La mañana del 11 de septiembre de 2001, Thuc Doan Nguyen-Brophy se despertó sobresaltada por un violento estruendo. Tan fuerte había sido el ruido y parecía haberse producido tan cerca que la hizo pensar, según relató ella, que se habría estrellado un camión de reparto contra el edificio de su departamento, situado en la esquina de las calles Canal y Essex, en el distrito neoyorquino del Bajo Manhattan.

Thuc Doan se había mudado a la ciudad tres años antes, con su novio de entonces, después de terminar la universidad. De día era empleada temporaria en oficinas corporativas. De noche trabajaba como bailarina de escenario en bares LGBT. Sentía que por fin había encontrado su tribu urbana en el centro de la ciudad: su frontera autoimpuesta se iniciaba al sur de la calle 14.

La familia Nguyen-Brophy había llegado a Estados Unidos refugiada desde Vietnam en 1980 y Thuc Doan había sufrido discriminación durante su etapa de crecimiento. En la vida nocturna de Nueva York, entre drag queens, encontró seguridad y sentido de pertenencia. Con idea de filmar sus andanzas por los night clubs y las conversaciones con sus amistades se compró una pequeña cámara grabadora de video digital.

Thuc Doan se levantó del sofá donde había estado durmiendo. Desde la ventana de su departamento en un segundo piso vio que en la calle empezaba a juntarse una multitud. La gente miraba hacia el oeste, en dirección al World Trade Center. La torre norte estaba envuelta en un denso humo negro.

Instintivamente, Thuc Doan agarró su videocámara JVC, salió a la escalera de incendio y se puso a grabar. Mediante el zoom de la filmadora hizo acercamientos hacia las Torres Gemelas y también alejamientos ajustando el enfoque y el ángulo de las tomas, y trazó un recorrido visual, un paneo, desde el edificio en llamas hasta los espectadores que se encontraban abajo, en la vereda. En total mantuvo la cámara grabando durante siete minutos y cuatro segundos: lo suficiente para captar el avión del vuelo 175 de United Airlines cuando impactaba contra la torre sur.

Thuc Doan Nguyen-Brophy fue a donde vivía en Chinatown, Nueva York, 25 años después de filmar el ataque terrorista a las Torres Gemelas. Foto Todd Heisler / The New York Times

Tres meses después del ataque, Thuc Doan Nguyen-Brophy abandonó la ciudad. Luego de la tragedia el trabajo de oficina y las actuaciones en clubes nocturnos escasearon, y ver en carteles distribuidos por toda la ciudad las caras de los desaparecidos o presuntamente muertos la abrumaba.

Se mudó a Los Ángeles, donde al principio recreó su vida de Nueva York: trabajaba temporalmente para empresas del sector del entretenimiento y bailaba en boliches gay. Vivió en California hasta la pandemia de coronavirus.

Dice que durante más de dos décadas no vio el video grabado. Que rara vez hablaba de esa filmación, a la que guardaba en una caja fuerte chica junto con su pasaporte y otros documentos. Tenía miedo de que en las tomas hubiera imágenes de hombres y mujeres que se habían lanzado desde los edificios en llamas hacia la muerte.

Más adelante, en 2022, mientras desempacaba sus pertenencias al cabo de una nueva mudanza (esta vez a Nueva Orleans), Thuc Doan resolvió hacer algo con lo que había grabado. Había leído que las cintas MiniDisc podían deteriorarse con el paso del tiempo y ella estaba harta de llevar la suya de un lado para otro.

El año pasado Thuc Doan donó la cinta original y la licencia para exhibir las imágenes al Monumento Nacional y Museo del 11 de Septiembre. Este museo recopila y solicita activamente donaciones de fotografías y videos vinculados con los atentados del 11-S. Los registros se examinan con la finalidad de corroborar las motivaciones de la persona para documentar lo que experimentó o de lo que fue testigo. Un análisis de los metadatos correspondientes confirmó que el video de Thuc Doan Nguyen-Brophy fue grabado el 11 de septiembre de 2001.

Dylan Williams, curador adjunto del Museo del 11-S, indicó que la grabación amateur de Thuc Doan es un testimonio visual de una época anterior a que todo el mundo llevara una cámara de alta resolución en el bolsillo. "Con las redes sociales, las cosas suelen incluso programarse en un guion antes de grabarse y publicarse", comentó Williams. "Por eso una filmación como la de Thuc es excepcional: realmente le da vida a un momento en el tiempo."

