Dima decidió pintar lo que no tiene: una casa, como ella la sueña. Malek eligió recordar su escuela, perdida en los bombardeos de la guerra: grande, con muchas ventanas y marcos azules. Hamad casi hizo llorar a todos cuando dibujó los escombros de su casa destruida y su juguete, que fue a buscar entre las ruinas.

Nadia, que perdió a su papá y a su mamá, dibujó una carpita para ella. Mirah lo mostró feliz: "Este es mi osito", redondito, sonriente. Y, sin perder la esperanza, Mahmoud, con sus 3 añitos, eligió dibujar un corazón y una flor colorada.

Mahmoud, con sus 3 añitos, eligió dibujar un corazón y una flor colorada.

El número 20 dibujó un cielo rectangular, vacío de cometas. Israel no deja usarlos porque Hamas puede utilizarlos con explosivos.

La realidad de los niños en Gaza

Son 40 de los 40.000 niños huérfanos de la guerra en Gaza. Viven con el doctor Imad, un médico pediatra que se ocupa de ellos y ha organizado actividades para contenerlos, tratar su salud, su tristeza y su soledad.

NIños huerfanos en Gaza dibujan la guerra.

No tienen casas, sino carpas, cansadas del invierno en la Franja, sin demasiada ropa y sin juguetes. Han organizado un colegio en ese campamento, donde viven más de 3.000 personas, para que puedan continuar su educación en un territorio donde es difícil y peligroso desplazarse.

Cuando los amigos en el mundo del doctor Imad —que estudió medicina en Bolivia y se especializó en la Universidad de Chuquisaca en pediatría— donan, es una fiesta de comida rica, ropa nueva, fibras y regalos para todos, y sueños, que los niños retribuyen con sus dibujos.

Un mar con corazones, uno de los dibujos.

El jueves fue uno de esos días. Por videollamada, unos y otros se encuentran, se conocen, mientras Imad traduce, cuenta las historias de cada uno y ellos envían besos al aire.

El trauma en los dibujos

En los dibujos de esos niños —sin papá o mamá o abuelos o tíos, sin nadie—, se reflejaba el trauma de la guerra, sus emociones, su determinación y sus carencias. Pintan el agua, cómo va llegando hasta las carpas en tarros azules; o las abuelas buscando ayudas humanitarias; o las carpas deshilachadas que necesitan reposición o sus juguetes, el regreso a esas ruinas para encontrarlos porque es lo que les quedó de sus vidas.

Otros pintan un ataque con el avión en el cielo: sus familias heridas en la arena, una ambulancia que llega. O un avión que sobrevuela entre dos palmeras; también dos tanques y soldados armados; una chiquita herida, en el piso.

Una olla popular.

Varios reflejan su huida de sus casas, cuando se iniciaron los ataques y ellos solo podían escapar a pie, a lo largo de un convoy, cargados de colchones, cacerolas y tirados por un burro; o, los menos, en un auto o un camión cargado de vecinos y cosas. Ese es el recuerdo de Ezan. O la bandera de Palestina y una frase: "Hay que esperar que termine".

La falta de comida está pintada en dos pasos: una familia comiendo junta y una mesa larga, con toda la familia y nada en los platos.

El peluche entre escombros.

Sara, con sus 12 años, es quien organiza a todos. Es la mamá de los que la perdieron. Trata de poner orden.

Los ocho donantes reunidos por Zoom debían elegir siete dibujos, aunque no había ganadores. Todos recibirían un regalo en ese caos de risas, papeles, memoria, ternura, desorden e infinita pobreza.

Uno de los dibujos.

Ileana Masetti, neuropsicóloga en París, los interpretó: "Son muy lindos los dibujos y muy importante que los hagan. Es una manera de expresar lo que están viviendo. Sobre todo, es importante que dibujen los que tienen dificultades para expresarse verbalmente".

Los diseños mostraban la soledad, la desolación, el desamparo, el hambre, el miedo, los ataques, los aviones, las pérdidas, la orfandad y la destrucción. Y la sonrisa de creer que, por un rato, la normalidad regresa o su vida volverá a ser como antes.

Los diseños mostraban la soledad, la desolación, el desamparo, el hambre.