Aunque se publicó hace más de dos siglos, la novela Frankenstein o el moderno Prometeo sigue siendo una fuente de inspiración para muchas personas.

En ella, Mary Shelley escribió reflexiones, que son expresadas por Víctor Frankenstein y por su gigantesco monstruo.

Una de las más interesantes aparece aproximadamente en la mitad de la obra y tiene que ver con el valor de la vida.

El contexto en el que se menciona la frase sobre la vida

La novela de Shelley trata sobre Víctor Frankenstein y su creación, una figura de piel amarillenta, cabello negro y cuerpo gigantesco y desproporcionado.

Tras cobrar vida, el monstruo comete varios asesinatos, entre ellos los de la esposa, el hermano y el mejor amigo de Víctor.

En la novela, La criatura creada por Frankenstein cometió varios crímenes. Foto: Archivo

Por tanto, su creador se encuentra enfadado y con deseos de venganza.

En el capítulo 10, ambos se reencuentran por primera vez luego de los crímenes. Al hacerlo, la criatura pide a Víctor que la escuche, pero este se abalanza sobre ella. Luego de esquivarlo con mucha facilidad, el monstruo le dice:

"¿Acaso no he sufrido bastante que buscas aumentar mi miseria? Amo la vida, aunque no sea más que un cúmulo de angustias, y la defenderé".

Qué significa y su valor en la actualidad

Con la frase, la criatura hace una especie de reclamo moral a su creador, quien tiempo atrás la abandonó. Para ella, su comportamiento es el resultado de las condiciones de vida que le tocó enfrentar, por eso le pide a Víctor que, antes de juzgarla, acepte su explicación, y que también asuma la responsabilidad de haberle dado vida.

Sin embargo, la sentencia también puede interpretarse como una reflexión más profunda de la propia Mary Shelley. Desde entonces y hasta el día de hoy, sirve como un recordatorio para valorar, aprovechar y, llegado el caso, defender la existencia.

Shelley fue una luchadora por los derechos de las mujeres. Foto: Archivo

Que sea Shelley quien haya elaborado dicha sentencia no es casualidad. Nacida el 30 de agosto de 1797 en Londres, a lo largo de su vida (1797-1851), que abarcó un período de intensos cambios sociales y políticos, la autora de Frankenstein se destacó no solo como escritora, sino también como defensora de la voz femenina.

La influencia de su madre, la filósofa feminista Mary Wollstonecraft, la llevó a explorar temas complejos como la ambición, el aislamiento y las luchas de las mujeres en un mundo dominado por hombres, convirtiéndose finalmente en una figura de gran autoridad literaria.