Osvaldo José Piazza se crio en una familia humilde de siete hermanos, empezó a jugar a la pelota en los potreros de Lanús y un golpe de suerte le cambió la vida para siempre, cuando un observador extranjero lo vio en un partido que perdieron sobre el final y le propuso ir a jugar a Francia. En Saint Etienne marcó una época por sus cabalgatas con la melena al viento atravesando el campo de juego y porque junto a sus compañeros protagonizaron la era más gloriosa en la historia del club: ganaron seis títulos y perdieron una final de Copa de Campeones de Europa ante el Bayern Munich, por la que lo siguen convocando para recordarla, aún 50 años después de disputada.

Como entrenador dio una vuelta olímpica a los cuatro partidos de haberse estrenado en primera división, y le puso punto final a su carrera en 2004 porque no toleró la frustración que generó en la gente que confió en él no haber podido salvar al equipo del descenso.

Alejado del ambiente desde hace muchísimo tiempo, a los 79 años se sube todos los días a su bicicleta para hacer las compras por el barrio y en esta charla de tres horas repasa sin filtro sus vivencias en el fútbol.

1. -¿Qué es de su vida, Osvaldo?

-Por aquí ando, con vida de jubilado. Desde que me fui al descenso con Atlético de Rafaela, en 2004, no quise dirigir más. Vivo en Núñez, con mi mujer, mi hija mayor y mi nieto, y cada día me ocupo de arreglar cosas de la casa, porque siempre hay algo para hacer. Me doy maña con todo salvo con la electricidad. Lo hago cada vez más lento, eso sí, pero intento resolverlo yo, y eso me ocupa el tiempo. Hago las compras por el barrio porque mi esposa tiene dificultades para caminar, entonces agarro la bicicleta y un par de bolsas y voy al supermercado, a la verdulería, a la carnicería. Eso me reanimó. Ahora, fijate qué curioso: en mi carrera falté a un solo partido por lesión, nunca tuve problemas físicos, y hace seis meses me caí de la bici y me lastimé la rodilla. La única solución es una operación pero a los 79 años no me voy a operar, así que ando con la rodilla un poco maltrecha.

2. -¿Por qué se cayó de la bici?

-Salía de la farmacia de comprarle medicamentos a mi esposa, después de hacer mi gimnasia habitual, y la botellita que llevo siempre para hidratarme se me metió entre los rayos de la bici y me fui de cabeza al piso, no sabía cómo poner las manos para suavizar el aterrizaje. No pude ser más pelotudo, la verdad, increíble. Ya te digo, salvo algún problema en el ciático, nunca tuve lesiones en mi carrera ¡y me vengo a lastimar así la rodilla! Increíble. Acepto que a veces corro riesgos porque compro los bidones de agua grandes y los llevo en bolsas, cada una en un lado del manubrio, y no es tan sencillo.

3. -¿Hace ejercicio todos los días?

-Tres veces por semana hago una hora y media en Palermo, enfrente de GEBA. Voy en bici desde casa, serán unos 5 kilómetros entre ida y vuelta, paro en los aparatos que hay en el parque y me quedaré una hora haciendo brazos y piernas.

4. -Se vienen los 80, ¿cómo lo encuentran?

-Yo estoy bien, cuando me voy a dormir, si bien tomo pastillas para ayudar un poquito, me acuesto pensando en las cosas lindas que me pasaron en la vida y me duermo plácidamente.

5. -¿Qué cosas lindas le pasaron?

-Hay cosas imposibles de explicar. Por ejemplo, yo he sido invitado al festival de cine internacional de Cannes, ¿sabés lo que es subir esos 25 escalones con la alfombra roja? Es un cuento. Me invitaron en el 77, fui con mi papillon (moño) y el saco… la última vez que me había puesto traje fue cuando me casé. Sentía los flashes como si fueran bombas, nos mirábamos con mi compañero Curkovic, el arquero, y decíamos “¿qué hacemos acá?”. En 2025 me invitaron a presenciar la final de la Copa de Francia. Hace poco, me enteré que el presidente Macron me quería conocer. Fui a su residencia, charlamos un rato y le di un beso en la mano a la esposa, cosa que no hacía nadie, y Macron me dijo: “Sos argentino, eh” (risas).

Recibiendo uno de los trofeos en Saint Etienne, equipo con el que marcó una época ganando seis títulos.

6. -¿Va todos los años a Francia?

-Dos veces por año, sí. La última, en mayo de 2026, porque se cumplieron 50 años de la final de la Copa de Campeones de Europa que perdimos con el Bayern Munich en Glasgow y el club nos hizo un homenaje. Estábamos todos menos los tres que fallecieron. Nos invitaron, pagando todo, a los que vivimos fuera de Francia: a Janvion, que está en Martinica, a Curkovic, que vive en Belgrado, y a mí, que estoy en Argentina. Es difícil explicar la emoción que se siente, reencontrarnos con el club, firmar autógrafos, ir al círculo central del campo, que nos nombren uno por uno, y al momento en que el speaker dice “Osvaldo”, los 40 mil hinchas que completan el estadio gritan fuerte: “Piazzaaaaaaa”. La verdad que esas cosas te hacen temblar.

Saint-Etienne v Lille (0:0), Stade Geoffroy-Guichard, 3 August 1979.

Au revoir Osvaldo Piazza...pic.twitter.com/DK7Ar89M4w

— A Football Archive* (@FootballArchive) January 6, 2026

7. -Lo curioso es que se festeje una final perdida.

-Es verdad, pero el tema es que aquel equipo de Saint Etienne hizo hizo historia, no solo por los títulos ganados, que fueron tres Ligas y tres Copas de Francia, sino porque hasta aquel año 1976, sólo el Stade Reims había llegado a dos finales de Europa, que las perdió con el Real Madrid, pero en la década del 50 y desde ahí no hubo ningún otro equipo francés que llegara tan alto. Y de golpe apareció un equipo de provincia como el nuestro, en una ciudad feísima, que vivía de las galerías de carbón, de la humildad, del trabajo, una ciudad negra, porque el hollín se va metiendo en las paredes de las casas, y realmente te impresiona cuando llegás porque el frente de las casas eran negras, bueno, desde esa humildad de golpe se transformó en un equipo que ganó Ligas y Copas en Francia y muy competitivo en Europa. Y con la mayoría de los jugadores nacidos en el club. Ese Saint Etienne le dio siete jugadores a la selección francesa en esos años, el 85 por ciento de los jugadores eran de inferiores, tenían una educación formidable a través de la formación en el club.

8. -¿En Argentina se junta con excompañeros?

-No mucho, me comunico por teléfono con Carlos (Bianchi), sobre todo, y Vélez nos reúne cada tanto a los que pasamos por el club, y en esas reuniones me he visto con Rotondi, Falcioni, Pepe Castro, Larraquy, Malaquín, el uruguayo Julio César Jiménez. Nos recibe el club y pasamos momentos formidables.

