Los arquitectos Rodrigo del Castillo y Paula Casado, de CDC Arquitectura, abordaron la transformación de un PH deteriorado y prácticamente inhabitable a través de una estrategia que reorganiza integralmente la vivienda. La intervención no busca únicamente recuperar el inmueble, sino redefinir su lógica espacial a partir de una nueva manera de habitarlo.
La operación principal consiste en reorganizar la planta para consolidar un espacio doméstico más integrado y flexible. Con ese objetivo, se demolieron la cocina y el baño originales, permitiendo trasladar la circulación hacia el interior de la vivienda y liberar el acceso desde el patio.
La cocina combina guatambú, acero inoxidable y un acento de color naranja.
Esta decisión genera una secuencia espacial más fluida, donde los distintos ambientes se articulan visual y funcionalmente en torno a un espacio común.
Una pieza que ordena la vivienda
La estrategia proyectual se materializa a través de un gran equipamiento lineal apoyado sobre una medianera. Más que un mueble, esta pieza funciona como el elemento estructurador de toda la vivienda.
Planta baja.
Realizada en enchapado de guatambú y resuelta con discretas perforaciones circulares como tiradores, concentra una serie de programas que habitualmente aparecen dispersos y los reúne en una única operación arquitectónica.
Planta alta.
A lo largo de su desarrollo, la pieza modifica su configuración para responder a distintos usos. En el sector central incorpora la cocina; en el área de estar integra el soporte para televisión; y hacia el comedor se transforma en la escalera que conduce al entrepiso.
Corte.
Bajo sus peldaños se genera un espacio destinado a las mascotas, mientras que en el baño aloja funciones de lavadero y almacenamiento oculto. Esta concentración de servicios libera el resto de la planta y favorece una lectura continua de los espacios.
La escalera integra acceso al entrepiso y espacios de guardado.
La incorporación del entrepiso permite aumentar la superficie útil sin alterar la huella original de la vivienda. Destinado al área de descanso, balconea sobre el comedor y contribuye a ampliar la percepción espacial del ambiente principal.
La relación entre el entrepiso y el patio aporta profundidad y luz natural al interior.
Debajo de este nivel se ubica un pequeño baño contenido dentro de un volumen claramente identificado por un revestimiento exterior en tono amarillo claro. El tratamiento cromático enfatiza la condición autónoma de esta pieza y refuerza la idea de un núcleo de servicios integrado dentro de una única intervención.
El baño queda integrado dentro del volumen que concentra los servicios de la vivienda.
Materialidad y continuidad espacial
La materialidad acompaña la búsqueda de unidad espacial. Sobre una base de muros neutros, el proyecto utiliza el color y las texturas para jerarquizar elementos específicos y orientar la percepción del recorrido interior.
El área de descanso aprovecha la altura disponible sin ampliar la huella original.
El guatambú aporta calidez y continuidad a lo largo de toda la vivienda, mientras que la mesada de acero inoxidable introduce un contrapunto de carácter más técnico en la cocina. En ese mismo ámbito, una alacena laqueada en color naranja funciona como acento visual y aporta intensidad dentro de una paleta controlada.
La cocina se integra al patio mediante una continuidad material y visual.
El tratamiento de los pisos también contribuye a reforzar la organización espacial. Las baldosas rectangulares de terracota establecen una continuidad material entre el patio y la cocina, fortaleciendo el vínculo entre interior y exterior y ampliando visualmente el espacio.
El patio de acceso aporta luz y ventilación a los ambientes principales.
En el resto de la vivienda, un piso de terrazo claro unifica comedor, estar y baño mediante una superficie continua que reduce los límites perceptivos entre ambientes.
El equipamiento reúne guardado, circulación y servicios en una única intervención.
Las aberturas de aluminio blanco mate completan la estrategia al favorecer el ingreso de luz natural y extender la relación con el patio de acceso. De esta manera, la vivienda gana luminosidad y profundidad visual sin recurrir a compartimentaciones innecesarias.
Las aberturas corredizas refuerzan la continuidad entre interior y patio.
Más que sumar superficie o incorporar nuevos recintos, la intervención propone una forma distinta de habitar una vivienda de dimensiones acotadas. La concentración de funciones en una única pieza arquitectónica permite liberar espacio, simplificar la organización doméstica y potenciar la continuidad espacial.
Los distintos usos conviven dentro de una planta abierta y flexible.
El resultado es un PH donde la arquitectura actúa como un sistema de organización capaz de maximizar los recursos disponibles y construir una experiencia espacial más amplia de lo que su escala podría anticipar.
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