La colección Miradas, una publicación de la editorial Gris Tormenta en la que un escritor elige los cinco textos que mejor representan para él un concepto literario, reúne libros sobre Estados Unidos, la infancia, el yo y la locura. Tan afecto como fue a las enumeraciones de términos heterogéneos y a las series integradas con elementos dispares, la inclusión de Jorge Luis Borges a través de un libro compilado por Alberto Manguel se ajusta con pleno derecho al criterio amplio del catálogo.

Adolfo Bioy Casares, Victoria Ocampo y Jorge Luis Borges, en Mar del Plata, en 1935.

Cinco miradas sobre Borges, el volumen preparado por Manguel, incluye textos de Adolfo Bioy Casares, Carlos Fuentes, Silvina Ocampo, Marguerite Yourcenar y Muhammad Zafzaf. Se trata de memorias, ensayos y ficciones que a pesar de su diversidad tienen puntos en común, entre ellos la reflexión sobre la incidencia de la ceguera en la vida y en la literatura del autor de El Aleph. “Perder la vista ha dado a Borges más sagacidad para ver”, afirma Silvina Ocampo.

En una breve presentación, Manguel destaca el lugar de la biblioteca como representación del universo y “noción central” en la obra de Borges. También la figura del escritor como maestro, y para demostrar mejor el reconocimiento cita a quienes lo ponen en duda, como Leopoldo Marechal lo hizo a través de una parodia y Ernesto Sábato mediante un elogio ambiguo cuando la revista Sur lo invitó a colaborar en un desagravio a Borges.

Los textos de Bioy Casares y Silvina Ocampo provienen de un número de la revista Cahiers de l’Herne (1964) que gravitó en la difusión internacional de Borges, y fueron escritos para un público que lo desconocía.

Bioy Casares detalla incluso a lo largo de tres páginas temas de conversación compartidos “en tardes y noches” y “que tal vez algún estudioso de Borges agradezca”: la lista incluye otros autores y libros, géneros literarios, problemas filosóficos, lenguas artificiales, argumentos, formas de narrar y cuestiones tan particulares como “formulación de una ética”, “la estatua de Condillac” y “el pueblo de Morón”.

Un episodio mítico

Bioy Casares celebra la amistad y su iniciación literaria con Borges al recordar un episodio mítico compartido por ambas biografías: el texto publicitario que redactaron por encargo de una marca de yogur, en la estancia familiar de la localidad bonaerense de Pardo.

Aquel folleto significó para mí un valioso aprendizaje; después de su redacción yo era otro escritor, más experimentado y avezado”, según recuerda. También fue el punto de partida para los cuentos policiales y fantásticos, los guiones para cine, artículos, prólogos y edición de antologías que realizaron en colaboración.

Borges propuso reglas y restricciones para la escritura del género policial y el cuento breve, como hizo en “Los laberintos policiales y Chesterton”, un artículo publicado en 1935 por la revista Sur.

Bioy Casares matiza ese aspecto del maestro al recordar un cuento que planearon ambos en conjunto con Silvina Ocampo y finalmente no escribieron. El protagonista era un joven literato de provincia que al investigar a un escritor malogrado descubría una lista de prohibiciones desmesurada y contradictoria, lo que en definitiva le había impedido escribir.

El amigo también se fastidia con “la habitual antinomia entre los libros y la vida” y “la imagen de Borges aislado del mundo”. Pero el recuerdo con el que quiere desmentir ese lugar común no parece muy convincente, porque muestra a Borges abstraído en el mundo de sus creaciones: “Cuando nos encontramos para trabajar en los cuentos, suele anunciarme que trae noticias de tal o cual personaje. Como si los hubiera visto, como si viviera con ellos”.

Silvina Ocampo cuenta que hasta el momento no existe un retrato de Borges y con algo de indiscreción resalta que la hermana, Norah Borges, dibujante, no lo ha realizado.

Su artículo, “Imágenes de Borges” no se refiere tanto a cuestiones literarias como a intimidades de la amistad y a aspectos personales, lo que deriva en afirmaciones sorprendentes como que “a Borges le gustan los puentes” y que en consecuencia solía llevar a los escritores que lo visitaban a recorrer el Puente Alsina, “uno de los rincones más sucios y lúgubres de Buenos Aires”.

