“Independientemente de cómo se viaje y de los atajos que se tomen -dijo, en 1966, el escritor de la célebre novela En el camino, Jack Kerouac-, uno siempre termina aprendiendo algo”.

Sesenta años después, la ciencia respalda esa frase con evidencia: un reciente estudio publicado por un grupo de científicos iraníes comprobó que viajar genera beneficios no solo en la función cognitiva, sino también en la actividad diaria y en la vitalidad de las personas.

“Los resultados de los estudios cuantitativos mostraron que el turismo mejoró la salud física sobre todo de las personas mayores (...) Además, las puntuaciones de calidad de vida y bienestar de las personas mayores que participaron en actividades turísticas fueron significativamente más altas en comparación con las que no lo hicieron. Las experiencias turísticas para las personas mayores se asociaron a menudo con una mayor satisfacción con la vida, una sensación de paz y un propósito en la vida”, señala la publicación titulada El papel del turismo en la mejora de los ámbitos de la salud de las personas mayores: una revisión exploratoria.

Alicia Burnowicz (Foto Instagram @ali_burno)

Alicia Burnowicz no es una turista corriente: a los 67 años, recorre el país arriba de una motocicleta.

“Acabo de llegar de viaje -cuenta desde su casa en Bariloche, donde vive-, estuve por el Norte, por Catamarca visitando amigos, y llegué hasta Jujuy. Quería cruzar al desierto de Atacama, pero no pude porque cerraron la frontera por una tormenta de nieve. Igual la pasé genial”.

Desde que se jubiló, a los 59, pasa más tiempo en la ruta que en su casa. Y agradece haberse convertido en motoquera después de los 60.

Alicia Burnowicz (Foto Instagram @ali_burno)

“Yo a los 20 me creía inmortal. Hubiese sido un peligro con la moto. Me llegó a esta edad porque entiendo que viajando sola hay lugares donde no debo meterme”, dice.

Antes de convertirse en una aventurera, Alicia vivía en Buenos Aires: era óptica. Se dedicaba a la contactología hasta que se mudó a Bariloche y, cuando se jubiló, se fue de viaje a México.

Entusiasmada por recorrer aquel paisaje caribeño lleno de cavernas submarinas de la isla de Cozumel, se alquiló una moto. Sería el puntapié de una pasión: “Nunca antes había andado en moto. Dije: ´Qué copado que es esto´”.

Todos los caminos

Carlos Novarese tampoco es un viajero usual: con 84 años, recorrió el Camino de Santiago unas 12 veces.

“Hice caminos cortitos, de 150 kilómetros, y otros largos de 900”, dice desde su casa, en Carlos Paz.

Librero de profesión, cuando cumplió 60 empezó a viajar por el mundo -recorrió 32 países, caminó por Islandia, Noruega, Tailandia, Marruecos-, pero ninguno de esos viajes se asemejó a lo que sintió cuando hizo el Camino de Santiago de Compostela.

“Todos los países me maravillaron, pero en el camino de Santiago lo que me impresionó fue la unión que hay entre todos los caminantes. Tenía 69 años. Nunca me decidía a hacerlo. Hasta que un día iba en dirección a mi negocio, me adelanto a dos mujeres y escucho que una le dice a otra: ´No sueñes tu vida, vive tus sueños´. Y eso me llegó. Me acerqué al negocio y le dije a mi hija: ´Sacame un pasaje para Madrid que me voy a hacer el Camino de Santiago´”.

El 17 de mayo de 2011, partió hacia Madrid. Cuando terminó su travesía, se sintió otra persona. “Desde ese momento empecé a ver la vida de otra manera, vivo más plácidamente, trato mejor a las personas, me siento feliz de hacerlo y, bueno, me ha mejorado notablemente. Por eso, lo quiero hacer todos los años para mantenerme”.

Para Mónica Romero, una apasionada de la bicicleta de 64 años, pedalear fue como un despertar: cuando recién había cumplido los 50, estaba haciendo trekking y sintió que necesitaba “más piernas”.

Mónica Romero.

No la entusiasmaba la idea de ir a un gimnasio, asíque se le ocurrió comprar una bicicleta de montaña.

“El primer día que salí hice 36 kilómetros y cuando llegué a casa no sentía cansancio ni nada. Ahí fue cuando se me prendió la lamparita e hice unas cuentas, y dije: 36 kilómetros en un día sin entrenamiento, ¡guau! Podría salir a recorrer el país”.

