Experto en la economía de las palabras, atravesadas por la emoción y la razón, Eduardo Galeano sacudió con su obra literaria la escena latinoamericana.

Los libros del periodista y escritor uruguayo fallecido en 2015 se tradujeron a más de 20 idiomas. Así atravesó continentes y generaciones con sus historias y pensamientos, que parecen no envejecer incluso ante su ausencia y el paso de las décadas.

"Yo creo que la función del escritor consiste en ayudar a mirar, que el escritor es alguien que quizás puede tener la alegría de ayudar a mirar", dijo el propio Galeano en 1986 durante una presentación en el Teatro San Martín, en Buenos Aires.

De soñar con ser futbolista y el nuevo Picasso a convertirse en Eduardo Galeano

Eduardo Hughes Galeano, nació en Montevideo el 3 de septiembre de 1940 y murió en su patria el 13 de abril de 2015, a los 74 años, a causa de un cáncer de pulmón.

Eduardo Galeano, en una plaza de Montevideo. Foto: Archivo Clarín / Pablo Bielli

Primero quiso ser "futbol-fiesta", como decía él en tono de humorada sobre su pasión frustrada como futbolista, de la que escribiría largo y tendido en su libro "El fútbol a sol y a sombra", publicado en 1995.

Antes de compartir su pluma con el mundo, Galeano fue obrero manual, empleado bancario, vendedor a comisión y dibujante. A los 14 años publicó su primera caricatura política en el semanario El Sol, del Partido Socialista uruguayo.

Confesó incluso que soñó con ser pintor, el nuevo Picasso, hasta que incursionó en la prensa gráfica, primero como editor en el semanario Marcha, y luego como director del diario Época, cuando tenía 24 años.

Sus artículos de opinión se hicieron muy populares, y en la Argentina fue el encargado habitual de las contratapas del diario Página/12. En 1963 publicó Los días siguientes, una novela corta a la que más tarde él mismo definiría como "bastante mala", a modo de mordaz autocrítica sobre sus inicios.

Eduardo Galeano inició su carrera periodística en 1960. Foto: AP

Sin embargo, faltaban solo ocho años para que el mundo conociera uno de sus grandes clásicos: "Las venas abiertas de América Latina", de 1971.

La escribió entre los 27 y los 31 años, y a través de ella se lo definió como un referente de la izquierda regional, pero siempre prefirió no identificarse directamente con un partido, sino con el socialismo.

"Probablemente no haya región en el mundo que contenga tantas maravillas escondidas como América Latina", sostenía Galeano. Luego llegaron tiempos de exilio: durante el golpe de Estado en Uruguay, el 27 de junio de 1973 fue encarcelado y obligado a dejar su país.

Se instaló en Argentina, donde dirigió la revista de cultura y política Crisis, que apostó a la difusión de cultura popular. Su siguiente destino fue España, una estadía que fue clave para seguir viendo Latinoamérica desde lejos.

Eduardo Galeano vivió en España durante su exilio: en la foto, junto a Joan Manuel Serrat. Foto: AFP

Allí gestó la trilogía "Memoria del fuego", publicada entre 1982 y 1986. "Fueron tres tomos, mil páginas, toda la historia de las Américas de norte a sur. Había que estar muy loco para emprender semejante aventura. Muy loco o muy exiliado", manifestó el propio autor en una entrevista.

Recién en 1985 volvió a su Montevideo natal, donde muchos vecinos aseguran que era habitual encontrarlo caminando por la costanera.

La identidad y la voz humana, en la pluma de Eduardo Galeano

En la obra de Galeano la identidad y la voz humana no son abstracciones teóricas, sino materias vivas que se entrelazan constantemente. No plantea la identidad como un dogma guardado o algo estático y propone asumir que se construye en la praxis cotidiana.

Una de sus reflexiones más recordadas la dejó escrita en "El libro de los abrazos" (1989), donde expresó: "Cada promesa es una amenaza; cada pérdida, un encuentro. De los miedos nacen los corajes; y de las dudas, las certezas. Los sueños anuncian otra realidad posible y los delirios, otra razón".

La famosa cita prosigue: "Al fin y al cabo, somos lo que hacemos para cambiar lo que somos. La identidad no es una pieza de museo, quietecita en la vitrina, sino la siempre asombrosa síntesis de las contradicciones nuestras de cada día".

Video

"En esa fe, fugitiva, creo. Me resulta la única fe digna de confianza, por lo mucho que se parece al bicho humano, jodido pero sagrado, y a la loca aventura de vivir en el mundo", manifestó.

Sobre su percepción de la voz humana y la importancia de hacerla conocer, también fue muy claro: "Cuando es genuina, cuando nace de la necesidad de hablar, nadie puede silenciarla".

"Cuando se le niega una boca, habla con las manos, los ojos, los poros, o cualquier cosa. Porque cada uno de nosotros tiene algo que decir a los demás, algo que merece ser celebrado o perdonado por los demás", indicó en ese mismo libro.

El rescate de "los nadies" y el antídoto contra la invisibilidad

Nombrar a una persona o contar su historia puede equivaler a devolverle su humanidad. El legado literario de Galeano evoca aquel rescate de la memoria de los desposeídos, sobre todo en su famoso poema "Los Nadies", publicado también en el "Libro de los Abrazos".

Eduardo Galeano escribió más de 40 libros a lo largo de su trayectoria. Foto: Reuters

"Que no son, aunque sean. Que no hablan idiomas, sino dialectos. Que no profesan religiones, sino supersticiones. Que no hacen arte, sino artesanía. Que no practican cultura, sino folklore. Que no son seres humanos, sino recursos humanos", escribió en un fragmento de aquel poema.

La identidad latinoamericana nace en sus relatos de recuperar las raíces negadas, los pueblos originarios, la herencia africana y las luchas populares.

Su prosa y poesía en sí mismas imitan la tradición oral, ese murmullo de la calle, el relato de boca en boca, como una suerte de altavoz para que resuenen múltiples voces que claman ser recuperadas.