La vicejefa de Gobierno porteño, Clara Muzzio, escribió en redes sociales que "el trabajo no remunerado dentro del hogar no existe”, y que reconocerlo sería "una infección de la ideología de género”. Hay infinidad de libros, estudios e investigaciones que la contradicen. Mucho de este material es de la propia Organización Internacional del Cuidado (OIT). También de organismos como UNICEF, el Fondo de Población de Naciones Unidas, ONU Mujeres, el PNUD o la CEPAL.
Negar la existencia del trabajo de cuidados a esta altura es como decir que la Tierra es plana. Cocinar, limpiar, criar, sostener la vida cotidiana requiere tiempo y dedicación. Sin esas horas, sin esa disponibilidad física y mental, no sólo no hay cuidado posible sino que tampoco hay ciudadanos ni mercado laboral. El planteo no es si existe, sino quién lo hace y en qué condiciones.
En Argentina, el trabajo doméstico y de cuidados no remunerado equivale a casi el 16% del PBI. La Encuesta Nacional de Uso del Tiempo del INDEC muestra que las mujeres dedican 6 horas y media diarias a estas tareas, casi el doble que los varones. Ese tiempo explica por qué tienen menor participación laboral, más desempleo y peores ingresos: ganan en promedio un 25% menos. Así se configura la feminización de la pobreza: menos ingresos y más carga de trabajo invisible. Lejos de ser "una ideología", es un problema estructural, medido y estudiado.
Quienes niegan este trabajo suelen no hacerlo. O lo delegan. En los sectores de mayores ingresos, las tareas del hogar se resuelven contratando a otras mujeres. Es decir: el trabajo existe, y tanto es así que tiene precio, aunque es un trabajo precarizado en términos salariales.
De la mano de esta perspectiva antigénero, se reivindica un ideal de mujer ligada al hogar, como las tradewife (esposas tradicionales), que repiten discursos que niegan la desigualdad de género y se alarman con la baja de la natalidad.
Una de las últimas investigaciones del Fondo de Población de Naciones Unidas asegura que entre las causas de la caída de nacimientos están las limitaciones económicas y la carga de las tareas de cuidado.
Muzzio niega que las tareas domésticas sean un trabajo pero pudo -y eligió- estudiar una carrera universitaria (es abogada) y ser funcionaria del Estado, un trabajo de tiempo completo -y muy bien pago- fuera de su hogar.
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