Las temperaturas extremas volvieron a instalar un recurso llamativo en ventanas y balcones de distintos países europeos: cubrir los vidrios con papel de aluminio para intentar reducir el ingreso de calor, una alternativa económica que no requiere obras pero cuya eficacia depende de un detalle fundamental: el lugar donde se coloca.

Durante los últimos meses, imágenes de ventanas revestidas con material reflectante comenzaron a circular en redes sociales, especialmente a partir de las olas de calor registradas en Europa. El método puede tener una explicación física, aunque no reemplaza las soluciones previstas para mejorar el comportamiento térmico de una vivienda.

El arquitecto francés Vicent Parasie, quien reside en Barcelona desde hace más de 20 años y está al frente de Atelier Parasie, considera que se trata de una alternativa "económica y superficial", pensada para responder a una situación puntual y no para resolver las deficiencias térmicas de un inmueble.

Por qué importa dónde se coloca el aluminio

La clave está en impedir que la radiación solar llegue directamente al vidrio. Cuando el papel se coloca en la parte exterior, la superficie reflectante devuelve una proporción importante de esa radiación antes de que pueda atravesar la ventana.

El aluminio puede reflejar entre el 95% y el 98% de la radiación solar, por lo que su comportamiento puede compararse, en determinados aspectos, con el de una persiana, un toldo o una protección solar exterior.

El aislamiento de fachadas y cubiertas también resulta clave para limitar el ingreso de calor en una vivienda.

La arquitecta Lourdes Treviño, especializada en arquitectura pasiva, ha difundido en las redes de la compañía FreeHand Arquitectura, contenidos relacionados con el uso del aluminio frente a episodios de calor.

En uno de sus videos, utiliza una comparación sencilla para explicar el principio: "Es como cuando nos ponemos un sombrero para protegernos del sol: si además ese sombrero está térmicamente preparado, protege todavía más".

La situación cambia cuando el aluminio se instala en la cara interior del vidrio. En ese caso, la radiación solar ya atravesó la ventana antes de encontrarse con la superficie reflectante.

El resultado puede ser una acumulación de calor entre el cristal y el material, especialmente cuando la exposición solar es intensa. Además, las diferencias de temperatura pueden generar tensiones térmicas en determinados acristalamientos y aumentar el riesgo de daños en vidrios que ya presentan desperfectos.

Por otra parte, el aluminio solo actúa directamente sobre la radiación solar. No evita que el calor ingrese por paredes, techos o cerramientos con un aislamiento deficiente, ni soluciona por sí mismo la falta de ventilación.

Qué opciones son más eficaces

Frente a este recurso improvisado, los expertos aseguran que las alternativas más eficaces son las protecciones solares exteriores, como persianas, toldos, contraventanas o lamas orientables.

Las protecciones solares colocadas en el exterior evitan que la radiación alcance directamente el vidrio.

También recomiendan mejorar el aislamiento de fachadas y cubiertas, incorporar ventanas eficientes, doble acristalamiento y vidrios con control solar cuando sea posible.

En viviendas donde no se pueden realizar reformas, una estrategia complementaria consiste en ventilar durante la noche y las primeras horas de la mañana, cuando la temperatura exterior es menor, y mantener cerradas las ventanas durante las horas de mayor calor.

El papel de aluminio puede servir como un recurso puntual y de bajo costo, pero no constituye una solución definitiva. Al quedar expuesto al viento, la lluvia y el sol, además, puede deteriorarse rápidamente y necesita ser revisado con frecuencia.

El consenso de los especialistas apunta así a una conclusión concreta: la protección contra el calor funciona mejor cuando se coloca antes de que la radiación llegue al vidrio, por lo que las soluciones exteriores siguen siendo más eficaces y duraderas.