El Museo Moderno celebra su 70 aniversario con la inauguración de cinco exposiciones simultáneas, acompañadas de un programa público de actividades para el fin de semana que tendrá jornadas de debate, una noche de artistas, una visita a las reservas y una fiesta con música en vivo.

Moderno y MetaModerno. Edición 70 Aniversario. Foto: JosefinaTommasi, gentileza Museo Moderno.

Las exhibiciones nuevas son Moderno y MetaModerno: Edición 70 Aniversario, con una selección de piezas de entre las más de 8 mil que componen al importante patrimonio –que adquirió alrededor de 800 en los últimos años–; Océano interior y Naturaleza arquitecta, con la participación de artistas nacionales e internacionales de gran relevancia actual; y los proyectos Ariel Cusnir: Desde el origen y Ana Gallardo: Materiales para la memoria, que continúan con las intervenciones del hall y el café de la institución para abordar distintas historias.

“Ante un aniversario uno puede tomar muchas decisiones, como ponerse nostálgico, pero no es lo que nos interesa: queremos pensar y apostar por un ‘museo del futuro’, aprender de la historia pero para construir una sociedad más sana, justa, donde haya más libertad de expresión”, señala la directora del Moderno, Victoria Noorthoorn. “Todo lo que hacemos es para representar a la comunidad artística inmensa que tenemos, que consideramos la más desplegada del mundo”, añade.

Naturaleza arquitecta, en Museo Moderno. Foto: JosefinaTommasi, gentileza Museo Moderno.

Habitando el Futuro

Estas nuevas exposiciones son la primera parte del programa Habitando el Futuro, que continuará en la segunda mitad del año con cinco muestras más. Su eje serán investigaciones sobre la relación con la tierra y el medio ambiente, a las cuales el arte, el diseño y la arquitectura darán diferentes formas y perspectivas.

En ese sentido, aparece enaltecido el agua como génesis de la vida y como horizonte, en un gran mural de acuarela hecho por Ariel Cusnir que recibe al visitante ni bien ingresa, en el hall. Fue pintado con auténtico agua de mar que trajo el artista de las playas argentinas.

En una línea parecida, en el mismo piso hacia la derecha, está la muestra Naturaleza arquitecta, que propone “diseñar” el futuro que viene: la exposición parte de la idea del arquitecto brasileño Paulo Tavares –ganador del León de Oro en la Bienal de Arquitectura de Venecia de 2023–, de pensar la selva como monumento arquitectónico, abordarla como patrimonio para, de esa manera, “generar una mayor una empatía hacia la protección de las explotaciones”, sugiere la directora.

Con luz tenue y paredes de un marrón dorado, oleaginoso, que proporcionan la justa y amena claridad, esta sala invita a pasar un rato, a perder un poco la noción del tiempo. Hay mapas interactivos, archivos e investigaciones sobre, por ejemplo, la historia de las hojas, o la naturaleza creadora de las telarañas como modelos de colaboración entre especies hecha por Tomás Saraceno; o sobre los paisajes marcados por el extractivismo hecha por Florencia Levy. A todas se las descubre en la mesa curva de madera que guía este recorrido sinuoso inspirado en los ríos.

Uno de los grandes desafíos fue, en ese sentido, el diseño de sala: lograr que facilitara la concentración para zambullirse en cada uno de los relatos, aunque excedieran lo meramente visual. De dicho trabajo se encargaron los diseñadores Daniela Thomas, Felipe Tassara, Iván Rösler y Gonzalo Silva.

Océano interior. Obra de Max Hooper Schneider. Foto: JosefinaTommasi, gentileza Museo Moderno.

“La decisión de las mesas tuvo que ver con que son el espacio natural de la investigación, además de que la madera es una materialidad que dialoga con el concepto de naturaleza y es versátil para después donar, que las más usualmente usadas en museografía. En la otra sala, el recorrido sinuoso continúa en una arquitectura de cartón. Este diseño marca el comienzo de una estética del museo que este año tendrá que ver con la exploración del universo: el subsuelo será el océano, las salas superiores estarán inspiradas en lo que pasa en el cielo, la “nube” incluso cuando es digital, planteando preguntas, y el centro será la tierra, abordando todo lo que se vincula con ella”, explica Rösler.

Curada por Patricio Orellana junto con Noorthoorn, a esta sala la precede un mural de barro de río hecho por el rosarino Manuel Brandazza, que se extiende hacia adentro con esgrafiados poéticos.

Participan de la muestra también artistas como Cusnir, con un trabajo sobre la anatomía de las hormigas, o Valeria Maggi, reciente ganadora del Premio Fundación Santander a las Artes Visuales, que pinta con óleos que ella misma produce; Virginia Buitrón con una serie de retratos de raíces, o el zimbabuense Felix Shumba –quien representa este año a su país en la 61ª Bienal Internacional de Arte de Venecia–, aquí con una carbonilla inmensa que abstrae y envuelve al público en un bosque nocturno y ancestral recreando ese momento difuso previo al amanecer.

En el subsuelo del museo, la experiencia es de descenso, de profundidad, propone mirar y pensar el océano para recuperar claridad. Curada por el español Alfredo Aracil, en diálogo con Noorthoorn y Orellana, toma como punto de partida la obra del artista francosuizo Julian Charrière para concebir la bajada al fondo marino como una transformación capaz de inspirar un mejor entendimiento de las cosas.

Moderno y MetaModerno. Edición 70 Aniversario. Foto: JosefinaTommasi, gentileza Museo Moderno.

