e invertebrados.

Una cadena alimentaria que toma otro camino

Laura-Li Jeannot, autora principal del trabajo, resumió el hallazgo con la siguiente frase: “Los impactos de la pérdida de nutrientes no son uniformes. Hay ganadores y perdedores”.

El resultado es importante porque esos peces pequeños son una presa clave. Simon Brandl, del Marine Science Institute de la Universidad de Texas, explicó que los peces criptobentónicos son una fuente “rica en nutrientes, llena de proteínas y altamente digerible” para los depredadores; en comparación, gran parte de la masa de muchos invertebrados está en caparazones duros y menos nutritivos.

En islas libres de ratas, las comunidades de peces de arrecife tenían 48% más biomasa total. Captura: Youtube National Geographic.

Un estudio publicado en 2018 en Nature ya había mostrado la magnitud del fenómeno: en islas libres de ratas, las comunidades de peces de arrecife tenían 48% más biomasa total, y funciones como pastoreo y bioerosión eran varias veces más altas.

En definitiva, las ratas no solo dañan nidos en tierra firme. Al expulsar aves marinas, cortan un flujo de nutrientes que llega hasta el arrecife y modifica qué especies prosperan. La lección ecológica es clara: proteger aves en islas remotas también puede ser una forma de proteger la vida submarina.