¿Cuántas veces alguien acepta un compromiso que no quiere asumir, evita decir "no" o se queda pensando durante horas si un comentario pudo haber molestado a otra persona? Para la psicoterapeuta estadounidense Meg Josephson, estas conductas tienen un origen mucho más profundo que la simple inseguridad.

Según explica, la necesidad constante de aprobación de los demás, suele ser un mecanismo de supervivencia aprendido durante la infancia, especialmente en quienes crecieron en ambientes conflictivos o impredecibles.

Josephson, especialista en trauma y autora del libro ¿Te pasa algo conmigo?, sostiene que muchas personas aprendieron desde pequeñas que ser obedientes, agradables o incluso perfectas era la mejor estrategia para sentirse seguras. En ese contexto, complacer a los demás no era una elección, sino una forma de evitar conflictos o conseguir aceptación.

Meg Josephson, psicoterapeuta especialista en trauma, afirma que complacer a los demás no era una elección, sino una forma de evitar conflictos o conseguir aceptación. Foto: IA

A ese aprendizaje familiar se suma la presión social, particularmente sobre las mujeres, que durante años fueron educadas para priorizar las necesidades ajenas antes que las propias.

La experta advierte que ese patrón suele mantenerse en la vida adulta casi de manera automática. Muchas personas organizan sus decisiones en función de lo que creen que esperan los demás, incluso cuando eso implica renunciar a sus propios deseos. El problema, señala, es que con el tiempo esa conducta termina desgastando la identidad personal y generando altos niveles de estrés y culpa.

Uno de los conceptos que más desarrolla Josephson es la diferencia entre la auténtica amabilidad y la complacencia. Mientras la primera nace de actuar de manera coherente con los propios valores y emociones, la segunda aparece cuando el miedo al rechazo lleva a hacer cosas que en realidad no se desean.

La diferencia entre ser amable y vivir complaciendo

La especialista explica que muchas personas dicen "no pasa nada" cuando, en realidad, sienten enojo, frustración o resentimiento. Esa desconexión entre lo que se experimenta y lo que se expresa es una de las principales señales de que la conducta está motivada por el temor y no por una decisión libre.

Para comenzar a modificar ese patrón, propone un ejercicio sencillo: antes de reaccionar ante una situación que genera ansiedad, conviene detenerse unos minutos e identificar qué emoción apareció y qué la desencadenó. En lugar de buscar inmediatamente la validación de otra persona, recomienda preguntarse qué necesidad propia está quedando insatisfecha.

Josephson también sostiene que vivir intentando satisfacer constantemente las expectativas ajenas no solo afecta el bienestar emocional, sino que puede tener consecuencias físicas.

El impacto del estrés en el cuerpo

Según explica, reprimir emociones como la rabia o la frustración favorece la aparición de tensión muscular, dolores de cabeza, alteraciones hormonales y distintos síntomas psicosomáticos porque esas emociones no desaparecen: permanecen almacenadas en el organismo.

La especialista agrega que el cuerpo puede acostumbrarse al estrés cuando este estuvo presente durante muchos años. En esos casos, las personas terminan sintiendo como "normal" vivir bajo presión e incluso buscan, sin darse cuenta, relaciones o ambientes que reproduzcan ese estado.

Además, explica que el cortisol, la hormona del estrés, resulta útil en situaciones puntuales, pero cuando permanece elevado durante largos períodos puede perjudicar la salud.

Cómo dejar de vivir pendiente de la mirada ajena

Para romper ese círculo propone técnicas de regulación física antes que intelectual. Entre ellas destaca ejercicios de respiración, caminar en silencio, mover el cuerpo y reducir la sobreestimulación, estrategias que ayudan al sistema nervioso a recuperar la sensación de seguridad.

Josephson considera que el cambio comienza al reconocer la existencia de esa necesidad de aprobación. También recomienda tomar distancia de la voz crítica interior, imaginándola como si perteneciera a otro personaje. Esa separación permite observar los pensamientos sin asumir que representan necesariamente la realidad.

Meg Josephson, psicoterapeuta, recomienda tomar distancia de la voz crítica interior, imaginándola como si perteneciera a otro personaje. Foto: IA

Otro aspecto clave consiste en aprender a afrontar los conflictos. Muchas personas, explica, evitan cualquier desacuerdo porque durante la infancia asociaron las discusiones con el abandono o la pérdida del afecto. Sin embargo, mantener conversaciones difíciles dentro de relaciones saludables permite comprobar que una diferencia de opiniones no implica necesariamente el final del vínculo.

Finalmente, la psicoterapeuta sostiene que aprender a decir "no" suele despertar culpa al principio, pero aclara que esa incomodidad forma parte del proceso de cambio. Por eso aconseja comenzar poniendo pequeños límites con personas de confianza y aceptar que sentirse incómodo no significa estar actuando mal.