Los kilómetros se multiplicaron pronto: de un día para el otro, pasó a hacer 60 kilómetros al día, 80, 100, y de ahí saltó a grandes viajes en grupo: se fue a recorrer las costas de Uruguay, el cruce de los Andes.

Mónica Romero.

“A partir de ese despertar y de esos viajes cortos y también un poco de cansancio de compartir con mucha mucha gente los viajes, decidí que podía viajar sola”, recuerda.

Su primer viaje fue, al igual que Carlos, por el camino de Santiago de Compostela en España. “Recomiendo mucho el camino de Santiago de Compostela, porque uno llega y está todo preparado, no se requiere de mucha logística. El camino es preciosísimo, es como internarse en la Edad Media”.

“Sí, es hermoso, pero para los que deciden hacerlos caminando como yo, y no en bicicleta, antes de ir les diría que compren buenas zapatillas”, dice Carlos Novarese sobre cómo iniciarse.

“La remera, el pantalón, puede ser cualquiera, pero usted camina con los pies, caballero, y necesita buenas zapatillas. Y que lleguen domadas. Úselas antes. Es lo que le va a salvar a usted el camino, y va a evitar que le salgan ampollas, laceraciones, que le dificulten, o que tenga que abandonar. El otro consejo, camine lento. Cuando sale de un lugar, camine lento. Identificamos siempre a los primerizos, porque salen acelerados. No, es un paseo. Después, al final, casi sin darse cuenta, usted va a ir aumentando el ritmo”, agrega.

Hacia rutas salvajes

Cuando Alicia Burnowicsz regresó de México, se compró una moto Honda.

“Me iba a la costanera, a pasear por Bariloche, y por ahí me cruzaba con esos motoqueros que tenían unas motos pesadas, que viajaban por la ruta 40, se iban a Ushuaia, y decía ´¡qué lindo!´ Yo no entendía nada de motos, pero decía ´quiero hacer eso, quiero viajar en moto´”.

Sus hijos, pusieron el grito en el cielo. Su hijo mayor, médico, le decía: “Si te matás, tratá de matarte en Argentina”. Ella siguió tras su sueño: obsesionada con la idea de hacer viajes más largos, se unió a grupos de Facebook de motoqueros.

Eran todos hombres, prácticamente las mujeres no usaban moto. A mí me vino fantástico para empezar a aprender un montón de cosas, de mecánica y de manejo”.

Entonces, decidió cambiar su moto por otra, que le permitiera ir más rápido: de 80 kilómetros por hora, pasó al doble de velocidad. “El 8 de febrero del 2019, me entregan mi moto y me voy así de una a San Martín de los Andes a almorzar, 400 kilómetros. Fue como tocar el cielo con las manos”.

Esa moto, a la que equipó con alforjas, protecciones, luces auxiliares y un puerto USB, la llevaría a Esquel, Ushuaia, Trevelin, San Juan, Catamarca, Mendoza. Y después, llegaría a destinos más alejados: Chile, Brasil, Uruguay, Perú.

Mónica Romero, al principio, viajaba con su bicicleta tres meses y tres meses estaba en su casa, para estar con su marido y sus cuatro hijos. De a poco, sus hijos fueron creciendo -ahora tienen entre 2 y 40 años- y también sus ganas de viajar: comenzó a aumentar los tiempos de permanencia fuera del hogar familiar.

Carlos Novarese.

“Me casé muy joven, a los 24 años tenía tres hijos y es por eso que no tuve tiempo ni de pensar en objetivos personales. Pero cuando ya ellos estuvieron crecidos, decidí que era mi momento de realizarme y recordé que mi sueño desde muy pequeña era viajar”. Arriba de su bicicleta, Mónica recorrió Medio Oriente: India y Nepal. “India es una locura y hacerlo en bicicleta entre millones y millones de motocicletas es tremendo. Fui aprendiendo el tránsito y nunca, nunca, a pesar de haber estado 145 días pedaleando, un auto o una moto me rozó. Fue algo muy mágico”.

Hoy, viaja con una bicicleta de montaña de una marca norteamericana, que está preparada para viajar: tiene un asiento inglés de cuero, que tiene las mismas propiedades que una montura de caballo y se moldea con el calor y la transpiración del cuerpo, un manubrio especial, alforjas.

