Brasil sabe que China reducirá sistemáticamente sus importaciones agroalimentarias en los próximos 10/15 años, porque considera que cubren más de 40% de su demanda alimentaria; y que, en una época intensamente conflictiva como la actual (Guerra EE.UU/Irán, etc.), está en juego su “seguridad nacional” por esta dependencia agroalimentaria.
Por eso Xi Jinping ha resuelto combinar el fomento de la producción interna con la deliberada disminución de las compras externas, procurando alcanzar en los próximos 25 años un equilibrio completo entre lo que exporta y lo que importa en esa materia crucial.
Desde Brasil, Marcos Troyjo, ex presidente del Banco de los Brics, con sede en Shanghai, subraya un punto de excepcional importancia: “China importará menos alimentos de Europa, de EE.UU, de Australia, y de Nueva Zelandia, pero comprará más alimentos de Brasil y en general del Mercosur; en suma, ahora que los chinos han decidido ser más independientes en materia alimentaria tienen que escoger al mismo tiempo con quienes serán más interdependientes; y han optado por Brasil y los países del Cono Sur, en especial la Argentina”.
Troyjo señala que “…China no puede tornarse autosuficiente en la producción de carne bovina y en los granos (soja/maíz) por la carencia de una superficie apropiada para sus actividades en este aspecto”.
De ahí que Brasil, la Argentina, y el Mercosur en general, “se fortalezcan cada vez más como proveedor global de carne bovina”, dice Troyjo. Esto significa que el Mercosur se ha convertido en la gran plataforma de producción de proteínas del siglo XXI; y en ella – agrega Troyjo – “el papel de la Argentina es cada vez mayor”.
Este punto esencial para los intereses del país lo precisa Fernando Galletti, titular de Minerva, una de las grandes empresas agroalimentarias brasileñas, afirmando que “la Argentina muy pronto tendrá abierto el mercado de Japón que es de carnes de alta calidad y elevados precios; y también dominará el de Corea del Sur”.
Por eso, afirma Galletti que “…la Argentina se tornará en el segundo país generador de exportaciones de carne bovina de América del Sur, después de Brasil, y dejará el cuarto lugar que ocupa hoy”.
La Argentina sólo compite en el mercado de las carnes de alta calidad y elevados precios de los países asiáticos, ante todo China, con Australia.
Esto implica en otros términos que la producción de carne argentina – “que es la mejor del mundo” – sólo compite en este segmento fundamental consigo misma.
Como era previsible, Brasil tiene una enorme confianza en sí misma para ganar las 300.000 toneladas de carnes adicionales que el presidente Donald Trump ha decidido importar sin arancel alguno (24.6%); y sostiene además que está en condiciones de colocar de inmediato unas 100.000 toneladas de carne molida, recordando que en enero de 2026 cubrió una cuota inesperada de 52.000 toneladas para EE.UU en sólo 5 días.
La ganadería argentina no participa de esta excepcional oportunidad que son estas 300.000 toneladas de carne vacuna adicionales, porque al igual que Uruguay, Nueva Zelandia y Australia tiene su propia y privilegiada cuota de 100.000 toneladas.
Esa especie de “monstruo” de energía que es Donald Trump ha dispuesto ahora que los ganaderos norteamericanos para compensar las pérdidas que les acarrea la competencia extranjera, pueden faenar, trozar y envasar directamente a sus animales, sin pasar por ninguno de los 4 grandes frigoríficos que existen en EE.UU, y que les cobran altos precios por sus servicios.
Esto implica, en la visión de Trump, un beneficio para los ganaderos estadounidenses en más de 30% en la venta de su ganado; y pueden optar por cualquier frigorífico de cualquier parte de EE.UU o del mundo, incluyendo los de Brasil.
Los frigoríficos brasileños habilitados para exportar a EE.UU son unos 50, y ya se han lanzado a cubrir con su velocidad característica este nuevo y notable negocio.
Celeridad, flexibilidad, tecnología avanzada, y pragmatismo, estos son los rasgos de la producción de carnes brasileñas que conviene imitar.
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