Hace casi diez años, la editora española Magda Anglès y el librero Francisco Llorca se propusieron explorar los márgenes de la literatura, esas obras que circulan por los bordes, en ocasiones sin llegar siquiera a las mesas de novedades de las librerías. Allí fue que encontraron (y tradujeron) a la francesa Violaine Bérot, a Federico Falco con Cielos de Córdoba; a Jane Lazarre con El nudo materno; también Madre soltera, de Marina Yuszczuk; Tengo miedo torero, de Pedro Lemebel, que era inhallable desde hacía años; Un viaje a Salto, de Circe Maia... y mucho más, que hoy forma parte del catálogo de Las Afueras: "Nos gusta pensar que los libros dialogan entre ellos y que forman una constelación", resume él.

Magda Anglès y Francisco Llorca, editores de Las Afueras. Foto: Federico Lopez Claro.

Si Las Afueras tiene una genealogía editorial, en ella se encuentran dos sellos: Libros del Asteroide y Periférica. Son los Anglès y Llorca, de visita en Buenos Aires, quienes explican ese vínculo. "Mi primer trabajo, que sería como decir "la mili", lo hice en Libros del Asteroide y gracias a todo el equipo de esa editorial y a Luis Solano, su director, aprendí el oficio", explica él.

Antes de esa experiencia, él había sido parte de otro espacio relevante de la vida cultural madrileña: la librería Tipos Infames, que cerró un par de meses atrás, dejando una estela de lectores construida por Llorca junto a sus amigos Alfonso Tordesillas y Gonzalo Queipo: "Fui librero muchos años, de hecho me considero muchas veces más librero que editor, o una suerte de capitán de barco sin barco, o un librero sin librería", dice Llorca. Porque editar tal vez no sea tan distinto de vender: "Creo que hacemos el mismo trabajo desde un lado y del otro, que es contagiar el entusiasmo por los libros".

Por su parte, Magda Anglès trabajó en la edición de catálogos, libros de arte y de artistas en vínculo con Julián Rodríguez y Paca Flores, de Periférica. Esa experiencia le dejó mucha experiencia en ese territorio desafiante que es la maquetación y el diseño de una colección. Con Llorca, entonces, además de formar una familia, pusieron en sintonía esos recorridos, "y muchas lecturas compartidas. De amigos y conocidos nos llegaban libros y manuscritos que nos animaron a plantearnos la posibilidad de publicar esas cosas que no estaban accesibles al público", recuerda ahora ella.

Y agrega: "Siempre con esa idea de iniciar conversaciones con los lectores, proponer cosas que no estuvieran ni en la mesa de novedades ni regidas por la dictadura de la novedad o por el canon".

–Cuando apareció Las Afueras, se la comparaba mucho con Periférica. ¿En qué se parecen?

–Francisco Llorca: Me alegra que menciones a Periférica porque es hablar de nuestros mayores, de gente de la que hemos aprendido.

–Magda Anglès: Cuando vivíamos en Madrid, yo trabajaba en la galería de Julián Rodríguez Marcos y era muy bonito cómo los artistas y los escritores se reunían allí, y cómo había unas formas de trabajar muy generosas, Nosotros sí que hemos intentado aplicar un vínculo parecido con los autores. Y aunque Julián ha muerto, seguimos relacionados con Paca Flores, tenemos un trato y siempre le hacemos preguntas y ella siempre es maravillosa. Además, nos gusta mucho todo el catálogo que sigue armando.

–Francisco Llorca: Si miramos hacia atrás, hemos tenido grandes maestros y ejemplos en los que mirarnos: Periférica y Libros del Asteroide. Y también Manolo Borras y todo el equipo de Pretextos, que han estado por aquí recientemente.

–Fundar una editorial es una decisión compleja, pero fundarla con el marido o la mujer lo es más. ¿De qué manera la vida cotidiana se fue expresando en el trabajo como editores?

