La vitamina D es un nutriente esencial para el buen funcionamiento del cuerpo y sus suplementos se recomiendan ampliamente para los adultos mayores. Tradicionalmente, se sugiere su consumo por sus propiedades para fortalecer la salud ósea, pero los científicos también han descubierto que los receptores de este nutriente están ampliamente distribuidos en las regiones del cerebro responsables del ritmo circadiano y los procesos de memoria.
Un nuevo estudio publicado en la revista especializada Sleep Medicine reveló que la ingesta diaria de suplementos de vitamina D está fuertemente asociada con una mejor función cognitiva y una mayor duración de las fases profundas del sueño en adultos mayores con deterioro cognitivo leve (DCL) y trastornos del sueño.
La investigación, liderada por Victoria Pak, doctora investigadora de la Escuela de Enfermería Nell Hodgson Woodruff de la Universidad de Emory, en Atlanta, es la primera en Estados Unidos que analiza la relación entre la suplementación con vitamina D y la cognición en pacientes con estos dos síntomas clave.
Victoria Pak lideró el estudio que encontró una relación entre el consumo de suplementos de vitamina D con una mejor calidad del sueño y freno del deterioro cognitivo. Foto:gentileza emory.edu
El deterioro cognitivo leve y los trastornos del sueño son dos afecciones que a menudo se presentan juntas en adultos mayores, creando un círculo vicioso que acelera el declive de la memoria.
El consumo de vitamina D mejoró la duración de la fase REM en adultos mayores
Pak y su equipo analizaron a 54 pacientes adultos diagnosticados o con sospecha de DCL que presentaban síntomas de alteración del sueño para examinar cómo afectaba la ingesta de vitamina D a sus métricas cerebrales y patrones nocturnos.
Los resultados mostraron que aquellos participantes que tomaron suplementos diarios de vitamina D no solo registraron puntajes cognitivos hasta un 13% más altos en comparación con quienes no consumían el suplemento, sino que también experimentaron una mejora sustancial en la estructura de su descanso.
El estudio evaluó a 54 participantes con deterioro cognitivo leve o potenciales trastornos del sueño. Foto: Shutterstock.
En concreto, las dosis moderadas y altas se asociaron con un incremento significativo en la duración de la fase REM, una etapa crucial para la consolidación de la memoria y la regulación emocional. “Comprender cómo la suplementación de vitamina D se relaciona con el sueño REM es de vital importancia, ya que tanto los trastornos del descanso como la deficiencia de esta vitamina son extremadamente comunes en personas con deterioro cognitivo leve”, explica la investigación.
“En adultos mayores que experimentan tanto trastornos del sueño como deterioro cognitivo leve, esto puede representar una ventana crítica para la intervención, cuando los cambios cognitivos están surgiendo, pero aún pueden existir oportunidades para apoyar la salud cerebral”, dijo Pak en el comunicado oficial de la universidad.
La investigación encontró que el rendimiento cognitivo no difirió según la forma de vitamina D: la D2, que suele obtenerse de plantas u hongos, o la D3, producida después de la exposición al sol o el consumo de alimentos de origen animal.
Pak destaca que estos hallazgos posicionan a la vitamina D como un factor potencialmente modificable y de bajo costo para intervenir a tiempo en las etapas tempranas del deterioro neurológico.
El estudio fue financiado por los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos (NIH, por sus siglas en inglés) y sugiere que la intervención nutricional dirigida por médicos podría complementar los tratamientos estándar para los trastornos del sueño y el deterioro cognitivo.
Los científicos también han descubierto que los receptores de la vitamina D están ampliamente distribuidos en las regiones del cerebro responsables del ritmo circadiano y los procesos de memoria.
Los NIH establecen los siguientes requerimientos para una función correcta: 400 UI (10 mcg) para bebés hasta 12 meses; 600 UI (15 mcg) para niños y adultos hasta 70 años; y 800 UI (20 mcg) para adultos mayores de 71 años.
En cualquier caso, los investigadores enfatizaron que se trata de un estudio preliminar y que se requieren ensayos clínicos aleatorizados más amplios para determinar las dosis exactas requeridas y establecer recomendaciones clínicas preventivas.
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