Pasar horas al volante, dormir lejos de casa, respetar tiempos estrictos de entrega y acostumbrarse a vivir buena parte de la semana dentro de un camión tiene consecuencias que no siempre aparecen cuando se habla de las condiciones laborales de los transportistas.
Ainoa Blasco conoce esa realidad desde dentro y cree que existe un aspecto especialmente olvidado: la salud psicológica de quienes trabajan en carretera.
La camionera habló de ello en una extensa conversación en el podcast y canal de YouTube Rutas de Éxito, donde fue entrevistada después de tres años trabajando en el transporte en España. El episodio fue presentado precisamente como una conversación con una mujer camionera sobre la realidad del sector.
Allí Ainoa puso palabras a un desgaste que terminó afectándola personalmente. “El factor psicológico es clave en este sector y no se le da importancia”, señaló.
El problema, explica, no es únicamente conducir muchas horas: se acumulan la soledad, los horarios, la responsabilidad de mover un vehículo de grandes dimensiones, la distancia respecto de la familia y la dificultad para construir rutinas fuera del trabajo.
En su caso, hubo un momento en el que esa presión se manifestó mientras conducía. Ainoa recordó que durante una crisis de ansiedad “se me nubló la vista” y tuvo que detener el camión porque no estaba en condiciones de seguir circulando. Con el tiempo, el cuadro dejó de limitarse a la carretera y empezó a acompañarla cuando ya había terminado la jornada.
Su testimonio también ayuda a comprender por qué la vocación no siempre protege frente al agotamiento.
La joven describió aquella etapa con otro textual muy sencillo: “Solo quería llorar”. Finalmente recibió ayuda y medicación, aunque ella misma entendió que necesitaba trabajar sobre las causas de lo que le estaba ocurriendo y no limitarse a continuar como si nada.
El desgaste que también queda fuera de la carretera
Su testimonio también ayuda a comprender por qué la vocación no siempre protege frente al agotamiento. Ainoa asegura que le gusta conducir y que eligió conscientemente esa profesión, pero insiste en que eso no elimina su dureza. En otras intervenciones surgidas de la misma conversación ha señalado las largas jornadas, los salarios y la conciliación como algunos de los grandes problemas del transporte.
Para las mujeres aparecen además dificultades específicas. Ainoa ha contado que existen áreas en las que resulta complicado asearse con seguridad y que todavía se encuentra con personas sorprendidas al verla conducir un camión. Aunque asegura haber tenido pocas situaciones abiertamente incómodas por ser mujer, reconoce que el sector continúa siendo mayoritariamente masculino.
Pero su argumento principal va más allá del género. Lo que reclama es que el bienestar mental forme parte de la conversación sobre las condiciones laborales de cualquier conductor profesional.
Hablar de seguridad vial suele significar hablar de neumáticos, tacógrafos, tiempos de descanso o mantenimiento del vehículo. La experiencia de Ainoa recuerda que también hay otra pieza en juego: la persona que está detrás del volante. Y que reconocer cuándo esa persona está llegando al límite puede ser tan importante como cualquier revisión mecánica.
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