9. -¿Cuántos hijos y nietos tiene?

-Tengo dos hijas, Sidoni y Jennifer, ambas nacieron en Francia. Sidoni vive en casa con nosotros y tiene un hijo, Tiziano, que juega al rugby, es gigante. Y Jennifer, mi otra hija, vive en Montevideo porque se casó con un uruguayo y tiene a Santino, que va al liceo francés, en Uruguay. Jennifer es filósofa y da clases ahí; Sidoni es doctora en medicina y nutricionista.

En el balcón de su casa en Saint Etienne con su mujer, Norma, y una de sus dos hijas.

10. -¿Quién es Osvaldo José Piazza?

-Una persona nacida en Lanús, criada en una familia numerosa, con una mamá que nos cobijó constantemente y repartió amor junto a mi papá, que era un laburador cien por ciento italiano y había llegado a la Argentina con 12 años y nunca modificó sus costumbres italianas. Soy un hombre que cumplió el sueño de ser futbolista profesional y que tuvo la suerte de ganar muchos campeonatos, primero jugando y luego dirigiendo.

11. -¿Cuántos hermanos eran?

-Siete, yo era el tercero. Hugo fue el mayor y llegó a jugar profesionalmente, como arquero, formado también en las inferiores de Lanús. Después venía Horacio, que era óptico en Lutz Ferrando, tercero yo, luego Luis, que fue maestro mayor de obras, y recién la quinta fue una mujer, que las ligó todas, pobrecita. Mis padres esperaban ansiosos la nena, y ella tuvo que acompañar a mamá con todo el laburo que había en la casa. Siempre sentimos mucho cariño entre todos los hermanos, con un apoyo auténtico, de cercanía, de amor, siempre pensando cada uno en el otro. La vida no era fácil pero siempre estuvimos muy unidos.

12. -¿De qué trabajaban sus padres?

-Mamá era ama de casa, tenía que ocuparse de sus hijos. Papá era carpintero, direccionado a los billares. En esa época había un montón de bares con billares y él preparaba los billares para los campeonatos del mundo, que se disputaron dos veces en Argentina. Mi viejo inventó el calor para la pizarra, que es la base de la mesa, con unas resistencias. Nosotros lo ayudábamos, tratábamos de ir con él cuando tenía un trabajo grande. Como es un deporte que se practica de noche, había que esperar que terminen las partidas para empezar a trabajar, así que eran horarios raros, de madrugada. Papá no nos dejaba hacer fuerza pero sí lo ayudábamos desatornillando los bulones y ese tipo de cosas.

13. -¿Dónde pasó su infancia?

-En Lanús, casi en el límite con Gerli. Papá hizo construir la casa, y en el resto de la cuadra había un gran terreno que no tenía dueño, entonces puso un alambrado, cercó y ahí plantábamos zanahoria, papa, batata, lechuga, todas verduras para consumo de la familia. Papá se iba a las 6 de la mañana al trabajo y nosotros, al volver de la escuela teníamos que puntear el terreno, o sea: meter la pala, sacar la tierra y dejar el hueco para que papá después viniera a la tarde y plantara las distintas verduras. Hacíamos eso y nos íbamos a jugar a la pelota. En casa también criábamos conejos.

14. -¿Los criaban para comerlos?

-Sí, había por lo general unos 20 o 30 conejos en una especie de gallinero pero a cierta altura para que no los lastimaran los perros o gatos y en algún momento llegaba el momento triste de matarlos. Papá iba a veces al interior con el camión de la empresa y por ahí venía con algo. Una vez, cuando éramos chicos, llegó con un cordero. Me acuerdo perfecto, era de noche y dijo: “Miren lo que traje”. Y todos nos subimos a la mesa del miedo que teníamos, un corderito chico que venía para las fiestas de fin de año. Después le perdimos el miedo y nos subíamos encima como si fuera un caballo y nos llevaba de acá para allá. En cada fin de año papá decía: “Vamos a comer el corderito”. Y nosotros le pedíamos: “No papá, no papá”, y nos escuchó. Había otra manera de vivir, de arreglarse con lo que teníamos.

15. -¿Dónde empezó a jugar a la pelota?

-En el barrio, enfrente de casa. En esa época cada uno tenía 20 metros de jardín adelante, había mucho espacio para jugar. Algunos vecinos protestaban, y si les caía la pelota, por ahí no te la devolvían. O las agarraba el perro y chau, a otra cosa. La “Pulpo” era una pelota cara, había otras más baratas.

16. -¿Llegó a jugar en Primera con su hermano Hugo?

-Compartimos unos partidos en Lanús, un año, en el 68. Hugo debutó a los 18 años en Primera, es cuatro años mayor que yo. Trabajaba en las oficinas ferroviarias, en Retiro, y cuando había que viajar al interior con el equipo tenía que faltar al laburo. Jugó hasta los 35 años, bastante, después de Lanús estuvo en Almagro, Deportivo Español, en Argentinos Juniors, en La Pampa.

17. -¿De qué equipo era hincha de chico y quién era su ídolo?

-Hincha de Lanús, iba siempre a la cancha a ver a Guidi, a Nazionale, a Lugo. Nazionale me encantaba, tenía una calidad impresionante, a veces corría riesgos excesivos, por ahí se la pasaba de cabecita al arquero. Lo conocí por un amigo en común en una panadería y me dio una sensación tan linda, sensacional.

Se inició en Lanús, y de allí fue convocado a la selección y vendido a Francia.

18. -Apodo de chico.

-En casa era Negrito, también me decían Mara. En el barrio me elegían primero en el pan y queso, ahí es cuando te das cuenta que jugás bien. Me pusieron Mara por Maravilla, porque en esa época había un volante por derecha en Gimnasia al que le decían Maravilla y entonces me empezaron a decir así. En Vélez, al regreso de Europa, me decían Franchute o Francés, y en Francia era l’argentine o Lion, por león, o cualquier animal grandote, porque yo agarraba la pelota e iba con todo para adelante y tenía un físico imponente. Allá también me decían Piazzá, acentuando la última letra, y Osvaldo lo escribían con w, Oswaldo.

19. -¿Es verdad que lo echaron de la escuela?

-Es parcialmente cierto. Estando en tercer o cuarto grado, la maestra citó a mi mamá y le dijo: “Este chico no puede ser, señora, es muy duro. Cualquier cosa que se le pide pone algo de fútbol y dice que va a ser jugador”. Yo era medio burro, me acuerdo que mamá me dijo: “Nene, vamos a comer muchas manzanas, porque las manzanas te dan inteligencia” (risas). Y mi mamá era rápida, también, le solía dar algún regalo a la maestra, y al final pasaba siempre de grado con 4, arañando. La secundaria la empecé, era el industrial en la misma escuela, a la noche. Tenía compañeros de 30 o 35 años y yo tenía 13 o 14, y cuando se armaban partidos, me pedían para su equipo, querían que los hiciera ganar. Igual, de chico, superé una situación muy fea.

