Para filmar “De aquí a la eternidad” en 1953, sobre la novela de James Jones, el director Fred Zinnemann dispuso de un fuerte presupuesto desde los estudios Columbia y de un reparto de lujo, si consideramos su época (Montgomery Clift y Burt Lancaster en los papeles principales). No sabemos si la película resistió ante el paso del tiempo, aunque semejante producción tuvo su recompensa en una positiva recepción de crítica, público y temporada de premios. La nominaron a trece Oscar, de los que ganó dos de los más importantes (mejor película, mejor director) y seis más, incluyendo el de actor de reparto para Frank Sinatra, que se dio así uno de sus mayores gustos en su carrera en el cine.
“Al soldado Prewitt están a punto de concederle un traslado con el que abandonará Pearl Harbor. Pero el nuevo capitán Holmes le retiene con el pretexto de que es un gran boxeador. Los romances y los abusos están al orden del día en una base despreocupada por la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, el ataque japonés al enclave es inminente”, indicaba la presentación oficial.
Ambientado en una base militar en Hawaii, antes del devastador ataque japonés a Pearl Harbor que cambiaría el rumbo de la Segunda Guerra Mundial, no es un film estrictamente bélico sino una crónica personajes solitarios, angustiados. Entre toques de crueldad y melancolía, la peli permanece sobre todo por una de las escenas más románticas en la historia del cine.
“El equipo de guionista, director, productor y reparto ha logrado transferir de manera convincente la musculatura de la sociedad básicamente masculina que el libro abordaba; la conmoción y la futilidad de las vidas amorosas de los soldados profesionales involucrados, así como la acusación a los oficiales al mando cuyo egoísmo puede quebrar a hombres dedicados a la carrera militar. Están atrapados en un mundo que ellos mismos crearon y que los derrota. Sobre todo, es un retrato grabado en la verdad y sin el estigma de la crueldad calculada” comentó The New York Times.
El beso
Si la película no es tan recordada, una de sus escenas permanece como una de las más logradas en la historia del cine: el apasionado beso en la playa –mientras los sacuden las olas- entre el sargento Warden (Burt Lancaster) y Karen Holmes (Deborah Kerr), esposa del capitán de la base.
Era una escena que no figuraba en los planes del director y que le sugirió Lancaster. El guion solo indicaba un beso casi protocolar. La filmaron durante tres días y participaron cien personas en la producción, en la playa de Haola Cove, al oeste de Oahu, Hawaii.
“Demasiado erótica” para los convencionalismos de esa época, en algunos países les quitaron varios segundos y en algunos, directamente la suprimieron. El organismo censor de EE.UU. (el MPPA) canceló las fotos del beso en la difusión del film.
“La escena fue importante para la película, pero no fue divertida de filmar. Teníamos que elegir el momento justo por las olas, que llegaba una grande, que nos levantaran por completo. Parecíamos surfistas, esperando. Después de cada toma, teníamos que limpiarnos. Cuando todo terminó, acumulábamos arena por todo el cuerpo”, contó la actriz
Pero el beso fue tan famoso que, por largo tiempo, muchas parejas de turistas acudieron al mismo lugar para fotografiarse al estilo de Kerr y Lancaster sobre la arena, con las olas rompiendo sobre sus cuerpos.
Más allá de intuición del director o la calidad de sus protagonistas, aquella escena también queda por la maestría de otro genio, el director de fotografía Burnett Guffey.
Deborah
Aunque la primera opción para el papel de Karen era otra de las famosas de la época, Joan Crawford, finalmente eligieron a Kerr, escocesa que también era una gran figura con producciones como Quo Vadis, Las minas del Rey Salomón y El prisionero de Zenda. Kerr llegó a tener seis nominaciones como al Oscar como mejor actriz –una de ellas por “De aquí…”- aunque sólo recibió uno, honorífico en 1994. Ella aceptó el papel porque le permitía salir de una imagen “estereotipada y formal” para asumir un papel “más libre, independiente y pasional”.
Y lo cierto es que, a pesar de que no tiene pocos minutos en esa pantalla, su figura es dominante. En el momento en que aparece, con su falda y un simple suéter, despierta la curiosidad de los soldados “Debe ser fría como un témpano”, dice el personaje de Lancaster. “No es de esas, sabe lo que quiere. Te lo digo yo”, le replican.
El director español José Luis Garci escribió una biografía sobre Kerr (1921-2007) y allí precisó: “El azul de sus ojos es el mismo que el de la Gran Vía madrileña de los cincuenta cuando anochecía y se encendían las fachadas de los cines”.
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