–Magda Anglès: Se dio de una forma muy natural. La idea que teníamos de editar se parece a invitar a los demás a mantener una conversación natural sobre libros. Pensamos que queríamos contagiar el entusiasmo por los libros y cada uno de nosotros fue desarrollando sus áreas, aunque en una editorial pequeña todos hacemos de todo. En ese sentido, el trabajo es muy vital y, si los catálogos representan los intereses y afectos de los editores, de quienes los construyen, en ese momento del inicio de la editorial, hay muchos libros sobre el cuidado o la maternidad. Incluso hubo esa coincidencia en la pandemia, cuando la gente estaba muriendo sola en los hospitales, nosotros estábamos editando Dime una adivinanza, de Tillie Olsen, que está protagonizado por una mujer que muere acompañada.

–Francisco Llorca: O antes, en 2017, uno de los primeros libros que editamos fue El nudo materno, de Jane Lazarre, porque en ese tiempo Magda estaba embarazada de nuestro primer hijo y leíamos muchos temas sobre maternidad. Por eso, ese título quedó muy ligado también a los inicios de Las Afueras.

–Magda Anglès: Jane Lazarre me gusta mucho por cómo hablaba de toda la ambivalencia de la maternidad, de querer a tus hijos con locura, pero de no querer perderte a ti misma. Además, tenía como contexto la segunda ola del feminismo en Estados Unidos, la lucha por los derechos civiles, también estaba el antirracismo y confluían muchas luchas que nos interesaban desde Barcelona, donde vivíamos entonces.

–Francisco Llorca: Podíamos decir que todo lo personal es político y todo lo editorial, en nuestro caso, es personal. Por tanto, político y familiar.

Magda Anglès y Francisco Llorca, editores de Las Afueras. Foto: Federico Lopez Claro.

–Tenían una idea, la de buscar libros en los márgenes, tenían un nombre en sintonía, Las Afueras, pero concretamente, ¿cómo toman contacto con las obras, cómo las encuentran, dónde las buscan, con qué criterio?

–Magda Anglès: La idea de los márgenes es infinita y, además, va cambiando. Porque cuando el tema de los cuidados, que era periférico y ahora está, digamos, “dentro”, entonces se abren nuevas fronteras o temas que no están considerados como literarios.

–Francisco Llorca: Nos gusta pensar la editorial como una construcción colectiva. Cada libro tiene su propia historia. En nuestro caso, algunos llegan por recomendaciones de personas. Otros nos han llegado a través de librerías, de amigos y amigas que nos han dicho que como habíamos publicado tal o cual título, entonces este otro podría interesarnos. Luego están los autores y autoras, gustos personales, temáticas que nos van importando y que vamos investigando.

–Magda Anglès: Y luego también es muy bonito que una de las razones por las que decidimos que vamos a publicar un libro es porque tiene una relación con los otros autores del catálogo. Por ejemplo, tenemos Ellen Foster, de Kaye Gibbons, y MAMBO, de Alejandra Moffat, ambas miradas a la infancia en contextos políticos dictatoriales y complicados.

–Francisco Llorca: Nos gusta pensar que los libros dialogan entre ellos y que hay una constelación. Incluso esa relación a veces no es obvia porque también hay algunas relaciones que nos gusta proponer a los lectores. Por ejemplo, uno de los primeros libros de la editorial se titula 16 de octubre de 1943, de Giacomo Debenedetti y narra un episodio de la Shoá, en el que en un solo día los alemanes vacían el ghetto de Roma, que era el más antiguo de Europa. Y ahora acabamos de publicar y estará llegando a la Argentina dentro de poco El libro de la desaparición, de Ibtisam Azem, que es una periodista palestina que narra una distopía aterradoramente real sobre cómo todos los palestinos de Israel desaparecen en un solo día. Entonces, nos gusta proponer también ese tipo de diálogos entre la historia y el catálogo. O sea, hay temas que a veces nos obsesionan y que están muy vinculados al presente. La violencia contra las mujeres, la batalla cultural por el lenguaje, un montón de temas que nos interesan y que da lo mismo si son abordados por clásicos o por contemporáneos, lo importante es que nos interpelen y que nos inviten a esa conversación. Igual nos puede invitar a una conversación más una novela de hace 80 años que se publicó en otro país que un contemporáneo que publique un bestseller del cual todo el mundo esté hablando.

–¿Cómo diseñaron ese estilo de portadas tan singular, con un párrafo completo de texto y obras de arte?