20. -¿Qué le pasó?

-A los 8 años tuve una enfermedad rara en el brazo. Se dio cuenta papá, que llegaba del trabajo, se sentaba en la puerta de casa, se ponía una palangana con agua para hacerse unos baños en los pies, mamá le servía mate y nosotros jugábamos delante de casa. Un día papá vio que no balanceaba el brazo izquierdo y me llevó al doctor. Tardaron mucho en darse cuenta qué era lo que tenía, no llegaban a entender, y en el hospital Argerich me vio un especialista y decidieron operarme. Hicieron un agujero, me rasparon el hueso y era osteomielitis. Por la operación estuve enyesado seis meses, con un yeso que me cubría el brazo y todo el cuerpo hasta la cintura, igual jugaba al fútbol con el yeso. “Si no vuelve en 5 años está sanado”, le dijeron a mis padres y por suerte no volvió. Mamá era muy contemplativa y mis hermanos me ayudaron mucho, yo era el “Negrito” de la familia, así me decían, hoy se enojan si te dicen Negro.

21. -¿Trabajó de chico?

-Tuve muchos trabajos. Uno era en Avenida de Mayo, al lado de los 36 Billares: se vendían tacos de billar, juegos de ajedrez y damas, y yo estaba en el subsuelo y embalaba la mercadería para mandar a las distintas provincias. Ayudaba a mi viejo también con los billares, trabajé en una pizzería cerca de casa, hice varias cosas.

22. -¿Dónde empezó a jugar?

-Arranqué en un club de barrio llamado Andrada. Los Reyes Magos me habían regalado una bicicleta hermosa que lustraba todos los días, y me iba en bici por las tardes a este club que tenía una cancha de baby. Me transformé en un jugador que metía goles, empezamos a generar interés y convocar a más gente, y ese club consiguió jugar un partido contra la Décima de Independiente, anduve bien y me pidieron que me sumara al club. Al año siguiente hubo algunas cosas que no me gustaron, dejé de ir y volví a jugar al potrero.

23. -¿Cómo llegó a Lanús?

-Yo era muy amigo de Ramón Cabrero, somos de la misma edad, ambos del 47. Lo conocí en la calle, vivíamos a 300 metros uno del otro, éramos los vagos del barrio. Jugaba muy bien Ramón, por lo general íbamos uno para cada lado en los potreros, éramos muy compinches. Y Ramón, que ya estaba en Lanús, me insistió para que me sumara al club. Un día le hice caso y arranqué en la Quinta.

Osvaldo Piazza junto a Ramón Cabrero, prócer de Lanús: fue vecino, amigo, compañero de equipo y responsable de que se iniciara en el Granate.

24. -Habrá disfrutado que años después se transformó en prócer de Lanús con ese primer campeonato ganado.

-Por supuesto, un orgullo gigante por ser un amigazo. En Primera no jugamos mucho tiempo juntos, porque yo tuve un debut tardío, en el 68, y a Ramón, que había debutado un par de años antes, lo vendieron a Newell’s en el 69. Fue una época durísima, de una malaria muy grande, estuvimos ocho meses sin cobrar, a mí estuvieron a punto de rematarme la casa en la que vivía.

25. -¿Qué pasó?

-La casa tenía una hipoteca, no había manera de pagar porque no cobrábamos, en Agremiados no nos daban pelota y por suerte apareció un ángel en mi camino, el gerente del Banco Provincia de Lanús, ahí enfrente de la estación. “Veo que tiene problemas, ¿qué le pasa, Osvaldo?”, me preguntó, después de citarme en el banco. Este señor, de quien no recuerdo el nombre, iba a la cancha, me veía por el barrio y se dio cuenta. Le expliqué que tenía una hipoteca en la casa y que no cobrábamos hacía ocho meses. “Le voy a dar un crédito”, me dijo, y me dio un millón de pesos. Con eso pagamos parte de la hipoteca y alquilamos un local en una galería céntrica de Lanús. Hice toda la decoración y armamos una boutique que la rompió, iba a comprar telas y trajes de novia al Once, ya jugando en la Primera de Lanús, y con eso nos pudimos levantar.

26. -¿Qué recuerda de su debut?

-Es curioso porque en inferiores era capitán y fui el último de mi camada en debutar, no llegaba más el día. Pedro Dellacha fue el técnico, yo tenía 21 años, y pude jugar porque el mendocino Cornejo, el 6 titular, había sido expulsado en el partido anterior con Boca y lo suspendieron. Entré ese día y no salí más del equipo.

27. -Era el famoso equipo de Los Albañiles.

-Exacto, Bernardo Acosta era el 9 y Ángel Silva el 10, tiraban paredes a lo loco y metían muchos goles. También estaba De Mario, el wing izquierdo, otro fenómeno. Había muchos jóvenes y casi todos éramos del club, un gran equipo.

28. -¿Jugaba siempre de defensor central?

-Nosotros descendimos en el 70 y ascendimos el año siguiente con Benicio Acosta de entrenador y fue él quien me convenció de jugar como marcador central derecho, antes yo jugaba de 6, en la cueva, esa era la posición natural del 6, y Benicio empezó por esa época a repetir “tengo al mejor 2 del país, tengo al mejor 2 del país”, fue creciendo la bola y llegamos al famoso partido con Boca en la Bombonera: ganábamos 2-0 y ellos lo dieron vuelta en los últimos 15 minutos y perdimos 3-2. Yo estaba muy caliente por la derrota y en el vestuario se acercó Gilles Garronaire, el director deportivo del Saint Etienne, para decirme si me interesaría jugar en Francia.

29. -¿Sabía que lo estaban mirando de un club francés?

-No, ¡qué voy a saber! Después me enteré de que antes lo habían llevado a ver a Coco Pascuttini y a Miguel Ángel López, estaba buscando un líbero, y ese era su último día en el país. Le dije que me encantaría ir, por supuesto, y cuando fue a hablar con los directivos se arregló enseguida, el pase costó 75 mil dólares. Con esa guita compraron los terrenos de atrás de la cancha de Lanús e hicieron la ciudad deportiva. En esos terrenos las máquinas diesel tiraban todo el gasoil quemado, en ese momento era una laguna negra.

30. -Llegó a la selección desde Lanús, no era muy usual en esa época.