Para Thuc Doan, que ahora tiene 50 años, el acto de donar la cinta grabada significó también enfrentarse a sentimientos largamente reprimidos y a su vida anterior en Nueva York.

Volvió a la ciudad para hacerle frente a lo que presenció y grabó. Y sabe cuál es la pregunta que harán todos.

"No lo vi a propósito porque sabía que me iba a hacer sentir mal", explicó Thuc Doan, sentada en una cafetería de la calle Essex, en el barrio Chinatown, cerca de su antiguo departamento. "Nunca saco el tema en terapia. Ninguna de mis amistades lo ha mencionado jamás porque nadie sabía que estuve allí".

Thuc Doan estaba acompañada por el cineasta Keith Maitland y la productora Alisa Payne. Ambos trabajan en un cortometraje documental titulado My Fire Escape (Mi escalera de incendio, y también Mi escape del fuego), que trata sobre las imágenes filmadas por Thuc Doan y su experiencia del 11 de septiembre, así como, además, la vivencia más amplia de quienes por entonces residían en Chinatown, historia que —señalan— no se ha contado aún.

Thuc Doan mencionó que en momentos de miedo y peligro ella tiende a disociarse. Una de las cuestiones del 11-S que enterró a medias —de acuerdo con sus palabras— era que, de no haber perdido una llamada de su agencia de empleo temporario aquella mañana, podría haber estado trabajando en la recepción de Oppenheimer Funds, firma que ocupaba varios pisos de la torre sur.

Actualmente escritora, Thuc Doan Nguyen-Brophy ha visitado Nueva York muchas veces en los últimos 25 años. Pero hasta este verano boreal no había regresado a su antigua cuadra.

"Es más, evitaba las esquinas", admitió. "Caminaba por Essex, me sentía rara y me iba".

Había perdido la cámara digital. Y la tecnología MiniDisc es anticuada hoy. Una vez que el museo digitalizó su cinta, Thuc Doan estuvo dispuesta por fin y pudo ver las imágenes que había llevado consigo durante tanto tiempo. Le sorprendió la calma con la que habla mientras conversa con gente que se encontraba abajo, intentando darle sentido a un hecho que desafía toda comprensión.

En un primer instante, dijo Thuc Doan, ella pensó que el humo de la torre norte podía deberse a efectos especiales de Hollywood para el rodaje de una película, algo como sacado de Duro de matar.

"Fue un avión", dice un hombre de camiseta blanca, mirando hacia arriba a Thuc Doan y a su cámara.

"¿Un avión?", pregunta otro hombre con incredulidad.

"Un avión se estrelló contra la torre", repite el primer hombre. "Quiero decir, puede haber sido un acto terrorista."

Cerca de la mitad del video de Thuc Doan, detrás de las torres, aparece en el cielo despejado el jet del vuelo 175. La imagen del video se queda en negro durante unos segundos. Thuc Doan no sabe por qué. Supone que paró de filmar brevemente. La grabación se reanuda justo cuando el segundo avión impacta contra la torre sur y explota.

Dylan Williams, el curador del museo, manifestó que existen numerosas tomas del impacto del segundo avión. Lo que hace significativa la grabación de Thuc Doan Nguyen-Brophy es su carácter espontáneo y ajeno a cualquier preparación.

"Transmite la conmoción, la confusión, el horror en tiempo real", expresó Williams. "Es crudo. Y, sin embargo, está tomado desde la intimidad de un departamento."

La grabación está disponible para investigadores, previa solicitud. Y tendrá un papel destacado en el documental inminente. Según Williams, es posible que la filmación de Thuc Doan y otras similares puedan verse pronto también a través del sitio web del museo.

Esta semana, cuando visitó su antiguo departamento junto a los cineastas, de forma inesperada Thuc Doan Nguyen-Brophy se echó a llorar. "Esta fue mi última casa aquí", recordó. "Nunca pensé que me quedaría en Los Ángeles. Creí que iba a regresar."

Revisando cosas suyas hace poco, Thuc Doan encontró otra imagen de aquella época: una fotografía tomada seis semanas después del ataque, la noche de Halloween. En una vereda del distrito East Village aparecen ella y una amiga, disfrazadas, "tratando de ser chicas normales de 25 años, como en la época anterior", comentó.

Detrás de ellas, en una pared, se ve un póster de la bandera estadounidense y el lema de aquellos días sombríos: United We Stand (algo así como Unidos nos mantenemos firmes, o somos más fuertes).

Steven Kurutz cubre tendencias culturales, redes sociales y el mundo del diseño para The New York Times.

Traducción: Román García Azcárate

DS