"Los créditos hipotecarios son una prioridad, primero porque hacen a la justicia social; nada más justo que una persona que tiene trabajo tenga acceso a una vivienda y no tenga que esperar 30 o 40 años para poder comprarla", enfatizó el ministro de Economía Luis Caputo.
Es raro escuchar de boca del ministro de Economía de Javier Milei levantar esa bandera, una de las tres que enarbola el peronismo desde su creación. O los "kukas", cómo suele predicar el Presidente y el propio titular de Hacienda. El mandatario se ha cansado de aseverar que "la justicia social es una cuestión de ladrones". Y el principal responsable, es el Estado.
Le decisión del Gobierno de otorgar créditos es una excelente medida para paliar la falta de vivienda que, según el censo del 2022, padecen casi 8 millones de personas en el país. En este caso, aunque los favorecidos serán unos 17 u 18 mil, la tasa anual es más que accesible ya que será de hasta 7,5%+ UVA y con plazos de 15 o 25 años.
Claro que está lejos de ser un recurso para reactivar la Construcción, porque implica la compra de inmuebles usados, lo que no alimenta la cadena que comprende a distintos sectores.
El anuncio de Caputo es una acción de profundo simbolismo porque no genera ningún aporte a la macroeconomía que -con razón- tanto reivindica la Casa Rosada. Tampoco a la vapuleada microeconomía, por tratarse de un universo muy pequeño.
En cambio cierra por un instante los manuales libertarios para hacerle lugar a un poco de keynesianismo, al utilizar recursos del Estado para darle algo de estímulo a la demanda; el Fondo de Garantía de Sustentabilidad, que maneja Anses, se utiliza como un reaseguro financiero para proteger el sistema previsional, el dinero de los jubilados.
El ministro Luis Caputo. Foto: Maxi Failla
No es casual el momento elegido para su lanzamiento. El debate público ha sido ganado por la problemática del endeudamiento y la morosidad con niveles históricos durante la actual gestión. Desde el Gobierno afirman que hay crédito como nunca antes, otros apuntan que los bancos y las billeteras prestaron a tasas exorbitantes y de manera irresponsable, y los más duros señalan que la mala situación económica de un importante segmento de la sociedad provoca que la gente saque un préstamo porque no llega a fin de mes. Todas parecen ser justificaciones válidas.
Aunque el mismo día Caputo debe lidiar con otras argumentaciones, en su propio espacio, que no ayudan al nuevo relato que marca las bondades de la justicia social. Como las del diputado Alberto Benegas Lynch, que aseguró que parte de la morosidad se debe a "el tipo que compró la televisión para el Mundial y ahora (como) Argentina no salió campeón, entonces no quiere pagar la deuda".
El Gobierno parece no comprender aún la lógica de la comunicación política. Gana adhesiones al incentivar los créditos hipotecarios, aunque no sean muchos los ciudadanos que puedan justificar ingresos de 3,6 millones de pesos en blanco, pero pierde adeptos al confrontar con los endeudados, más allá de las razones que los llevaron a esa instancia. Invariablemente, el saldo va a ser negativo porque los morosos son más de cinco millones.
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