-Muy raro, sí. A los pocos días de ese partido con Boca, Juan José Pizzuti me convocó a la selección para jugar la Minicopa en Brasil. Fue a último momento porque Perfumo estaba en Cruzeiro y prefería quedarse en el club, el Zurdo López se desgarró y entré yo. Paramos en Bahía en el mismo hotel que Francia, y ahí mismo, antes de incorporarme al Saint Etienne, conocí a varios de mis futuros compañeros. Se dio todo junto, la venta y la convocatoria a la selección.

Pizzuti lo convocó a la selección en 1972 y luego era una fija para Menotti pero un accidente lo privó de disputar el Mundial 78.

31. -¿Qué siente al ver cómo creció Lanús en lo institucional y deportivo?

-No me quedaron lindos recuerdos de mi época, días tristes de tener que ir a buscar a los dirigentes todos los días para que nos pagaran, eso cansaba mucho. Por supuesto me puse muy contento cuando salió campeón con Ramón. También atravesé alguna amargura. Recuerdo que siendo técnico de Vélez, en el 96, jugábamos contra Lanús, que venía arriba en la tabla. Estábamos en las instancias finales de la Supercopa, pregunté a los muchachos quiénes estaban para jugar por el campeonato y todos levantaron la mano. Había mucha pica con Lanús, ya desde la pretemporada, porque la habían hecho ambos en Necochea y de ahí se agarraron bronca. Ganamos 2-0, el equipo jugó fenómeno y a mi hermano, que estaba en la tribuna de Lanús, lo reputearon los hinchas porque yo había festejado un gol. ¡Qué tenía que ver! Mi hermano y mis sobrinas son todas socias e hinchas de Lanús, esas cosas me dieron mucha bronca.

32. -Cómo el destino de un futbolista puede cambiar en un partido o en tres jugadas, porque si ese día contra Boca no hubiera andado bien, o si el director deportivo se hubiera ido un día antes del país…

-Totalmente, es así, no sé qué hubiera sido mi carrera y mi vida. Lo único que escuché, después, fue el rumor de algo que supuestamente dijo Armando, el presidente de Boca, cuando se enteró de que me vendían a Francia. “Yo estaba interesado en Piazza”, dijo. No sé.

33. -¿Tuvo dudas de ir al fútbol francés? No era una liga importante.

-Mirá, yo no sé nadar, pero llegado el caso hubiera iba nadando (risas). Ni siquiera arreglé un contrato, me dijeron “hay tanto”, y listo, no discutí nada.

34. -¿Llegó a compartir equipo con Platini?

-Apenas coincidimos en unos entrenamientos. Fue a mediados del 79, yo me estaba yendo del club aunque me quedara un año de contrato porque mi esposa no estaba bien después del accidente de auto que había sufrido, necesitaba estar junto a su familia. En ese momento compraron a Platini y llegó como figura. Yo seguía entrenando en Francia, esperando el momento de volver a la Argentina y un día se me acercó Platini. “Osvaldo, ¿por qué no jugás con nosotros?”, me preguntó. “Sabés qué pasa, Michele, dos vedettes en el mismo equipo no pueden convivir”, fue mi respuesta. Se quedó sorprendido. Era un chiste, obviamente.

35. -¿Lo volvió a cruzar?

-Cuando sacó un libro, vino a hacerlo firmar a Saint Etienne, entre otras ciudades, y cuando me vio llegar, a todos los que hacían la fila para que les firmara el libro les empezó a decir en voz alta: “Este sí es un verdadero verde”, porque algunos periodistas decían que Platini no era un verdadero verde y nosotros sí.

Vestuario del Saint Etienne, década del 70. No podían faltar los secadores de pelo.

36. -¿Cuál es la clave de un buen marcador central?

-La distancia. Juzgar y calcular bien la distancia a la que tiene que llegar, saber cuándo tenés que anticipar y cuándo cerrar. Y estar concentrado cien por ciento, no podés irte del partido ni un minuto porque te meten un gol, y al que estás marcando hará todo lo posible para distraerte.

37. -¿Era muy distinto jugar de stopper?

-La de stopper era una función muy ingrata, porque tenés que seguir al nueve por todos lados. Sólo te dan esa misión y si tenés un poco de orgullo y de calidad querés hacer otra cosa. Al llegar a Francia me pidieron que jugara de stopper y yo hablé con el entrenador en un momento para que me dejara hacer otras cosas, me dijo “okey, demostrámelo”. Y a los pocos partidos me dio la razón y ahí arrancó a funcionar el equipo. Yo marcaba al 9 contrario pero también tenía condiciones para jugar, y por ese motivo dejé una huella en el fútbol francés. Anticipaba, y con la pelota en los pies tenía la facilidad de encontrar al equipo rival desacomodado. Me dejé el pelo bien largo y cruzaba a campo rival con la melena al viento y nadie se animaba a chocarme, porque era grandote, y muchas veces el 9 me terminaba marcando a mí.

38. -Alguno que recuerde.

-Gerd Müller, nada menos, uno de los mejores goleadores de todos los tiempos. En la final de la Copa de Europa yo escuchaba cómo Schwarzenbeck y Beckenbauer le gritaban “marcalo, marcalo” y me señalaban. Al final le terminé haciendo yo la falta que derivó en el gol de Roth de tiro libre con el que nos ganaron la final. La macana es que uno de la barrera se corrió y la pelota entró por ahí. En mayo de este año, cuando fuimos invitados por los 50 años de la final, estaban también los muchachos del Bayern. Hablaron Rummenigge, Hoeness y Sepp Maier, y dijeron: “Teníamos que ver dónde estaba el león que se venía con toda la furia para marcarlo”. Se hicieron famosas “Les chevauchées d’Osvaldo”, (las cabalgatas de Osvaldo). Algo creo que hemos dejado, lo digo humildemente.

39. -¿Cuándo se fue la melena y cuándo optó por raparse del todo?

-En Vélez, cuando jugaba, se me empezó a caer el pelo y un día iba con mi hija Sidoni y dijo: “¿Qué tiene papá en la cabeza?”. Tenía como el fraile, el agujero en el medio. No paró más la caída, tampoco quise detenerla, y después me empecé a afeitar, no recuerdo en qué año.

40. -¿Cómo era marcar a Gerd Müller?

-Muller tenía olfato, sentía el gol, era un goleador nato, preciso, aparte morrudo, fuerte físicamente. Lo marqué bien ese día de la final, al punto de que no tuvo ninguna situación de gol, cuando solía tener cinco por partido. El tiro libre lo inventó, puso el culo y se dejó caer, para mí no fue falta.

Melena al viento, llevando la pelota en la final de la Copa de campeones de Europa contra el Bayern Munich.

41. -Los mejores defensores centrales que vio.

-Beckenbauer y Perfumo entre los nuestros. Roberto tenía un carácter y una presencia, un saber cuándo ser más rudo, cuándo jugarla, cuándo estar presente. Además, te atendía de entrada, en los primeros 5 minutos, y el árbitro no le decía nada. Con eso ya te marcaba su presencia.

