Durante años, el filósofo sueco Nick Bostrom fue uno de los grandes referentes del pesimismo en torno a la inteligencia artificial. Su libro Superinteligencia, publicado en 2014, popularizó escenarios en los que una IA fuera de control podía convertirse en una amenaza existencial para la humanidad.
Ahora, sin embargo, el pensador ha sorprendido con un enfoque mucho más optimista. En una entrevista concedida a la revista Wired, Bostrom sostiene que incluso el riesgo de que la IA salga mal podría merecer la pena si a cambio abre la puerta a un “mundo resuelto”, una sociedad de abundancia radical donde los humanos queden liberados de sus limitaciones actuales.
“Deberían perseguir la IA avanzada y la promesa de un ‘mundo resuelto’”, plantea el filósofo. Bajo su punto de vista, aunque la inteligencia artificial entrañe grandes peligros, también podría ayudarnos a escapar de lo que llama “la sentencia de muerte universal” de la humanidad.
Del miedo existencial a la utopía tecnológica
Bostrom se define ahora como un “optimista preocupado”. El filósofo sigue creyendo que la superinteligencia artificial podría representar un riesgo existencial, pero también piensa que, si logramos controlar la transición hacia esa nueva era tecnológica, la IA podría resolver problemas que hasta ahora parecían inevitables.
“Si nadie la crea, todos mueren”, afirma en su entrevista, haciendo referencia a la mortalidad humana. Su razonamiento es sorprendente y provocador: aunque la IA avanzada implique riesgos, podría permitir extender radicalmente la vida humana o incluso superar algunos límites biológicos que tenemos hoy en día.
Esta visión conecta con las ideas que el propio filósofo ha defendido durante años desde el Instituto para el Futuro de la Humanidad de Oxford. Bostrom lleva tiempo sosteniendo que la IA obligará a replantear conceptos básicos como la identidad, la democracia, el tiempo o incluso la muerte.
La metáfora de las “bolas negras” de Bostrom
En entrevistas anteriores, el filósofo explicaba su famosa metáfora de las “bolas negras”: los avances tecnológicos serían como bolas extraídas de una urna. Algunas son blancas, porque benefician enormemente a la humanidad; otras son grises, porque tienen efectos ambiguos. Pero existe el riesgo de que algún día aparezca una “bola negra”, una tecnología capaz de provocar el colapso de la civilización.
“La IA podría ser un riesgo incluso para la existencia de la humanidad”, advertía. Aun así, también cree que esa misma tecnología podría ayudarnos a afrontar amenazas futuras derivadas de otros avances como la biología sintética o la nanotecnología.
Una humanidad “jubilada” del trabajo
En su libro más reciente, Deep Utopia, Bostrom imagina un escenario donde la inteligencia artificial genera tanta abundancia que gran parte del trabajo humano deja de ser necesario. El experto asegura que sería algo parecido a una “gran jubilación para la humanidad”.
“Si tienes que sacrificar la mitad de tus horas de vigilia haciendo un trabajo que no disfrutas, es una situación lamentable”, señala el filósofo en su entrevista. Según su visión, la automatización podría liberar a las personas de la monotonía laboral y permitirles dedicar su tiempo a actividades creativas o espirituales.
Sin embargo, Bostrom reconoce que este escenario ideal solo sería posible si la IA se desarrolla correctamente y bajo sistemas de gobierno capaces de repartir esa abundancia de forma justa. También insiste en que el gran reto sigue siendo el problema de la alineación: conseguir que las futuras superinteligencias actúen de acuerdo con los valores humanos.
Aun así, el propio Bostrom admite que seguimos moviéndonos en un terreno marcado por la incertidumbre. “Soy moderadamente fatalista”, reconocía en una entrevista a La Vanguardia. El experto insiste en que la IA podría ser la mejor herramienta jamás creada por la humanidad… o convertirse en la tecnología que nos obligue a replantearnos qué significa ser humano.
Helena Ortega
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