John Ronald Reuel Tolkien, más conocido como J.R.R. Tolkien, suele ser considerado "el padre de la literatura fantástica moderna". Autor de las monumentales novelas "El Hobbit" y los tres volúmenes de "El Señor de los Anillos", las voces de sus personajes evocan lecciones que mantienen un hilo filosófico en común.

Nacido en la ciudad de Bloemfontein el 3 de enero de 1892, ubicada en la actual Sudáfrica -en aquel momento el Estado Libre de Orange-, debido a que su padre, Arthur Reuel Tolkien, trabajaba como gerente de la sucursal del Banco Británico de África Occidental, volvió a Inglaterra a los tres años de edad.

Aquel regreso se tiñó de tragedia tras la sorpresiva muerte de su padre, quien murió el 15 de febrero de 1896 por una fiebre reumática. La familia se quedó sin ingresos y su madre, Mabel, se llevó a sus dos hijos a vivir con sus parientes en Birmingham.

J.R.R Tolkien en un retrato que data de 1925. Foto: Wikimedia Commons/Dominio público

Los hermanos Tolkien quedaron huérfanos a los 12 años luego de que su madre falleciera tras sufrir complicaciones de diabetes en 1904. Ronald y Hilary pasaron su adolescencia en orfanatos y fueron educados por el padre Francis Xavier Morgan, un sacerdote católico del oratorio de Birmingham.

A los 16 años, el futuro filólogo, lingüista, profesor universitario y escritor que adoptó la nacionalidad británica de sus difuntos padres conoció a Edith Mary Bratt, quien se convertiría en su esposa ocho años más tarde tras un reencuentro donde él le confesó su amor y ella dejaría a su entonces prometido para casarse con él.

Ese matrimonio lo acompañó toda su vida: estuvieron 56 años de casados y su relación fue una inspiración para algunos de los personajes que creó. J.R.R. Tolkien murió el 2 de septiembre de 1973 en Bournemouth, Inglaterra, a los 81 años.

La frase sobre la mesa compartida, la música y la verdadera felicidad

Son muchas las frases que se popularizaron de sus obras inoxidables. "Si muchos de nosotros diéramos más valor a la comida, a la alegría y a las canciones que al oro atesorado, este sería un mundo más feliz", es un gran ejemplo que data de 1937, año en que se publicó "El Hobbit".

J.R.R Tolkien, exponente de la literatura de fantasía heróica del siglo XIX. Foto: AFP

La pronuncia el personaje Thorin Escudo de Roble en su lecho de muerte en el capítulo 18, titulado "El viaje de vuelta". Se dirige al hobbit Bilbo Bolsón para reconciliarse con él tras haber sido cegado por la codicia del tesoro de Erebor.

La cita sintetiza uno de los temas centrales del universo de Tolkien. La sencillez de los hobbits contrastada con la corrupción y obsesión por el poder material.

El corazón ético de este autor se expresa en su concepto de "enfermedad del dragón", el nombre que le da la forma extrema de codicia irrazonable, paranoia y el deseo de acumular grandes riquezas materiales, que en la ficción refiere especialmente el oro y los tesoros custodiados por un dragón.

Menciona tres elementos: la comida, la canción y la alegría. Los tres comparten una característica fundamental: ninguna se disfruta en aislamiento, sino en comunidad.

J.R.R Tolkien fue reconocido a nivel mundial por sus novelas clásicas de fantasía heroica. Foto: Wikimedia Commons/Dominio público

Aquella mesa compartida que evoca como punto de encuentro; la música como expresión de alma, arte popular y memoria colectiva; y la alegría como resultado directo de cultivar vínculos humanos; son el combo de lo que define como ese potencial mundo colmado de mayor felicidad.

Una lección atemporal sobre la codicia

La paradoja que plantea Tolkien radica en que el ser humano suele sacrificar el instante y los valores que se cultivan en las relaciones vitales para perseguir los medios que sustentan esa misma vida, es decir, la riqueza acumulada.

En el mundo moderno esa riqueza no se traduce solo en dinero, sino también en activos simbólicos como la visibilidad en las redes sociales, el estatus laboral y la productividad constante.

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Los temas de la vida cotidiana que trata la literatura

La velocidad y la acumulación de tareas en una rutina voraz donde el tiempo parece no alcanzar, lleva al mismo miedo que encubre esa frase con absoluta vigencia: el miedo a no tener o no parecer suficiente.

El arte y la música pasaron de ser actividades grupales y en persona a convertirse en consumo individual en plataformas de streaming. Entonces, aquella frase del universo literario de Tolkien invita a la oportunidad de reivindicar el valor de la pausa compartida.

También sugiere que la felicidad verdadera no proviene solo de acumular sus recursos, sino de habitarla con respeto. Desarmar la prisa y apostar por la convivencia y la creación cultural son los principios detrás de su obra, donde el heroísmo se nutre de las capacidades más humanas.