–Francisco Llorca: Desde el inicio sabíamos que queríamos seleccionar muy bien los títulos y que nuestra periodicidad sería más lenta. De hecho, sigue siendo lenta porque nos gusta decir que militamos el decrecimiento en nuestra vida diaria, pero también en la editorial y, sobre todo, en un contexto tan tensionado como el español. Entonces, publicamos pocos títulos, once o doce títulos al año, que es muy poco dentro del mundo editorial español. España y la Argentina tienen una población y cifras de lectura muy parecidas, pero en España se publican tres veces más libros que en la Argentina. Allá hay mucha saturación. En ese contexto tan abrumador, necesitábamos que nuestros títulos fueran muy reconocibles a primera vista. Para eso, era importante tener un diseño muy identificable y en esto también tienen gran mérito los diseñadores, que vienen del mundo del arte como Magda. Creemos que la edición independiente no implica solo lo que se edita, sino también cómo se lo edita. Ese ritmo lento y que publiquemos poco tiene que ver con que nos gusta trabajar mucho los textos, nos gusta trabajar también todo el libro, desde que es un manuscrito hasta que llega a la librería y luego más allá porque hay que acompañarlo, activar la lectura con los lectores. Y nuestra manera de trabajar con los diseñadores fue así también. Comenzamos con muchas reuniones, viendo catálogos de otras editoriales, disfrutando, hablando y reflexionando. En esas reuniones apareció la idea del texto en la portada, que no es una sinopsis, sino que es un fragmento que intentamos que sea significativo o evocador, una invitación a que el lector se adentre en el libro, al igual que las cubiertas, en las que buscamos que la ilustración no sea muy obvia. Por ejemplo, en Como bestias, de Violaine Bérot, lleva esta pintura prehistórica en la que solo se ven figuras femeninas y, aquí, un personaje masculino, que fue pintado posteriormente, miles de años después, también como una forma de violencia contra las mujeres.

–Las Afueras nació como un sello español y para lectores españoles, ¿cómo fueron construyendo un vínculo con otros lectores, por caso, los latinoamericanos?

–Francisco Llorca: Uno de los ejes de la editorial es su mirada hacia la literatura latinoamericana. Más de la mitad del catálogo proviene de autores y autoras de este continente, especialmente de la Argentina. Por eso, tenemos un catálogo que no está muy ceñido a lo español. Nosotros consideramos la literatura española como una más de las literaturas hispanoamericanas. Intentamos huir de ese hispanocentrismo que es muy habitual desde el catálogo, porque intentamos que esa conversación que proponemos gire en torno de temas que interpelen sin ser tan locales. Aunque estamos muy arraigados en el terreno y nos gusta que todos los libros se impriman con colaboradores e imprentas locales, nos gusta que la propuesta sea internacional y que los temas que tratemos nos interpelen allá donde sea. No mandamos desde España los libros que nos sobran a Latinoamérica sino que procuramos imprimir todos nuestros libros en simultáneo en diferentes territorios para que esa conversación se arme y cambien las redes, los intercambios y los flujos.

Magda Anglès y Francisco Llorca, editores de Las Afueras. Foto: Federico Lopez Claro.

–¿Hay libros que los hayan sorprendido porque encontraron más lecturas en América Latina que en España y al revés?

–Magda Anglès: Sí, claro. Por ejemplo, publicamos un libro de Robert Walser titulado El hombre que perdió la cabeza y lo ilustró Carmen Segovia. Es un libro dentro de un libro, una cosa preciosa además , e empezaba como esos cuentos en los que alguien encuentra un papelito y, como le aburre, se va y aparece un señor que va perdiendo partes del cuerpo hasta que pierde la cabeza. Este libro nos parecía inmejorable y tuvo un recorrido pequeño.

–Francisco Llorca: No es una ciencia exacta la del libro. Y además es curioso cómo algunos libros funcionan mejor en algunos territorios que en otros. Por ejemplo, aquí en la Argentina, tenemos Un viaje a Salto, de Circe Maia, que es un libro queridísimo y en España no conseguimos que cale tanto. O algunos de los libros de Jane Lazarre, El comunista y la hija del comunista se vende más aquí que en España. Entonces eso también es muy bonito, que es verdad que compartimos un territorio común, pero luego hay diversidad y hay temas que interpelan más que otros.