Ante todo, dejamos constancia de nuestra coincidencia con los objetivos del gobierno, libertad económica, capitalismo, y alineamiento con Occidente. Pero la coincidencia llega hasta allí. Tenemos una profunda disidencia con las medidas elegidas para llegar a esos objetivos y tememos que su fracaso lleve, una vez más al desprestigio del liberalismo.

¿La inflación de nuestro país es tan inexpugnable como la muralla china? Nuestro Gobierno sostiene que ha bajado la inflación y dice que continuará bajándola rápidamente, hasta que el número mensual empiece con cero. No somos tan optimistas.

Por ahora la inflación permanece en niveles muy altos si se la compara internacionalmente. En efecto, la baja de la inflación se ha obtenido mediante subterfugios y maniobras efímeras, con las cuáles se ha obtenido el equilibrio fiscal y la disminución de la inflación:

  • Licuación de jubilaciones y salarios privados - Paralización casi total de la obra pública, eliminando la inversión en crecimiento y/o mantenimiento de la infraestructura económica y social - Reducción de transferencias a provincias - Postergación o falta de pago de obligaciones de suministros y obras ejecutadas – Licuación indiscriminada de salarios públicos.

  • Se ha permitido la importación indiscriminada de bienes de economías que tienen costos tributarios y laborales muy inferiores a los nuestros, o que directamente están haciendo dumping, sin que interese la destrucción de empresas argentinas y puestos de trabajo.

  • Además, se ha utilizado ¡una vez más! El “ancla cambiaria”, obviando que el dólar inferior a la inflación favorece la importación y perjudica la exportación, con las consecuencias futuras que siempre ha tenido esta práctica.

  1. El colmo simbólico es la utilización del Fondo Fiduciario Sisvial, cuyo destino es el mantenimiento y construcción de caminos para comprar bonos y contribuir a la exhibición del equilibrio fiscal. Por supuesto que esta enumeración no es completa.

Todo esto tiene altísimos costos actuales y futuros que se van a expresar como graves dificultades para producir y comerciar y que profundizarán más las dificultades actuales. Un ejemplo: ¿Con qué fondos se va a reconstruir la red vial de 43.000 km?

Creemos que el catálogo de maniobras para bajar la inflación se terminó y que Argentina se estabilizará en su inflación “normal”, entre el 20% y el 30%.

Por otra parte, todas estas prácticas erróneas operan como un espiral descendente; disminuyen las ventas de las empresas, lo cual baja los precios, pero esa baja no se puede aprovechar, porque la caída de ventas implica la caída de la demanda de empleo, con lo cual cae el salario y su poder de compra, cae la recaudación fiscal y así sucesivamente en un ciclo negativo, que sólo tiene fin con el cansancio social que se expresa en las urnas o fuera de ellas, como lamentablemente indica la experiencia.

Creemos que existe un error de diagnóstico sobre la causa de la inflación de nuestro país. Si bien es cierto que la causa inmediata de la inflación, es la emisión sistemática de dinero sin respaldo, esa emisión es la respuesta a la falta de crecimiento de la economía, y a la caída consecuente de demanda de trabajo, determinada por la falta de inversión, que han generado los sucesivos populismos que en el pasado han sido Gobierno.

Para ilustrar lo que hemos dicho con números reales, el PBI desde el año 2012 hasta 2025 se ha comportado con la siguiente serie:

-1,0 + 2,4 - 2,5 + 2,7 - 2,1 + 2,8 - 2,6 - 2,0 - 9,9 + 10,7 + 5,0 - 1,6 - 1,3 + 4,4; lo cual resulta en un crecimiento acumulado compuesto de 3,55 % para los 14 años, o sea 0,25 % anual.

La enfermedad no está en la emisión, ésta es sólo un mensajero de la falta de inversión.

Tiempo récord para el equilibrio fiscal.

El Gobierno destaca que el equilibrio fiscal se ha obtenido en tiempo récord, lo cual es cierto comparando con otras economías que padecieron inflaciones similares. Sin embargo, lo que se exhibe como récord y como éxito es un gravísimo error, que amenaza con frustrar el propósito de bajar la inflación a niveles internacionales.

Hemos afrontado la baja de la inflación con la violencia de una guerra, en vez de usar la inteligencia que requiere un proceso.

En efecto, los procesos antinflacionarios de otros países llevaron mucho tiempo, entre siete y ocho años, porque para ser efectivos, el equilibrio fiscal se obtuvo paulatinamente. Fueron procesos sacrificados, pero el sacrificio al durar mucho más tiempo, fue mucho menos intenso que el nuestro y mucho más soportable para la sociedad. La demanda cayó pero mucho menos que la nuestra, tampoco hubo necesidad de destruir la industria y el comercio existente, ni el stock de infraestructura.

Durante esos largos años en que se producía el ajuste, se dispusieron incentivos principalmente tributarios a las nuevas inversiones, que tuvieron tres efectos positivos principales: el crecimiento de la actividad económica, el aumento de la demanda de empleo y el aumento la recaudación tributaria.

De modo que la sociedad sentía por un lado la presión de la baja de sus ingresos, pero simultáneamente veía el aumento de la inversión y del empleo.

Desde el inicio el gobierno actual debió acompañar las medidas de ajuste, por incentivos a las nuevas inversiones no circunscriptos a inversiones mayores que doscientos millones de dólares, como el Rigi, sino a inversiones mucho menores, compatibles con el agro, la industria y el comercio, que además no están incluidos en el Rigi.

Nuestro Gobierno debiera realizar una modificación radical del proceso que estamos viviendo, incentivando toda la inversión de cualquier actividad económica y disminuyendo la intensidad del ajuste haciéndolo más paulatino, de modo que la carga sea soportable y que no caigan el salario y la demanda tan abruptamente como han caído.

El riesgo de fracaso del programa está cerca, más allá de las proclamas oficiales, y el riesgo del regreso al populismo que destruyó Argentina también.