Ricardo Gareca, el Tigre, el Flaco, aquel jugador, este técnico, a los 68 años, continúa respirando fútbol de principio a fin. Y sigue flaco como siempre. Saluda afectuosamente mientras termina de charlar con un asistente del salón Alerces del Hotel Hilton en Puerto Madero, al que le dice con pasión, picardía y algo de fanatismo: “Estábamos con un grupo de amigos en un asado y éramos tres de Vélez. Había dos de Boca, dos de River y alguno de los otros. Los miro y les digo, ‘somos mayoría’”. Y enfatiza. “Está pasando eso en muchas mesas de amigos, en reuniones varias, algo que antes no sucedía”.

La repercusión de los clubes en los medios periodísticos es algo que le preocupó siempre, pero ahora más. Y argumenta como si fuera una cruzada: “El periodismo que sigue hablando de los cinco grandes es viejo, es arcaico, se queda con algo que pasó en la década del 30. Ya está, hay que actualizarse. Tiene que haber más lugar para otros equipos. Es lógico que Boca y River estén por arriba del resto. Pero hoy, Vélez, Estudiantes, si querés Huracán, los rosarinos, los cordobeses, los tucumanos, no son menos que Independiente, Racing y San Lorenzo. Darles más espacios es una manera de jerarquizar el fútbol argentino”.

Puede sonar una argumentación que tiene su génesis en su condición primaria de hincha de Vélez, pero el que conoce la trayectoria del Tigre sabe de su profesionalismo y su capacidad de análisis, con alto nivel de objetividad. Una línea de conducta que mantiene desde sus inicios en Boca, su paso consagratorio por Sarmiento, su tiempo fugaz en River, los años en América de Cali, el regreso a Vélez y el final en Independiente; y su enorme carrera como entrenador, que incluye las selecciones de Perú y Chile, y seis títulos como entrenador, uno con Talleres, otro con Universitario de Perú y cuatro con Vélez.

Ricardo Gareca, a los 68 años, sigue respirando fútbol. Foto: Guillermo Rodríguez Adami.

En este mano a mano con Clarín, Gareca reflexiona sobre el último mundial y su rol como analista en el programa de Streaming en Perú, de la actualidad del fútbol argentino y sus ganas de insertarse nuevamente en el ámbito local después de tantos años en el exterior.

Estuviste comentando el Mundial para la televisión peruana, un programa de streaming que se llamaba La sustancia de Gareca. ¿Cómo te fue?

—Me fue bien, fue algo nuevo para mí. Después de tantos años en Perú, siempre vuelvo y esta vez me propusieron hacer un streaming entrevistando a excompañeros o exdirigidos y comentando un poco el Mundial. Así que fue algo novedoso. Viajé, tuve que quedarme allá. Primero estuve como 45 días y después estuve todo el mundial. Iba y venía; me quedaba 15 o 20 días, venía y volvía a viajar.

Desde tu función de entrenador, ¿qué análisis hacés del último Mundial?

—Fue apasionante, hubo mucha diferencia entre algunos equipos, en especial los que siempre fueron protagonistas. No hubo una sorpresa táctica. Sí vi situaciones de transiciones rápidas, los equipos pasaban la línea de la pelota, defendían en un bloque, a veces en una zona pasiva, no en una zona activa. Lo que pasa es que técnicamente son jugadores muy buenos y futbolísticamente hubo partidos atractivos, con una figura preponderante que fue Messi. Se vislumbraba alguna figura pero los del PSG fueron discontinuos, Yamal no terminó de explotar y algo mostró el chico mexicano Gilberto Mora. La competencia estaba concentrada en los que se despedían de los mundiales como Modrić, Ronaldo, Messi o James Rodríguez. Pero el que acaparó toda la atención fue Messi, que nos deslumbró no solamente por su capacidad goleadora, sino también por cómo jugó y por la edad que tenía, apareciendo en momentos en que la selección estaba complicada, con resultados abajo y teniendo que dar la cara.

¿Qué te pasó tras el partido de Inglaterra?

—En mi programa, para mí se terminó el Mundial con Inglaterra. Argentina venía de dar vuelta tantos partidos y justo ese fue el encuentro ideal para todos, para la selección también, tan emocionante que lo di por terminado. Después le tocaba a una España que si algo tenía era que te sacaba la pelota, te hacía correr, y para Argentina, con el desgaste físico que tuvo y los problemas que arrastraba, fue la peor selección que le podía tocar en una final del mundo. Tras el 2-1 a Inglaterra me emocioné bastante y no podía seguir. Me exigían que mandara el avance apenas terminaban los partidos para pasarlo en los reels y que la gente se enganchara. Estaba solo en el hotel y me agarró una congoja terrible, algo raro en mí, porque si bien me puedo emocionar con algunas cosas, futbolísticamente no es habitual.