Restos industriales

Hay ahí una instalación del estadounidense Max Hooper Schneider, titulada "Ángel Caído", especialmente hecha para esta muestra que, con restos industriales, imagina un futuro más allá de la intuición de colapso. La escena trae un helicóptero estrellado, roto, convertido en máquina de lluvia arcoiris. De él baja una tormenta eléctrica y tóxica que se conecta a la tierra para encender, sorpresivamente, colores y sonidos vitales, que esbozan preguntas sobre el auténtico “end point”, estimulando otras perspectivas.

Es la obra más colorida de esta sala bien espaciosa y fresca, que después subyuga a la casi total introspección del fondo del océano, sus seres, el silencio de los glaciares, lo hipnótico de las piedras marítimas y sus formas inscritas en pedestales iluminados en la oscuridad.

Arriba, la muestra Moderno y MetaModerno: Edición 70 Aniversario tiene distintos momentos: todos homenajean a la colección del museo creada en el 56 por Rafael Squirru –fundador y primer director del lugar– y a la innovación de subjetividades en las adquisiciones más recientes que continúan con el legado. "Platonic Love" se inspira en un dibujo de Gachi Hasper para una agrupación exquisita de piezas históricas de la abstracción geométrica, en diálogo con otras identitarias del diseño argentino gráfico e industrial seleccionadas por el curador Franco Chimento.

Océano interior. Obra de Max Hooper Schneider. Foto: JosefinaTommasi, gentileza Museo Moderno.

“Las mujeres del arte dan a este género, históricamente representado por hombres, más curiosidad, lo vuelven más afectivo, lúdico, humano en definitiva. Gradualmente pusimos énfasis en una mayor equidad de género en la colección”, describe Noorthoorn. “Esta sala es una fiesta del arte argentino y federal”.

Hay tesoros, como un trío de obras del tucumano Sandro Pereira que son graciosos autorretratos haciendo ejercicio, posteriores al Monumento público al Sánguche de Milanesa por el cual se hizo conocido.

Esta sala debate, de algún modo, con la que le sigue, más centrada en el Informalismo, con obra de artistas como Alberto Greco, Rubén Santantonín, Emilio Renart, León Ferrari y Marta Minujín.

“El Informalismo produjo un giro radical en la pintura al incorporar materiales como trapos, maderas quemadas y alambres, y desafiar las convenciones del arte abstracto dominante con nuevas formas experimentales”, señalan desde el museo en la recorrida de prensa. ”Los artistas contemporáneos renuevan la importancia de las preguntas que se hicieron los históricos”, sostiene la directora.

Entre las piezas de esta sala con paredes más curvas hay, hacia el centro, una recreación especialmente realizada por Eduardo Basualdo de una de sus obras de Pupila, la primera exhibición museográfica que presentó en Argentina –aquí mismo–.

Dramática y oscura, esta instalación es de una textura gigante, opaca; una especie de catástrofe que se llevó puestos desde cuerpos hasta minerales, estructuras, murallas y así también las jerarquías entre ellos. Todos son lo mismo sepultados bajo esta masa rugosa y existencial. Aparece además un nuevo personaje en la escena que en la muestra anterior no estaba: el de un cronista que atestigua la secuencia.

Museo Moderno. Foto: Guido Limardo, gentileza Museo Moderno.

En los pasillos, un desfile de retratos curado por Raúl Flores. Setenta imágenes de fotógrafos como Annemarie Heinrich, Sameer Makarius, Gian Paolo Minelli, Anatole Saderman y Aldo Sessa, exhiben un poder de observación capaz de capturar la intensidad expresiva de otros grandes artistas, y conmueven al revelar la cercanía entre colegas.

Arte durante la dictadura

Se hace presente también la intensidad material de la Nueva Figuración en otro núcleo de la muestra que precede al que aborda el arte durante la dictadura y sus efectos posteriores. Hacia los 50 años del golpe de estado, intervienen al recorrido obras poderosas de Alberto Heredia, León Ferrari y Luis Pazos, entre otros grandes artistas que utilizan el cuerpo, el lenguaje y la experimentación material para denunciar la violencia política.

En esa misma línea, la artista rosarina Ana Gallardo intervino el café del museo con un trabajo sobre los afectos en torno a la mesa, que como un set, traslada rápidamente a esos livings cálidos llenos de vivencias. El fondo de este comedor es ahora una pintura ampliada hecha por su madre, también artista, que falleció cuando ella tenía solo siete años. A partir de esta relación con la ausencia familiar y el recuerdo cotidiano, la rosarina visitó durante el último año a diversas familias de nuestro país cuyos hijos fueron desaparecidos.

Obra de Eduardo Basualdo en Moderno y MetaModerno. Edición 70 Aniversario. Foto: JosefinaTommasi, gentileza Museo Moderno.

Como cierre, una mención especial a la última parte de la muestra de la colección –de vuelta al piso superior–, con obras posteriores al regreso de la democracia que revelan cicatrices, pero también marcan el andar de una progresión festiva, esperanzadora, la que va de los años ochenta –y su fuerte expresividad vinculada a los circuitos underground y las nuevas formas de sociabilidad de ese entonces–, a los noventa, que devienen en obras aún más íntimas, experimentales, y en un contexto de cuidado colectivo.

Se intercalan en este último núcleo, diseños bien locos de Sergio De Loof en una pasarela de maniquíes, con pinturas sensuales y elegantes de artistas como Valentina Quintero y Carrie Bencardino, o esculturas calientes y un poco más hardcore de artistas como Nicanor Aráoz; en una puesta que inspira, evoca a la resiliencia del pueblo, recuerda la luz al final del túnel y da valor a lo que está siendo creado en los talleres en este momento.


Moderno y Metamoderno: Edición 70 Aniversario, Océano interior y Naturaleza Arquitecta, en el Museo Moderno (Av. San Juan 350). Los miércoles con entrada gratuita.