42. -¿De los actuales quién le gusta?

-El Cuti Romero es un descubrimiento total, casi nadie lo conocía acá. Es un fenómeno, tiempista, sabe cuándo tiene que pegar, aparte no entra en ninguna discusión, el tipo hace la falta y se va calladito para su posición.

43. -¿Qué cosas se perdieron del puesto?

-La concentración se perdió un poco. Los marcadores centrales hoy van a cabecear corners a favor, y en contra, y se agarran de todas las maneras, eso no existía antes. Una vez tuve que marcar a un holandés del PSV, un tipo que medía más de 2 metros, ¿cómo hacía para marcarlo? Yo trataba de informarme sobre mis rivales y había leído que el tipo era muy púdico, entonces en algún córner le tironeaba el short para abajo, el tipo se distraía, se iba, se acomodaba el short y la pelota pasaba. Siempre tenés que conocer contra quién jugás.

44. -En su época no se salía jugando tanto del fondo, no se veían goles por errores tontos por tratar de jugar desde atrás.

-Es que antes el arquero la podía agarrar con la mano, es una diferencia grande.

45. -¿Cómo y cuándo se inició su amistad con Bianchi?

-En la selección, en el año 72, cuando nos llamó Pizzuti. Nuestras mujeres se conocieron en un estudio de radio, donde las entrevistó José María Muñoz, mientras nosotros estábamos en Brasil. Se hicieron amigas, y después con Carlos tuvimos vidas casi paralelas: yo me fui a jugar a Francia y al año llegó él. Ahí nos enfrentábamos y nos veíamos fuera de la cancha, y después yo vine a Vélez y Carlos hizo lo mismo al año siguiente. La frutilla del postre fue cuando me convocó para trabajar en Vélez, que agarré la Tercera y la Cuarta, y finalmente me dejó el equipo cuando lo contrató la Roma. El equipo me lo dejó Carlos, eh, no los dirigentes. Es un amigazo Carlos.

46. -¿Cómo le fue marcándolo?

-Siempre terminaba haciendo goles, era muy difícil de marcar: yo lo miraba, lo medía, pero de algún modo se las arreglaba para deshacerse de la marca y mandártela a guardar. Era terrible goleador, muy intuitivo, muy elegante, definía como los dioses, y si no le quedaba bien la pelota te la metía con la uña, pero te la metía.

Con Carlos Bianchi se hicieron amigos en la selección, se enfrentaron en Francia y fueron compañeros en Vélez.

47. -¿Cómo consiguieron ganar seis títulos y llegar a una final de Europa con aquel Saint Etienne?

-Le dieron el equipo a Robert Herbin, un tipo que había jugado más de 400 partidos en el club y conocía como nadie su esencia. Nos transmitió los valores de una ciudad obrera, de sufrimiento, una ciudad de trabajo, de convencimiento, donde nada nos resultaría fácil. Y nosotros entendimos, cada uno en su rol, lo que teníamos que hacer en la cancha. Llegó un momento en que con mirarnos era suficiente, porque jugábamos siempre los mismos y entraban los dos suplentes de siempre. El público se entusiasmó y se sintió representado. El minero venía a las 3 de la mañana al estadio a buscar una entrada, se turnaban haciendo la fila, si no se quedaban sin nada. Esas son cosas extraordinarias. En los primeros tres partidos nos gritaban “¡a la mina!”, que fuéramos a la mina en vez de jugar al fútbol, porque empezamos mal, y nos terminaron ovacionando todos los partidos. Yo sentía que me empujaban para adelante con ese aliento.

48. -¿La final de la Champions perdida contra el Bayern le da bronca u orgullo?

-En ese momento tenía tanta bronca que fui directamente al vestuario sin recibir la medalla. No sé quién la agarró, nunca la tuve. Me quedé en el vestuario con las manos en la cabeza diciendo “¿por qué no podemos?”, porque el año anterior el mismo Bayern nos había eliminado en semifinales. Es un problema del francés no poder contra los alemanes.

49. -En la segunda guerra mundial sí pudieron.

-No, no, cuando Hitler invadió Francia se rajaron todos para las montañas, los dejaron pasar. Te hablan de “la resistencia”, pero no, me acuerdo que Garronaire decía: “qué resistencia ni resistencia, nos fuimos todos a la montaña y que pasaran tranquilos, y hasta si necesitaban algo para comer, se lo dábamos”.

50. -¿Quién mereció ganar esa final?

-Claramente nosotros, si hasta metimos dos tiros en los palos, un cabezazo de Santini y un remate de Bathenay. Lo dijo el propio Rummenigge en mayo, cuando nos juntamos por los 50 años de la final, que nosotros habíamos sido mejores y merecimos el triunfo. Como te conté, Gerd Müller me seguía a mí.

Há 50 anos, o Bayern ganhou sua 3ª Liga dos Campeões consecutiva após vencer o Saint-Etienne por 1-0 graças a um gol de Franz Roth. pic.twitter.com/pzj5jfpXE1

— Curiosidades Europa (@CuriosidadesEU) May 12, 2026

51. -Tuvieron un recibimiento como si hubieran ganado la final.

-Se hizo un desfile por Champs Elysees, íbamos de a dos o tres jugadores en un Renault 5 verde descapotable que nos regalaron por la final. Ahí sacábamos la cabeza y saludábamos, eran unos 14 o 15 autos con el techo abierto. Ya te digo: desde el Reims en la década del 50 que un equipo francés no llegaba a una final de campeones de Europa. Las fotos que tengo de ese día son elocuentes, en la recepción que nos hicieron, yo tengo una cara de culo total, no estaba contento.

52. -¿A la distancia lo toma como algo positivo?

-Sí, claro, hoy te lo dice la gente, y se recuerda esa final como un gran hito, aunque la hayamos perdido.

Se reencuentra seguido con sus ex compañeros para rememorar los días de gloria.

53. -¿Cómo era Beckenbauer de rival?

-Un señor, un sabelotodo, tenía una estampa y una presencia impresionante.

54. -¿Le dio bronca que el PSG superara al Saint Etienne en títulos en este siglo?

-Nuestro club cometió el error. Todo nació con la famosa “caja negra”, un caso que saltó en 1982, ya me había ido hacía tres años del club y estaba terminando mi carrera en el Corbeil-Essones, en París, en la segunda división. El tema es que descubrieron que durante muchos años el club pagaba una parte de los contratos a los jugadores en negro, hubo evasión de impuestos y el presidente fue a prisión, un gran escándalo. De ahí no se levantó más. Y encima en el PSG entraron los capitales de Qatar y marcó mucha diferencia. París no era una ciudad de fútbol, hoy sí lo es.

55. -Llegó a trabajar para el PSG en una época, ¿puede ser?

