Algunos autores quedan para siempre ligados a su obra maestra. Héctor Germán Oesterheld camina detrás de Juan Salvo por una Buenos Aires cubierta de nieve.

Y Salvo, por ahora, camina despacio. La segunda temporada de El Eternauta está confirmada, pero todavía no empezó a filmarse. A fines de agosto, Ricardo Darín contó que el equipo seguía trabajando “a brazo partido” en la escritura y dando la “pincelada final” a los guiones para dejarlos listos para el rodaje. Fecha de estreno, tampoco.

Mientras todos esperan El Eternauta temporada 2, Oesterheld se adelantó.

Minotauro, la célebre editorial, acaba de publicar El árbol de la buena muerte y otros cuentos, un volumen que recupera relatos de ciencia ficción del creador de El Eternauta y abre otra puerta hacia un universo que quedó parcialmente oculto detrás de Juan Salvo.

El árbol de la buena muerte y otros cuentos, el nuevo volumen de Minotauro que recupera relatos de ciencia ficción de Oesterheld.

Y tiene lógica que ocurra ahora. Después de la serie de Netflix, El Eternauta dejó de ser una historieta popular y de culto —ambas cosas, sin oxímoron aparente— para convertirse en un fenómeno global. Aquella historia que empezó a publicarse por entregas en 1957 capturó a millones de espectadores casi setenta años después.

Lo viejo funciona.

Y acaso el éxito de la serie permita ahora recorrer el camino inverso: entrar por Juan Salvo para descubrir al escritor que estaba detrás. Del papel al streaming y ahora, otra vez, de la pantalla al papel.

La aparición del libro coincide además con el Día de la Historieta Argentina. La fecha se celebra cada 4 de septiembre porque ese día de 1957 salió el primer número de Hora Cero Semanal, donde comenzó a publicarse El Eternauta, con dibujos de Francisco Solano López.

Oesterheld, al Salón de la Fama

El reconocimiento también llegó desde afuera. En julio, durante la Comic-Con de San Diego, Oesterheld fue incorporado al Salón de la Fama de los premios Will Eisner, uno de los grandes reconocimientos del cómic mundial.

Su nieto Martín eligió una palabra para unirlo con sus personajes: sobreviviente. “De alguna manera, estas historias también sobrevivieron”, dijo durante la ceremonia.

Oesterheld más allá de El Eternauta

Con una escena basta. Explica sola todo ese mundo. O, nunca mejor dicho, ese cosmos: como contó su nieto Martín Mórtola Oesterheld a Clarín, Editorial Frontera funcionaba en la casa familiar de Béccar, la misma casa donde empieza El Eternauta.

En ese chalet convivían la familia y una pequeña gran fábrica de universos. De allí surgieron ciencia ficción, westerns, aventuras y relatos bélicos. Martín recordaba que su abuelo no infantilizaba a los lectores: les hablaba de mundos distintos con un lenguaje propio, argentino. Y hablaba también con Borges: Oesterheld solía visitarlo en la Biblioteca Nacional y podían pasar horas conversando.

Los códigos de la ciencia ficción parecían venir de afuera —un género del primer mundo hasta que ocurre en el tercero, como señala con brillantez Ricardo Romero en el prólogo de este libro—, pero Oesterheld los hizo caminar por nuestras calles, de Congreso a Nuñez. Más que inventar una galaxia muy muy lejana, hizo nevar sobre Buenos Aires.

Después, por supuesto, llegaron Mort Cinder, Sherlock Time, Ernie Pike, Sargento Kirk y una obra enorme que la sombra y la luz de Juan Salvo terminaron tapando para el gran público.

Pero un clásico siempre vuelve a decir algo. El Eternauta salió de una editorial montada en una casa, circuló por kioscos y trenes, saltó al libro y terminó en Netflix. Como su protagonista, viajó en el tiempo.

Ahora estos cuentos emprenden el viaje de regreso.

Los cuentos de Oesterheld: el futuro ya estaba ahí

En "Una muerte" hay un matecito, una pava, un jarrito enlozado y una cotorra llamada Manolita. También un muerto verde con siete dedos. ¿Una premonición de los Manos de El Eternauta? Al final aparece otro pequeño misterio: un pájaro que el extraño llama “sícalo”. ¿Qué es un sícalo? Oesterheld inventa la palabra y no explica. Como en Sherlock Time, queda esa inquietud de haber visto apenas una parte de algo mucho más grande.

"Ciencia" se propulsa hacia adentro. Un cristal permite mirar detrás del ojo y descubrir luces que “se encienden y se apagan”, acaso pensamientos. ¿Ciencia ficción o poesía? Octavio Paz comienza Árbol adentro con una imagen extrañamente cercana:

El Eternauta comenzó a publicarse en 1957, con guion de Oesterheld y dibujos de Francisco Solano López.

“Creció en mi frente un árbol. / Creció hacia dentro. / Sus raíces son venas, / nervios sus ramas, / sus confusos follajes pensamientos”.

Dos imágenes cercanas: mirar hacia adentro y encontrar otro mundo. Y en Amor, brevísimo, tres cuerpos desnudos se vuelven uno y después muchos entre las llamas. Hay cuentos más largos en el libro, pero estos pequeños alcanzan para mostrar la amplitud de Oesterheld: ciencia ficción, misterio, amor y poesía.

El futuro estaba en todas partes

Tal vez el verdadero viaje en el tiempo de Oesterheld no sea el de Juan Salvo.

Sus historias sobrevivieron a revistas desaparecidas, ediciones agotadas, décadas y formatos nuevos. Se reescriben y heredan. Y hoy se multiplican.

Ricardo Romero escribe en el prólogo que Oesterheld sabía que “el futuro no está adelante. Está en todas partes”. En el diseño de una cafetera, agrega, o en el canto de un pájaro capaz de contener la extrañeza de un planeta desconocido.

Quizás por eso estos cuentos tampoco parecen venir del pasado.

Lo viejo funciona porque nunca terminó de irse.