Martina tiene 28 años y hace tres dejó atrás su vida en Rávena para instalarse en una casa antigua del siglo XVIII, en medio de los Apeninos de la Romaña.
Lejos de la ciudad, la joven italiana encontró una forma de vida muy diferente a la que había llevado hasta entonces, rodeada de naturaleza y sin la presión que durante años había sentido por tratar de encajar y agradar a los demás.
“Los intereses de la gente iban en una dirección y yo iba en la opuesta. La cuestión de la apariencia, de la estética, el tener que gustar. Había dudado muchísimo de mí misma", cuenta sobre su adolescencia en una entrevista con The Pillow.
Después de terminar la escuela se acercó al arte, el teatro, la danza y el yoga, y estudió taoísmo, una tradición filosófica y religiosa de origen chino que enseña a vivir en armonía con el flujo natural del universo.
A los 26 años, tomó una de las decisiones más importantes de su vida. Compró una antigua casa de campo del siglo XVIII, se mudó allí y empezó a transformarla.
Aprendió sobre la marcha a ocuparse de una casa de campo, a hacer trabajos de jardinería para mantener el lugar y también a cómo restaurar la vivienda.
Incluso, para poder sostener la hipoteca, abrió las puertas de la vivienda y ahora ofrece alojamiento a otras personas.
Martina, 28 años: "Todos los días me asomo por la ventana y digo ‘madre mía’, qué sensación de gratitud"
“Al entrar se nota cómo diferentes identidades conviven aquí. Está mi esencia, la esencia de la casa, la esencia de mi abuela”, comienza diciendo Martina en la entrevista con The Pillow mientras muestra la vivienda.
Martina, italiana de 28 años. Foto: Captura Youtube.
Su abuela fue una figura muy importante para ella, especialmente durante sus últimos meses de vida, cuando Martina la cuidaba. También fue quien le transmitió su pasión por las plantas y la naturaleza y le regaló una caja de música que, según cuenta, la llevó a “otra dimensión”.
Ese vínculo también está presente en la casa que hoy está restaurando. “En general aquí he recuperado un poco de todo, las mesitas, de mercados de segunda mano”, cuenta. Algunas partes de la vivienda ya fueron recuperadas, mientras que otras todavía están en obra.
“Aquí somos muchos, somos muchísimos, en realidad yo solo soy la guardiana de la casa”, asegura Martina. Cuando llegó por primera vez, según recuerda, el día estaba gris, pero algo en el lugar le hizo sentir que había encontrado lo que estaba buscando.
Su llegada a la casa también estuvo marcada por un momento difícil de su vida. Martina había atravesado años de presión y de una necesidad constante de agradar a los demás, lo que derivo en distintos problemas de salud. “Había sufrido de bulimia nerviosa, autolesiones, depresión”, cuenta sobre aquella época.
Martina, italiana de 28 años. Foto: Captura Youtube.
Vivir alejada de la ciudad también significa enfrentarse a nuevos miedos. “El miedo al abandono, el hecho de estar aquí sola, un poco asocial, y pensar ‘quién sabe si conoceré a alguien’. Son las cosas típicas que aparecen cuando estás sola”, explica.
Aun así, Martina asegura que encontró en ese lugar una sensación que antes le costaba alcanzar. “Todos los días me asomo por la ventana y digo ‘madre mía’, qué sensación de gratitud inmensa”, expresa.
“Cuando te pones en segundo lugar, ya es la mitad del trabajo hecho. Si haces las cosas por una necesidad del alma y no por satisfacer el ego, entonces el universo te responde. Hago todo con el corazón abierto, con ganas de sacrificio, porque creo en ello, o sea, tengo fe en el proceso”, concluye.
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