-Correcto, fui veedor de futbolistas jóvenes, iba seguido a África a ver los campeonatos africanos. Desde hace 40 años, o más, buscaban ahí. Antes agarrabas un jugador y al club le pagabas con un juego de camisetas. Volviendo a la pregunta anterior, el PSG fue creciendo y Saint Etienne se achicó, fue a segunda y le costó recuperarse, no se reforzó. En un momento sacó tres marcadores centrales buenísimos, y los vendió a los tres muy jóvenes: Saliba, Fofaná y Zouma, uno de 18 años, otro 17 y otro 21 años, se los vendieron al Arsenal y al Chelsea y los perdimos muy jóvenes. Con esas ventas recaudaron 100 millones de euros, ¿dónde están?

56. -¿Lo tratan bien cada vez que va para allá?

-Sí, como a un rey. Y la gente todavía nos recuerda, es muy lindo.

57. -¿Por qué eligió a Vélez en su vuelta a la Argentina?

-Había viajado un dirigente de Vélez a Francia, me dijo que necesitaba un central porque tenían dos muy buenos pero eran demasiado jóvenes, Omar Jorge y Jorge Ruiz, y como mi mujer había quedado mal después del accidente de auto y necesitaba estar cerca de sus padres, pegamos la vuelta.

Marcando a Ramón Díaz, en un Vélez-River de los 80.

58. -¿Estuvo cerca de jugar en River?

-Sí, pero eso fue antes del Mundial 78, porque el que mandaba en la Junta Militar, el Almirante Lacoste, le habló a Aragón Cabrera, el presidente de River, y le dijo: “¿Por qué no agarran a Piazza, así lo tenemos en el país para el campeonato del mundo, Menotti lo quiere”. Me sondearon y dije que no, que no quería saber nada que se diera de esa forma, además yo estaba bárbaro en Francia.

59. -Menotti lo fue a buscar a Francia para que juegue el Mundial 78.

-En esa época casi todos los jugadores de la selección estaban en el campeonato local, de afuera sólo teníamos chances Kempes, Wolff y yo. Menotti me llamaba por teléfono desde la AFA. “¿Usted no duerme, César?”, le decía, porque me llamaba a la nochecita de Argentina, ya de madrugada en Europa. Más allá de eso, conmigo se portó cien puntos, un tipo ejemplar. Y en un momento viajó a ver partidos a Europa y vino a buscarme. Nos volvimos juntos en el avión desde París.

60. -¿Qué charlaron en ese viaje?

-“Mire que cuento con usted”, me dijo, era número puesto, me elogió el liderazgo, me comentó que podría manejar el equipo dentro de la cancha. Yo estaba con algunos problemas de ciática, pero era solucionable. A los cuatro días de llegar, el doctor Oliva me estaba poniendo unas inyecciones, se acercó el presidente Cantilo y me dijo: “Tiene un llamado telefónico desde Francia, lamentablemente no son buenas noticias”.

61. -¿Qué había pasado?

-Era el director de un hospital francés para informarme que mi esposa había tenido un accidente automovilístico. Le pregunté si era grave y me contestó: “Venga”. Era el día de mi cumpleaños 31, el 6 de abril.

62. -¿Cómo fue el accidente?

-Mi mujer iba en auto a Cannes, había reservado un hotel para descansar. Viajaba con Sidoni, mi hija mayor, que tenía 4 años, y Jennifer, la menor, que había nacido hacía dos semanas, y con una chica que las cuidaba. Al llegar al peaje bajó la vista para buscar dinero y se desmayó, y en vez de frenar, aceleró y se pegó contra el hormigón de la cabina del peaje.

63. -¿Qué tuvieron?

-Norma, mi señora, tuvo siete fracturas: de pelvis doble, de maxilar y le quedó la cabeza recontra hinchada, el brazo, el tobillo, y un traumatismo fuerte de tórax, entre otros. Estuvo 20 días inconsciente. Sidoni solo sufrió unos golpes y Jennifer, la chiquita, tuvo doble fractura de cráneo. Hubo muchas dudas sobre si operarla o no, y al final no lo hicieron.

64. -¿Qué se le cruzaba por la cabeza en ese viaje a Francia, qué imaginaba?

-Menotti le pidió al doctor Oliva, el médico de la selección, que me acompañara. Yo sabía que las tres estaban vivas, pero no el panorama con el que me iba a encontrar, en qué estado se hallaban. En los seis meses siguientes la ponía a Jeniffer delante de la televisión e iba de atrás y le hacía así (aplaude) para saber si registraba esos movimientos. Fue muy duro.

65. -¿Les quedaron secuelas?

-No físicas, pero sí cierta fragilidad, mi señora todavía hoy necesita atenderse con una psicóloga. En su momento, sus padres ayudaron mucho. Mis dos hijas están bien.

El accidente automovilístico de su esposa lo llevó a renunciar al Mundial 78.

66. -¿Cómo se dio el desenlace de la convocatoria al Mundial?

-Le detallé la situación a Menotti, yo no podía decirle “dentro de 15 días va a estar todo bien y voy para allá”. Mi mujer seguía en terapia intensiva, era todo incertidumbre. Menotti había estirado la fecha límite de mi llegada. “César, gracias por esperarme, pero lo lamento, no puedo ir”.

67. -¿Lo entendió?

-Su primera reacción fue decirme “No me diga que no puede venir, no me lo diga”, pero cuando le expliqué bien lo entendió, fue un señor. Nos vimos unos años después, en Madrid, cuando él era entrenador del Atlético y yo estaba viendo jugadores africanos para el PSG, y me dijo “¡qué lástima, Osvaldo!”. Nunca nos tuteamos con Menotti.

68. -¿Se arrepintió alguna vez?

-No tenía opción en ese momento, pero me perdí una oportunidad hermosa de haber sido campeón del mundo. Yo estaba seguro por cómo se estaba preparando Argentina que tenía grandes chances de ser campeón.

69. -¿En qué lo notaba?

-Había planificación, un trabajo serio y riguroso. Recuerdo que cuando llegué a Ezeiza con Menotti desde París, salí y vi a mi madre esperando detrás de una valla con varias personas, me acerqué a saludarla y Menotti me dijo: “No, Osvaldo, vamos para la concentración”. No la pude ni saludar, me metieron en un coche con la fila de periodistas atrás hasta que llegamos a Moreno. “Señores, no hay nota ni nada, saquen dos fotos y listo”, les dijo a los periodistas. Al primero que vi al llegar fue al Loco Houseman. “¿A ver qué trajiste?”, me dijo René, y me manoteó la bolsa del freeshop. Traía whisky y cigarrillos. Fumaba en esa época.

70. -¿Fumaba a escondidas del entrenador?

-En Francia el mismo director técnico me convidaba cigarrillos, pero no los agarraba porque eran Gitanes, muy fuertes.