“En estos últimos años, y debido a algunas cuestiones de salud,de mi tiroides, que no regula la temperatura y soy extremadamente friolenta, decidí venirme a vivir a Brasil -señala-. Y estoy mochileando por la costa de Brasil, viviendo un tiempo en cada lugar, encontrando algún trabajo. Soy jubilada y no necesito mucho trabajar, o sea, es solo para mejorar mi nivel de vida, pero también puedo vivir sin trabajar. A veces busco algunos voluntariados, porque eso también me hace encontrar amigos muy rápido”.

Para viajar en bicicleta, Mónica recomienda: “Comiencen a viajar a pueblos cercanos, ida y vuelta, para vencer un poco los miedos. Piensen si el miedo que tienen es un miedo real, o es un miedo imaginario. ¿Están fantaseando con algo que va a suceder, o realmente el peligro está ahí y hay que resolverlo?”.

El mejor consejo de viajera experimentada que puede dar Alicia Burnowicsz es: “Tenés que llegar al piso. Eso es lo más importante para empezar a andar en moto. Porque si no llegás bien al piso, la moto es pesada y te pasa algo, te asustás y después no se querés subir más. Y te perdés el placer que significa aprender y crecer arriba de una moto de a poco”.

Alicia cree que el miedo es lo que hace que no mucha gente se anime a andar en moto con la edad. “Si te da miedo, no viajes sola. Yo porque elegí viajar sola. Pero a veces no viajo sola. Los viajes internacionales los hice todos en grupo, pero haciendo eso me di cuenta que mi forma de viajar ideal es sola. Yo me paro en la banquina y saco fotos, que me encanta, o si tengo ganas me como unos frutos secos. Manejo mis tiempos. Cuando vas en grupo, no podés parar cuando querés. Pero ahora tengo muchas ganas de volver a Perú y son viajes que no haría sola ahora”.

Y, por otro lado, recomienda viajar en temporada baja, donde todo es todo más barato, y la ruta menos peligrosa.

“Todo Camino de Santiago que se elija hacer tiene algo bueno y algo malo -dice Carlos Novarese-. Etapas duras, como cruzar los Pirineos, donde se sube desde los veinte metros sobre el nivel del mar hasta los 1450 metros para cruzar hacia España. O por el camino francés, que cuando lo hice, me llevé todo preparado, un equipo para resistir los 15 grados bajo cero, capuchas, de todo, pero lo único que no tuve en cuenta es que había que respirar. Y arriba había nieve, caminar era un poco dificultoso y había unos 15 grados bajo cero, en algunos lugares un poco más abajo 10, pero era durísimo. Fue la etapa que más me costó hacer. Cuando regresé a Argentina,me enteré que ese día que yo había cruzado, solo fuimos seis personas las que lo hicimos. Había sido el día más frío del año. Uno de esos seis era un viejo. Yo”.

Estos viajeros extremos no piensan renunciar a su sueño. Con 64, 67 y 84 años, siguen apostando a nuevos desafíos.

Carlos Novarese, que hizo el Camino de Santiago por última vez en 2024 con toda su familia, planea regresar el año que viene. “Este año pensaba hacerlo, pero tuve que desistir por el calor impresionante que está haciendo en Europa. Por lo pronto sigo caminando, sigo caminando todos los días, de 6 a 8 kilómetros, para prepararme para el año que viene. Pienso seguir caminando todo lo que mi cuerpo aguante”.

Alicia Burnowicz quiere cambiar la moto para seguir de viaje. “Quiero algo más chico porque con la edad, por más que estés activo, vas perdiendo fuerza. Yo quiero algo más liviano. Porque la moto que tengo ahora, si se me cae, sola no la puedo levantar, de hecho me pasó hace poco. Hay que ser prudente. Todo viaje tenés momentos malos, regulares, buenos y excelentes. El tema es cómo vas catalizando todo eso que te pasa. Yo quiero seguir teniendo momentos de euforia y emoción, de ponerme a gritar en el casco y sentirme la mujer más dichosa del mundo”.

Para más consejos de viaje, visitar el blog de Mónica Romero: mononaromero.wordpress.com y las redes de Alicia Burnowicz: @ali_burno