Hay decisiones que pueden explicarse con una planilla presupuestaria. Otras sólo pueden comprenderse mirando un mapa. La decisión de reducir la Base Aeronaval Punta Indio a Estación Aeronaval, trasladar sus principales unidades a Comandante Espora y colocar en reserva a la Escuadra Aeronaval Nº 1 pertenece a la segunda categoría.
La Armada debe administrar recursos humanos y materiales extraordinariamente escasos, concentrar mantenimiento y recuperar operatividad. Pero una cosa es eficiencia administrativa y otra, muy diferente, eficacia estratégica.
Punta Indio no es solamente una base. Es una posición.
Y las posiciones estratégicas no se valoran por sus hectáreas sino por la geografía sobre la que permiten ejercer presencia.
La puerta de Sudamérica
Frente a Punta Indio comienza a cerrarse el enorme embudo geográfico que conecta el corazón productivo de América del Sur con el Atlántico.
Detrás se extiende la Cuenca del Plata: casi 3,2 millones de kilómetros cuadrados pertenecientes a cinco Estados —Argentina, Brasil, Bolivia, Paraguay y Uruguay— y más de 110 millones de habitantes.
La Hidrovía Paraguay-Paraná constituye su gran arteria. El Río de la Plata, su puerta al océano.
La Vía Navegable Troncal concentra cerca de sesenta terminales portuarias y canaliza aproximadamente el 80% de nuestras exportaciones. Su recorrido llega hasta aguas profundas del Río de la Plata exterior precisamente a través del canal Punta Indio.
La paradoja es notable: el mismo Estado que declara estratégica a la vía navegable por donde sale la mayor parte de nuestras exportaciones reduce simultáneamente su presencia aeronaval sobre su acceso marítimo.
Un bloqueo, minado, sabotaje o interrupción significativa del Río de la Plata no produciría solamente un problema militar. Podría paralizar gran parte del comercio argentino, afectar la generación de divisas y proyectar consecuencias sobre los otros países de la Cuenca. Estamos hablando de una arteria económica continental.
La geografía no se racionaliza
Espora y Punta Indio pueden compartir funciones aeronáuticas. No comparten geografía. Una base militar vale por sus pistas, hangares y talleres, pero también por su ubicación, dispersión, redundancia y proximidad al espacio estratégico sobre el cual debe operar.
Punta Indio proporciona presencia sobre la entrada a la principal vía navegable argentina. No significa sostener que desde allí pueda defenderse por sí sola semejante espacio. Significa observar, alertar, reconocer, desplegar y contribuir a disuadir. La disuasión comienza mucho antes de disparar.
Cuando la escasez se convierte en estrategia
El verdadero problema no es que la Armada racionalice estructuras. Es preguntarse por qué debe hacerlo. La Defensa argentina atraviesa uno de los niveles presupuestarios más bajos de su historia, situación salarial crítica, IOSFA detonada, sistemas de armas desprogramados sin reemplazo equivalente y venta de inmuebles de enorme valor inmobiliario o estratégico.
Primero faltaron recursos. Después desaparecieron capacidades. Finalmente empiezan a sobrar unidades y terrenos.
El riesgo es evidente: terminar diseñando la estrategia nacional en función de la escasez, en lugar de determinar los recursos necesarios en función de la estrategia.
Más aún cuando todavía no se conoce una nueva Directiva de Política de Defensa Nacional que establezca qué escenario estratégico prevé la Argentina, cuáles son sus intereses vitales y qué instrumento militar necesita para protegerlos.
Los medios adquieren sentido cuando responden a una estrategia.
Comercio y poder
Mahan explicó hace más de un siglo la relación entre comercio marítimo, rutas oceánicas y poder naval. Las grandes potencias nunca olvidaron esa enseñanza.
Argentina aspira a multiplicar sus exportaciones, pero cuanto mayor sea la riqueza que circule por nuestras rutas y vías navegables, mayor será la necesidad de protegerlas. No existe potencia comercial sin capacidad para proteger su comercio.
Punta Indio adquiere entonces una dimensión que excede a la Armada. Si trazamos una línea sobre el mapa aparece una continuidad estratégica evidente: Cuenca del Plata–Hidrovía–Río de la Plata–Atlántico Sur–Malvinas–Antártida.
Mientras el Reino Unido consolida su posición militar, logística y económica en Malvinas y proyecta desde allí presencia hacia el Atlántico Sur y Antártida, nosotros concentramos capacidades y reducimos infraestructura.
Punta Indio no debe conservarse por nostalgia. Ninguna instalación militar debería ser intocable. Pero el procedimiento debe ser exactamente inverso: primero definir los intereses nacionales; después las capacidades necesarias; luego su despliegue; y recién entonces determinar qué instalaciones sobran.
Una base puede cerrarse mediante una resolución. Un terreno puede venderse en meses, recuperar una posición estratégica puede resultar imposible.
Por eso la pregunta no es cuánto cuesta Punta Indio, sino: ¿Cuál es la estrategia nacional que demuestra que podemos reducir nuestra presencia aeronaval sobre la puerta por donde sale la mayor parte de nuestras exportaciones sin disminuir nuestra capacidad de vigilancia, disuasión y defensa?
Si esa estrategia no existe, Punta Indio deja de ser una racionalización administrativa para convertirse en algo mucho más preocupante: un país que comienza a abandonar posiciones antes de haber decidido cómo piensa defender sus intereses.
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