Piazza fumó toda su vida hasta que en 1993 fue internado por neumonía.

71. -¿Sigue fumando?

-No. Dejé en el año 93, cuando entré al hospital italiano con una neumonía y me asusté. No toqué más un cigarrillo. Carlos me fue a ver y me dijo: “Esa es la vejez, te vas a venir a laburar conmigo, vas a ver que no te va a pasar más”.

72 .-¿Cómo evalúa su etapa como jugador de Vélez?

-Vine con mucho entusiasmo, conformamos un lindo equipo y llegamos a jugar instancias finales de la Libertadores, después de eliminar a River. Carlos (Bianchi) vino un año después y reencontrarnos fue algo fenomenal.

73. -¿Por qué se retiró en la segunda de Francia?

-Me había quedado algo pendiente en Francia, por aquella salida del Saint Etienne tras el accidente. Y Jean-Michel Larqué, excompañero de equipo que luego se convirtió en periodista y hablaba español, me sugirió: “¿Por qué no te venís y vivís en París tranquilo, a jugar en una segunda división y te retirás acá?”. Fui al Corbeil-Essonnes, había subido de tercera a segunda, esperaban una revolución y nos fue mal, terminamos descendiendo otra vez. Pasé los diplomas de entrenador y me contrató el presidente junto a otros ex jugadores para que dirigiéramos el equipo. Así arranqué como director técnico.

74. -Después vino a la Argentina y empezó bien de abajo.

-Así es, arranqué en Argentino de Quilmes, en la C. Yo quería eso, eh, necesitaba aprender desde abajo. Después fui a Almirante Brown, en la B, confiaron en mí y me dieron todo: no sólo era el entrenador de la Primera, hacía pretemporada con la Quinta y Sexta, conseguía la comida en un frigorífico para armar la olla, y también mandé a hacer una cancha nueva en la ciudad deportiva, gestioné los permisos con una gente conocida que tenía en la Municipalidad. Estuvimos a nada de ascender a la A, perdimos la final del reducido con San Martín de Tucumán.

75. -¿Usted recomendó a Bianchi para que fuera el DT de Vélez?

-El vicepresidente de Vélez vino a buscarme cuando estaba en Brown, y yo todavía no estaba preparado. Carlos sí, Carlos venía de dirigir al Reims en segunda y a Niza en Primera, tenía la escuelita del fútbol en Francia con la que se defendía, y les dije: “¿Por qué no van a buscar a Carlos?”.

Una producción para una revista francesa con su amigo Carlos Bianchi.

76. -Lo fueron a buscar y lo quiso sumar como colaborador.

-Correcto, pero no me parecía justo dejar tirada a la gente de Almirante, así que le agradecí pero le contesté que no. Dos años después, ya fuera de Almirante, acepté y me sumé como entrenador de la Tercera y la Cuarta.

77. -Y al año y medio era campeón con la Primera de Vélez.

-Cuando Carlos arregló con la Roma, pensé que iba a ir con él. “No, vos no te vas nada, vos te quedás con el equipo, mirá lo que armamos”, me dijo, y me sorprendió. Le pregunté si me creía capacitado y me contestó que sí. “Yo quiero que seas el técnico y los muchachos saben que yo quiero que vos seas el técnico”, me lo dejó clarito. Fue Carlos el que me dejó el equipo, no los dirigentes.

78. -¿Los dirigentes no querían?

-No. Y evidentemente pesó más la opinión de Carlos

79. -Salió campeón a las cuatro fechas, casi un récord.

-Pero ese Clausura fue todo mérito de Carlos. En la última fecha jugábamos contra Independiente en Liniers, cobraron penal para ellos y enseguida mandé a calentar a Pandolfi y a Cordone para que entraran. De golpe escuché de atrás: “Pará, pará, pará, si todavía no lo hizo el penal”. Me di vuelta y era Carlos, que estaba en la platea, no lo podía creer, ni sabía que había vuelto al país. Al final tenía razón, como siempre, porque Chilavert le atajó el penal a Burruchaga, terminó 0-0 y salimos campeones.

80. -Y dieron la vuelta olímpica juntos.

-Carlos no quería venir a festejar conmigo, le dije: “la vuelta solo no la doy, vos hiciste todo este laburo durante tres años, yo dirigí apenas cuatro partidos”. Y vino nomás, un hermoso momento, compartir una celebración con un amigo. No sabía si llorar, gritar o qué. Nos acerca tanto el paralelismo con Carlos... El no tuvo la suerte de ser campeón en Francia pero fue goleador cinco años, y yo lo felicitaba siempre. “Hasta con la pierna rota sos goleador”, le decía.

Vélez campeón del Clausura 96: 15 fechas con Bianchi y 4 con Piazza. Vuelta olímpica compartida.

81. -Se los vio hasta mimetizados en la celebración: con unos mechones de pelo blanco y anteojos están casi iguales.

-Es cierto, hasta en eso estábamos unidos.

82. -A fin de año ganaron la Supercopa invictos, con un equipo al que le dio su sello.

-El equipo de Carlos era directo, concentrado y yo tuve que hacer algunos cambios, porque se había llevado a Trotta a la Roma, el Turco Asad estaba operado y no volvía, el Turu Flores se había ido, Basualdo tampoco estaba más. Hice capitán a Pellegrino porque Chilavert me pidió no serlo más porque estaba en discusión con los dirigentes, Bassedas siguió equilibrando a todo el equipo, era tan simple para jugar, contaba con un 3 de la calidad de Pacha Cardozo, que más que un 3 era un 10. Empecé a poner más a Camps y a Posse, dos chiquitos a los que no les podíamos tirar pelotazos como a Asada y Flores para que la aguantaran, y que además jugaban muy bien por abajo. Lo mismo que Pandolfi. Eliminamos a Gremio, Olimpia, Santos y a Cruzeiro en la final.

83. -Muchos hinchas de Vélez lo eligen como uno de los mejores campeones de la historia.

-De los más vistosos, diría, porque el de Carlos superó al San Pablo bicampeón del mundo y al Milan. Este de la Supercopa estaba obligado a ser más vistoso por los jugadores que tenía.

Campeón invicto de la Supercopa 96, junto a Chilavert, Mauricio Pellegrino y Claudio Husain.

84. -En el 97 sumó un tercer título: la Recopa contra el River de Ramón Díaz en Japón.

-Por penales, sí. Pobre el chico que había llegado de Platense, Maisterra, que hizo un pase para atrás y obligó a que expulsaran a Bonano. River aguantó con uno menos todo el partido, y la verdad es que yo no me animé a ir por un gol más, y nos empataron al final, con un Francescoli fenomenal. River tenía un equipazo, terminamos ganando por penales, el Flaco Pellegrino metió el último.

