“Se supone que las mujeres como yo no deben postularse para un cargo público”. La frase con la que Alexandria Ocasio-Cortez abrió uno de los videos de su primera campaña al Congreso resumía buena parte de la apuesta que, en 2018, parecía improbable: una joven latina, sin experiencia electoral y prácticamente desconocida fuera de Nueva York intentaba derrotar a uno de los demócratas más poderosos de Washington.
Ocho años después, aquella candidata insurgente es una de las figuras nacionales del Partido Demócrata. Ocasio-Cortez, de 36 años, conserva su identidad progresista, pero su papel político se ha ampliado mientras el partido busca una estrategia para enfrentar a Donald Trump (quien hace siete años la comparó con Evita Perón) y comienza, inevitablemente, a mirar hacia 2028.
Todavía no anunció una candidatura presidencial ni confirmó que vaya a buscar otro cargo. Pero los movimientos alrededor de su equipo y su creciente presencia nacional mantienen abiertas dos posibilidades que podrían definir su futuro: una carrera por la Casa Blanca o eventualmente por un escaño en el Senado.
Del Bronx a una victoria que nadie esperaba
Ocasio-Cortez nació el 13 de octubre de 1989 en Nueva York, en una familia de origen puertorriqueño. Creció entre el Bronx y el condado de Westchester, una experiencia que luego convertiría en parte de su discurso sobre desigualdad.
Ocasio-Cortez nació el 13 de octubre de 1989 en Nueva York. Foto: AP/Mark Schiefelbein
“Nací en un lugar donde tu código postal determina tu destino”, afirmó al explicar las diferencias de oportunidades que observó durante su infancia.
Estudió Economía y Relaciones Internacionales en Boston University, donde se graduó cum laude en 2011. También realizó una pasantía en la oficina del senador Ted Kennedy, vinculada con temas migratorios.
Su vida cambió durante la universidad, cuando murió su padre. La familia atravesó dificultades económicas y Ocasio-Cortez trabajó posteriormente como camarera y bartender.
Su acercamiento a la política electoral incluyó el voluntariado para la campaña presidencial de Bernie Sanders en 2016. Ese mismo año viajó a Standing Rock, donde activistas indígenas y ambientalistas protestaban contra el oleoducto Dakota Access. Ocasio-Cortez ha señalado esa experiencia como uno de los momentos que la impulsaron a considerar su propia candidatura.
Una de sus iniciativas más reconocibles fue el Green New Deal, presentado junto al senador Ed Markey en 2019. Foto: REUTERS/Jonathan Ernst
En 2018 desafió en las primarias demócratas a Joe Crowley, congresista durante casi dos décadas y una figura de la conducción partidaria. Crowley contó con una enorme ventaja financiera y gastó aproximadamente diez veces más que su rival.
No alcanzó. Ocasio-Cortez obtuvo el 57,13% de los votos y provocó una de las mayores sorpresas electorales de aquel año. Tenía 28 años cuando ganó las primarias y 29 cuando asumió en el Congreso, convirtiéndose entonces en la mujer más joven elegida para la Cámara de Representantes.
La capacidad de Ocasio-Cortez para llamar la atención fue reconocida incluso por Donald Trump. En una entrevista concedida a fines de 2018 para el libro American Carnage, del periodista Tim Alberta, Trump recordó haberla visto por televisión durante la campaña que terminó con su sorpresiva victoria y aseguró que inmediatamente detectó algo en ella. “La llamé Eva Perón. Dije: ‘Esa es Eva Perón. Esa es Evita’”, contó.
Aunque también la descalificó al afirmar que “no sabe nada”, admitió que tenía “talento” y un “factor X”, y que poseía “un verdadero potencial”.
De candidata insurgente a referente progresista
Su llegada a Washington no fue con perfil bajo. Ocasio-Cortez construyó una enorme audiencia digital y utilizó las redes sociales como instrumento político, al mismo tiempo que impulsaba una agenda situada claramente a la izquierda del establishment demócrata.
Una de sus iniciativas más reconocibles fue el Green New Deal, presentado junto al senador Ed Markey en 2019, que vinculaba la lucha contra el cambio climático con una transformación económica y la creación de empleos.
Ocasio-Cortez construyó una enorme audiencia digital y utilizó las redes sociales como instrumento político. Foto: REUTERS/Andrew Kelly
También defendió una expansión del papel del Estado en salud y políticas sociales, mayores impuestos para los estadounidenses de altos ingresos y restricciones a la influencia del dinero corporativo en las campañas.
Su relación con Bernie Sanders fue central para ese posicionamiento. Después de haber sido voluntaria de su campaña en 2016, Ocasio-Cortez lo respaldó durante las primarias presidenciales de 2020 y terminó convertida en una de las principales figuras de una generación progresista que intentó mover al Partido Demócrata hacia la izquierda.
Su vínculo con los Democratic Socialists of America (DSA) también atravesó diferentes etapas. En agosto de 2026 volvió a incorporarse formalmente a la organización, reforzando una identidad política que, pese a su creciente protagonismo dentro del partido, no abandonó.
Con los años, Ocasio-Cortez también construyó una imagen pública inmediatamente reconocible. El pelo largo y oscuro y, especialmente, los labios pintados de rojo se convirtieron en rasgos habituales de su presencia en el Congreso, los actos políticos y las redes sociales.
