La melatonina se metió en una rutina cada vez más común: una cápsula, una gomita o unas gotas antes de acostarse, con la expectativa de dormir mejor sin recurrir a otros fármacos.

En muchos casos, esa decisión se toma sin consulta previa y con una idea bastante instalada: que, por tratarse de una hormona natural, no requiere demasiados cuidados.

Ese uso extendido cambió el eje de la discusión médica. Ya no se trata solo de si ayuda o no a conciliar el sueño, sino de qué pasa después. El foco empezó a correrse hacia lo que ocurre varias horas más tarde, cuando el efecto nocturno ya pasó.

Tomar melatonina sin control: el efecto poco conocido que preocupa a los médicos. Foto Shutterstock.

Ahí aparece un punto que se repite en guías clínicas y centros de salud: el problema no siempre está en la noche, sino en el día siguiente. Y muchas veces no se lo asocia con el suplemento, sino con haber dormido mal o con el cansancio acumulado.

Tomar melatonina sin control: el efecto poco conocido que preocupa a los médicos

Uno de los efectos que más se repite en la información médica es la somnolencia diurna. No aparece en todos los casos, pero sí lo suficiente como para que figure entre las advertencias principales. Incluye cansancio, menor estado de alerta y una sensación de sueño que puede extenderse varias horas después de haberla tomado.

El problema deja de ser solo “me dormí más rápido” y pasa a ser cómo funciona el cuerpo al día siguiente. En actividades que requieren atención —manejar, trabajar, estudiar— esa baja de alerta puede tener impacto real.

También se describen otros efectos frecuentes: dolor de cabeza, mareos, náuseas o una sensación de aturdimiento. En algunos casos aparecen irritabilidad o cambios leves en el estado de ánimo. No son iguales en todas las personas, pero muestran que la melatonina para dormir no es neutra.

Para qué sirve la melatonina y cuándo no resuelve el problema

La melatonina es una hormona que produce la glándula pineal y que regula el ciclo sueño-vigilia. Su función principal no es “inducir el sueño” como un sedante, sino marcarle al cuerpo cuándo es momento de dormir.

Esa diferencia es clave. La melatonina puede ser útil cuando el reloj biológico está desajustado, como en el jet lag o en algunos trastornos del ritmo circadiano. Ahí actúa sobre el horario del sueño, no sobre la profundidad ni sobre todas las causas posibles del insomnio.

Qué hace la melatonina en el cuerpo y por qué no sirve para cualquier insomnio.

Pero no todos los problemas para dormir tienen ese origen; estrés, ansiedad, uso de pantallas hasta tarde, consumo de cafeína o trastornos como la apnea del sueño responden a otros mecanismos. En esos casos, la melatonina puede no resolver el problema de fondo.

Dosis, etiquetas e interacciones: por qué piden más cuidado al tomarla

Otro de los puntos sensibles es la dosis real que se consume. Distintos análisis sobre suplementos mostraron que el contenido de melatonina puede variar mucho respecto de lo que indica la etiqueta, incluso con diferencias de varias veces más o menos de lo declarado.

Ese dato complica la idea de que tomar una cápsula o una gomita implica una cantidad precisa. En la práctica, una persona puede estar consumiendo una dosis distinta a la que cree, lo que aumenta la probabilidad de efectos como somnolencia excesiva o sensación de “resaca”.

A eso se suman las interacciones. La melatonina puede potenciar el efecto de otros medicamentos que producen sedación y también interactuar con anticoagulantes, anticonvulsivos, inmunosupresores o tratamientos para la presión arterial y la diabetes.