Ocampo da cuenta del afecto y también de la irritación ante Borges. “Lo he detestado a veces; lo odié a causa de un perro”, dice. La referencia es Lurón, un caniche al que ella perdió en la playa y al que menciona en cartas a su hermana Angélica Ocampo: “No tengo otro tema. Lurón ocupa actualmente uno de los lugares más importantes en mi vida”. Borges no estaba al tanto, ya que le resta importancia al extravío del perro.

Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares. Foto: archivo Clarín.

El texto de Silvina Ocampo cubre de extrañeza la imagen convencional de Borges al examinarla fuera de la biblioteca y de los libros. Cuando lo conoció, dice, “tenía bigotes y grandes ojos asombrados”.

Se explaya sobre la relación del escritor con temas como los postres (“le encanta el dulce de leche”), los disfraces y los animales. Y avanza sobre la intimidad con más observaciones raras: “Le gustan las mujeres bonitas. Sobre todo si son feas, porque así puede inventar las caras con mayor libertad. Se enamora de ellas”.

Muhammad Zafzaf (1945-2021) “fue una voz señera de la narrativa marroquí contemporánea”, dice Manguel, y escribe un cuento en el que Borges, ya muerto y en el otro mundo, asiste como testigo al juicio de Al-Afshín, “aquel general de alto rango que comandaba los ejércitos del califa Al-Mutásim”. Tanto este texto como “Borges en acción”, un pastiche de Carlos Fuentes que incorpora y parafrasea desde “El Aleph” a “El jardín de senderos que se bifurcan”, dan cuenta de la fascinación ante el escritor argentino y algunos de sus temas, como los espejos y la biblioteca.

En “Borges o el vidente”, conferencia pronunciada en 1986, Marguerite Yourcenar pone en juego el arquetipo del poeta ciego vigente desde la cultura griega.

“No creo que la ceguera bastara para enseñar a Borges la clarividencia y la cordura, pero es un hecho que estas dos cualidades crecieron con la pérdida general de la vista –sostiene la escritora, primera mujer en ser admitida en la Academia francesa–. En vez de ser un motivo de tristeza lírica, fue para él un medio de ver el mundo, en un sentido más amplio que de ordinario se da a esa palabra, y de verse”

Conversaciones personales

Yourcenar cita conversaciones personales con Borges alrededor de la ceguera y opone la idea del vidente a la del visionario. Borges respondería al primer tipo, donde la ceguera habilitaría otras posibilidades: una mirada interior “liberada de las habituales limitaciones oculares”, que se extiende más en el tiempo y en el espacio y difiere del visionario al estilo del sueco Emanuel Swedenborg porque “no inventa, no delira”.

En el pasaje central de la conferencia, Yourcenar analiza cuentos, temas y símbolos y produce una relectura al reparar en temas ausentes en la obra de Borges, como el de la realización amorosa y la exaltación nacionalista.

En los cuentos fantásticos de Borges, dice, “suelen hallarse ausentes lo sobrenatural, la magia, lo subhumano y lo sobrehumano, o bien desaparecen rápidamente ante una explicación”; los textos que aborda, entre ellos “Pierre Menard, autor del Quijote”, son “cuentos epistemológicos” en su opinión y en ellos “el ciego ha puesto, más seguro que nunca, la nitidez de su mirada y su noción de las proporciones”.

Alberto Manguel fue director de la Biblioteca Nacional. Foto: Ruben Digilio.

Yourcenar también sigue el linaje de las armas, como Borges reconstruye el pasado de su bisabuelo militar en el siglo XIX y el de los guerreros sajones y daneses a los que se creía emparentado por su bisabuela Haslam, originaria del norte de Inglaterra. No obstante, su desconocimiento de la historia argentina le juega una mala pasada cuando afirma que “la segunda dictadura de Perón (en 1972)” –por el gobierno constitucional de 1973–1974– “le costó a Borges el exilio”.

Cinco miradas sobre Borges contribuye así a observar al gran escritor desde ángulos distintos. Pero el movimiento es reversible: en sus aproximaciones, cada lector se descubre a si mismo en sus intereses, sus atracciones y sus rechazos, una carga emotiva e intelectual que no se movilizaría sin la obra inagotable del maestro.


Cinco miradas sobre Borges, edición de Alberto Manguel (Gris Tormenta).