85. -¿Por qué se fue de Vélez?

-Por una discusión que tuve con Raúl Gámez. En un momento me dijo que veía al equipo con muchos chicos, que le daba miedo, y me pidió que le hablara a Carlos para que me diera consejos. “¿Vos le ibas a hacer un juicio a Carlos y ahora querés que lo llame para preguntarle cómo hacer para que el equipo juegue mejor?”, le contesté.

86. -¿Un juicio?

-Gámez le quería hacer juicio a Carlos porque se había ido cuatro partidos antes de terminar el campeonato. Le dije que estaba loco. Esto es así: Don Pepe Amalfitani hizo el estadio, pero la historia la escribió Carlos, entonces ¿qué me venís a decir? Vos, que te peleabas con cadenas y te agarraste con los de Chicago, incendiaste el quincho y no sé cuántas cosas más, tenías miedo por perder unos partidos, o que el equipo no rindiera más o que yo estuviera equivocándome con los jugadores. No lo podía creer.

87. -¿Se terminó yendo por esa discusión?

-Sí, porque si no confiás en lo que hago, para qué seguir. Agrego algo: como técnico de Primera cobré lo mismo que cuando dirigía a la Tercera y la Cuarta. Caradura. Nunca le dije nada.

88. -Se fue de Vélez y enseguida salió campeón con Universitario de Perú.

-Una experiencia bárbara con el equipo más grande de Perú. La primera pregunta que me hicieron en el aeropuerto es a qué iba. “Vengo a campeonar”, dije, y me miraron con sorpresa, porque la U llevaba cinco años sin ser campeón. Y lo conseguimos.

En 1998 salió campeón con Universitario de Perú.

89. -¿Qué le dejó su paso por Colón?

-Uh, hermoso, se vive muchísimo el fútbol en Santa Fe. El equipo venía de una campaña floja en el torneo anterior, estaba en descenso, y lo llevamos a pelear por el título, terminamos terceros, con los mismos puntos que Independiente, y abajo del River de Gallego, que fue el campeón. En ese Clausura del 2000 le ganamos el clásico 4-0 a Unión y lo recordaron en una bandera que decía “Se comieron cuatro y se fueron”, porque ese día se fue toda la hinchada de Unión con la goleada.

90. -Venía bien arriba en su carrera y con Independiente se pegó el primer porrazo, ¿qué pasó?

-En Independiente no me fue ni bien ni mal. Independiente es el Rey de Copas y el hincha también es el Rey de Copas, entonces la exigencia es superior a la de otro club. Yo no siento que me haya desbordado la responsabilidad. A mí, el presidente Pedro Iso, me dijo: “Osvaldo, no le pido ser campeón ni que juguemos brillante, tenemos dificultades económicas y hay que vender por lo menos un jugador a fin del campeonato”. En esa época, se cobraba de vez en cuando, tal es así que a mí me llamaron después de Lomas de Zamora para que reclamara lo mío en la quiebra y no me presenté.

91. -No quiso hacerle juicio.

-Exacto. Yo tomé a Independiente como un regalo que me dieron por lo que había hecho antes en otros equipos y no me parecía justo reclamar judicialmente.

92. -¿Por qué no volvió a dirigir después de hacerlo en Atlético Rafaela, en 2004?

-Fue un golpe durísimo para mí no poder salvar al equipo. Si bien lo agarré en descenso, como a Colón, en esta ocasión no pude y me hizo muy mal. Los dirigentes confiaron en mí, me ayudaron, me trajeron en diciembre los jugadores que yo pedí, pero la gente terminó muy enojada conmigo y no pude superar esa situación.

93. -¿No le volvieron las ganas de dirigir un tiempo después?

-No, estaba muy decidido. Me golpeó mucho.

94. -¿Va a la cancha actualmente?

-No, a veces tengo frío, tampoco me dan muchas ganas, no me entusiasma lo que veo. Sí me quedo a veces frente a la televisión para ver partidos de la Premier.

Una figurita de época, con la camiseta verde del Saint Etienne, impidiendo el paso a los delanteros.

95. -¿Le gusta el campeonato de 30 equipos con este formato?

-No, para nada me gusta, porque tergiversa muchas cosas, hay equipos de segunda o tercera línea que bajan la vara de la competencia. Hoy Lanús no anda bien, pero el año pasado daba gusto verlo, lo mismo que este Vélez o Argentinos, los dos juegan bien. Pero en general el nivel es malo, no me gusta este formato.

96. -¿Qué le pasó a Argentina en la final del Mundial con España?

-Nada raro, España nos pasó por arriba, como lo había hecho con Francia en la semifinal. No nos dejó jugar. No es solo un día menos de descanso el que tuvimos, jugaron otras cosas, porque cuesta muchísimo enérgicamente volver de un resultado negativo a positivo, como nos pasó con Inglaterra. Yo estuve en Saint Etienne comentando en cancha el Argentina-Inglaterra del Mundial 98 junto a Arséne Wenger, y lo que se vivió en el ambiente fue algo terrible, muy fuerte en lo emocional. Y en este último Mundial ocurrió lo mismo.

97. -¿Por quién hincha cuando juegan Argentina y Francia?

-Es el grave problema que tengo; en Qatar hinchaba por Messi. Recuerdo que vino un periodista de France Football a hacerme una nota en Parque Lezama antes de la final, y me formuló esa pregunta. “Yo prefiero que salga campeón Messi, porque lo quiero y es el mejor del mundo”, contesté, y saltó mi nieto Tiziano, que estaba por ahí jugando, y gritó: “¡Argentina, abuelo!” (risas).

98. -¿Cómo vivió la consagración de Argentina en Qatar?

-Me emocioné y lloré mucho por Messi. Me había lastimado todo lo que se había dicho de él en años anteriores. Y me gustó mucho también quién lo dirigió: Scaloni le dio un cambio rotundo a la selección llamando a jugadores que casi nadie conocía. Fue muy emotivo para mí porque si no ganaba ese Mundial no lo veíamos más a Messi con la celeste y blanca.

99. -¿Messi o Maradona?

-Me hacen mucho esa pregunta en Francia. Diego es un Dios, si creés en Dios, nos hizo conocidos en el mundo y Messi es el mejor jugador de fútbol que existió, porque las hizo todas.

100. -¿Qué sintió con el anuncio de su retiro?

-Messi está feliz y eso me sirve y me alegra mucho. Eligió muy bien hace unos años cuando prefirió ir a Miami, como todo lo que hizo en la vida. Ahí puede estar con la familia, no lo tienen encerrado, no está obligado a ser campeón o a meter 50 tiros libres por campeonato. ¡Messi no conoce París, aunque estuvo dos años en el PSG! Eso para tomar dimensión de lo que es estar en su piel.

En su casa, con recuerdos de una carrera plagada de éxitos.

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