Durante años, sectores de la costa de California que habían estado cubiertos por densos bosques submarinos de algas se transformaron en paisajes prácticamente desérticos. En el fondo marino quedaban principalmente rocas y enormes cantidades de erizos morados.
Para intentar revertir el proceso, investigadores, buzos y organizaciones de conservación comenzaron a retirar erizos de determinadas zonas. La estrategia parecía sencilla, pero implicó años de trabajo.
Los resultados mostraron que la intervención podía funcionar. Siete años después del inicio de uno de los programas, más de 55 acres —unas 22 hectáreas— de bosque de algas habían regresado a las áreas tratadas.
El proyecto se convirtió así en un caso de estudio sobre la posibilidad de restaurar ecosistemas marinos que parecían haber quedado atrapados en un estado degradado.
Por qué desaparecieron los bosques submarinos de California
Los bosques de kelp —grandes algas pardas que pueden formar estructuras similares a un bosque terrestre— proporcionan alimento y refugio a peces, invertebrados y numerosos organismos marinos.
El equilibrio comenzó a romperse en el sur de California décadas atrás. La reducción de algunos depredadores permitió que las poblaciones de erizos morados (Strongylocentrotus purpuratus) aumentaran y consumieran grandes cantidades de algas.
El problema se agravó con eventos de calentamiento del océano y otros cambios ecológicos que redujeron todavía más el kelp.
Cuando desaparece suficiente vegetación, los erizos pueden dominar el fondo y generar lo que los científicos denominan “urchin barrens”, o terrenos baldíos de erizos.
Cuando desaparece suficiente vegetación, los erizos pueden dominar el fondo del mar.
En esas condiciones ocurre algo particularmente difícil para la recuperación: aunque quede poco alimento, los erizos pueden sobrevivir durante largos períodos y continuar consumiendo los nuevos brotes de algas antes de que el bosque consiga restablecerse.
El plan de California para retirar los erizos morados
Uno de los proyectos más importantes comenzó en 2013 en Palos Verdes, al sur de Los Ángeles.
La estrategia se concentró en determinadas áreas degradadas. Buzos entrenados descendían hasta el fondo y eliminaban erizos morados para reducir su densidad a niveles que permitieran al kelp volver a crecer.
Así lucen los erizos de mar morados de los arrecifes.
No se trataba de erradicar la especie. Los erizos forman parte naturalmente del ecosistema y cumplen una función dentro de él. El objetivo era reducir poblaciones extraordinariamente densas en sitios donde el bosque ya había desaparecido.
Según los investigadores, durante el proyecto fueron retirados millones de erizos de decenas de acres de arrecife.
Una de las preguntas centrales era qué sucedería después. Sacar erizos podía disminuir la presión sobre las algas, pero eso no garantizaba que un ecosistema complejo pudiera reconstruirse.
Qué ocurrió siete años después
El seguimiento proporcionó una respuesta. En las zonas intervenidas, el kelp comenzó a regresar y pudo mantenerse con el paso del tiempo.
Para 2020, más de 55 acres de bosques de algas habían sido restaurados en Palos Verdes.
El cambio no consistió únicamente en observar más vegetación. Los investigadores encontraron diferencias entre las áreas tratadas y los terrenos de erizos que permanecían sin intervenir.
Los fabulosos bosques de algas en California.
Con el regreso del kelp también aumentó la complejidad del hábitat disponible para otras especies, una de las funciones fundamentales de estos bosques submarinos.
La recuperación mostró además que algunos arrecifes degradados pueden encontrarse en un estado ecológico estable pero empobrecido: si no existe una intervención suficientemente intensa, la presencia masiva de erizos dificulta que las algas regresen por sí mismas.
Por qué eliminar todos los erizos tampoco sería la solución
El resultado no significa que los erizos morados sean una especie perjudicial que deba desaparecer.
En un bosque de kelp saludable, algas, erizos y sus depredadores forman parte del mismo sistema. Los problemas aparecen cuando se pierde ese equilibrio y una población alcanza densidades capaces de impedir la regeneración del bosque.
Por eso, los programas de restauración buscan establecer umbrales: retirar suficientes ejemplares para que las algas puedan recuperarse sin eliminar completamente a los erizos del ecosistema.
La experiencia de California también deja una advertencia. La restauración local puede recuperar zonas concretas, pero no elimina las causas más amplias que favorecen la pérdida de kelp, entre ellas las olas de calor marinas y los cambios en las poblaciones de depredadores.
Aun así, lo ocurrido en Palos Verdes demostró algo que años atrás no estaba garantizado: incluso después de que un bosque submarino desaparece y el fondo queda dominado por millones de erizos, reducir suficientemente esa presión puede abrir una oportunidad para que el ecosistema vuelva a crecer.
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