Alexandria Ocasio-Cortez, a la izquierda, durante la Met Gala 2021 con su vestido que reza "Tax the Rich". Foto: Mike Coppola/Getty Images/AFP
Ella misma habló sobre esa elección: después de su victoria en las primarias de 2018 contó que varias mujeres le preguntaron por el tono que había utilizado durante los debates y reveló que se trataba de Stay All Day de Stila Cosmetics en el tono "Beso", un rojo intenso que terminó asociado a su imagen.
Para Ocasio-Cortez, además, la estética nunca estuvo completamente separada de la política: ha utilizado la ropa y el maquillaje para hablar de identidad, feminidad y poder, desde sus característicos labios rojos hasta el vestido blanco con la inscripción “Tax the Rich” que llevó a la Met Gala de 2021.
La decisión de congelar sus óvulos y hacer público el proceso
Ocasio-Cortez también convirtió una decisión íntima en una conversación pública sobre fertilidad y maternidad. A mediados de agosto comenzó un proceso de congelación de óvulos y decidió documentar sus distintas etapas ante los casi 10 millones de seguidores que tiene en Instagram. “Ésta es una decisión que estoy tomando para sentir que tengo más control sobre mi vida”, explicó. La congresista, que cumplirá 37 años en octubre, mostró desde las inyecciones hormonales hasta los controles médicos y la recuperación posterior a la extracción.
AOC contó que había empezado a ahorrar para congelar sus óvulos cuando todavía trabajaba como camarera y estimó el costo inicial de su tratamiento en unos USD 9.000, además de los gastos posteriores de conservación. Al explicar por qué decidió hacerlo público, señaló que la fertilidad está atravesada por cuestiones como “los costos, los privilegios, la clase social” y por la manera en que se juzgan las decisiones reproductivas de las mujeres.
También puso el foco en una limitación importante: preservar óvulos permite mantener abierta la posibilidad de intentar un embarazo en el futuro, pero no garantiza que finalmente pueda lograrse.
Su decisión también adquiere otra lectura por los ataques que recibió en el pasado: en 2021, JD Vance incluyó a Ocasio-Cortez entre las dirigentes demócratas a las que descalificó como “childless cat ladies” -mujeres con gatos y sin hijos-.
Una figura que empieza a mirar más allá de su distrito
En 2026, Ocasio-Cortez realizó cambios en su equipo político mientras aumentaban las especulaciones sobre sus próximos pasos. Reforzó la operación encargada de su estrategia y proyección más allá de su distrito de Nueva York, movimientos que alimentaron las especulaciones sobre una eventual candidatura nacional.
Ocasio-Cortez obtuvo el 57,13% de los votos y provocó una de las mayores sorpresas electorales del 2018. Foto: Rick Loomis/Getty Images/AFP
La congresista no confirmó cuál será su próximo paso, pero entre los escenarios que circulan dentro del Partido Demócrata aparecen una candidatura presidencial en 2028 o una eventual competencia por un escaño en el Senado, dos caminos que requerirían una organización política mucho más amplia que la necesaria para conservar su banca en la Cámara de Representantes.
La incógnita refleja una cuestión más amplia dentro del Partido Demócrata. Después de años en los que Ocasio-Cortez fue presentada principalmente como una adversaria del establishment, su capacidad para ampliar su coalición se convirtió en una pregunta central ante cualquier eventual candidatura nacional.
Incluso ella ha reconocido algunos cambios en el lenguaje de la izquierda. En una entrevista con ABC en agosto una frase se volvió viral: “El woke 1.0 fue una locura”. Ella aclaró que estaba retomando un dicho de un concejal local -Chi Ossé- y lo utilizó cuando Jonathan Karl le preguntó por antiguas posiciones progresistas como “abolir la policía” o “desfinanciar a la policía”. Después agregó una idea importante: “Ahora tenemos que evaluar lo que un candidato está diciendo”.
Es que su protagonismo también significa que gestos de apenas segundos pueden convertirse rápidamente en controversias nacionales.
Ocurrió de nuevo el 11 de septiembre, durante la ceremonia por el 25° aniversario de los atentados en la Zona Cero. Un fragmento de cuatro segundos mostró a Ocasio-Cortez sonriendo durante un intercambio con el alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani, mientras se leían los nombres de las víctimas.
La congresista no confirmó cuál será su próximo paso, pero entre los escenarios que circulan dentro del Partido Demócrata aparecen una candidatura presidencial en 2028 o una eventual competencia por un escaño en el Senado. Foto: AP/Allison Robbert
El senador republicano Ted Cruz difundió las imágenes y preguntó: “¿Cómo diablos se puede reír mientras se leen en voz alta los nombres de los asesinados el 11 de septiembre?”.
Pero un video más extenso revisado posteriormente por CNN proporcionó un contexto diferente. Las imágenes muestran a Mamdani con expresión solemne durante la lectura antes de que Ocasio-Cortez se acerque a saludarlo. Ambos intercambian sonrisas, palabras y un breve abrazo y luego permanecen juntos durante la ceremonia.
La incógnita sobre el 2028
Ocasio-Cortez ya demostró que puede movilizar votantes progresistas, recaudar dinero y construir una plataforma nacional sin depender de la estructura tradicional que dominaba el Partido Demócrata cuando llegó al Congreso.
Una candidatura presidencial plantearía una prueba mucho mayor: demostrar si ese movimiento puede extenderse más allá de los votantes jóvenes, progresistas y urbanos que constituyen una parte importante de su base.
En 2018, la pregunta era si una candidata como Ocasio-Cortez podía siquiera llegar al Congreso. Ocho años después, la incógnita es hasta dónde quiere llegar.
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