Hablaste de la dimensión de Messi y todo lo que mostró. Y después se supo y contó todo lo que le estaba pasando…

—Sí, a él le pasaban cosas, sin lugar a dudas el tema del padre. Él sabía, la familia sabía el final de toda esta historia. Deduzco yo, haciendo un análisis de la situación que le tocó vivir, con la posibilidad de estar en los mejores lugares del mundo por la enfermedad del padre, que era un cuadro irreversible. Por ahí eligió Rosario como el lugar para terminar todo. Eso lo sabía toda la familia, entonces le habrá tocado afrontar el Mundial sabiendo que el padre por ahí no tenía demasiado tiempo, dejando todo en cada partido. Eso lo hizo más emocionante porque él transmitía y despertaba emoción en la familia, en los hijos y en uno mismo; tiene esa particularidad y característica.

Una foto histórica: el Tigre con Insua, Russo, Guggeri y Giusti, a su izquierda, en el Estadio Maracaná. De frente, aparece Carlos Salvador Bilardo, en el centro.

¿Te gustó el Mundial con 48 participantes?

—Eso van a tener que revisarlo, porque llegó un momento en que hubo mucha diferencia. Desde un punto de vista fue emocionante, para los que lograron ver a su propia selección participar, tiene un matiz interesante para los países a los que les cuesta estar en un mundial. Pero desde el punto de vista futbolístico, hubo selecciones de las que esperaba más. En la segunda etapa de mi programa entrevisté a varios campeones del mundo y la mayoría coincidía en que no iba a haber un campeón del mundo nuevo, sino que iba a estar entre los históricos, y así se dio.

En esa misma sintonía, ¿cómo ves al fútbol argentino con 30 equipos?

—Si bien hay planteles con una marcada diferencia con el resto, en el momento de ejecutar y de estar en la cancha no se nota tanto, pareciera que hay paridad. Mientras hay competencias internacionales, por la cantidad de partidos, tal vez los planteles numerosos no marcan tanto esa diferencia, pero en la definición del campeonato sí. A nivel local es un campeonato apasionante como siempre; a diferencia del mundial donde no iba a haber un campeón nuevo, en el fútbol argentino todos los años sale un campeón nuevo. Pero nadie compite fuerte a nivel internacional.

En especial en las últimas dos décadas

—Sí, eso es real. Lo preocupante de todo es la distancia que ha tomado Europa respecto al nivel competitivo de los clubes de Sudamérica, cosa que antes no ocurría. Antes vos tenías a Independiente, Boca o Vélez que le disputaban y le ganaban a cualquiera en Europa. Hoy en día es imposible pensar y analizar una posible final entre un equipo europeo y uno argentino, algo que se vio reflejado en el último Mundial de Clubes. Se han tomado medidas que no han favorecido al fútbol sudamericano; si bien Brasil tiene diferencia con Argentina en las competencias regionales, sufre la misma dificultad con los europeos.

El Tigre, impecable a los 68. Foto: Guillermo Rodríguez Adami

¿Qué medidas te parece que no resultaron?

—Han cambiado las normas y se llevan a los jugadores a temprana edad; los pierden. Mi papá una vez fue a pedir el pase en Boca y antes no te lo daban así nomás. Para firmar un contrato profesional tenías que ser mayor de 21 años o jugar una determinada cantidad de partidos en Primera. Hoy en día los clubes están obligados a hacerles contratos a los 15 o 16 años, sin saber si van a triunfar en Primera. Les sacan los jugadores y eso le quita competitividad a los equipos, que ya no pueden sostener ni siquiera un año o dos a un pibe que se asoma porque enseguida lo venden. Las normas no favorecen a las instituciones sudamericanas. ¿Cómo hacés para que Boca le gane a un equipo europeo hoy? El último campeón del mundo a nivel de clubes fue Corinthians en 2012 o los argentinos en 2003 con Boca; ya pasaron demasiados años y cada vez es mucho más lejano. Estudiantes con Sabella pudo maniatar al Barcelona hasta el último momento, y San Lorenzo o River llegaron a finales con el Real Madrid, pero terminaron con una diferencia abismal cuando nunca la hubo. Quienes toman las medidas tienen que tener en cuenta la gloria del fútbol sudamericano: Independiente es el rey de copas, Boca, Vélez, Estudiantes, River, Peñarol, Nacional y los brasileños fueron campeones del mundo, no solo ganadores de la Copa Libertadores. El tema económico en Argentina existió toda la vida; yo estuve en Boca ocho meses sin cobrar y dos años sin contrato con Ruggeri, y Boca después salió campeón de todo igual, antes con Lorenzo y después con Bianchi. El problema actual pasa por otro lado.

Incluso lo viviste en Vélez, un club reconocido por sacar juveniles y por la necesidad de vender para sostener su estructura...

—Claro, cuando Vélez salió campeón de América y del mundo pudo sostener a los grandes, como Chilavert, Basualdo, y a los pibes como Turu Flores, Bassedas, el Turco Asad y a todos los pibes al menos un par de años. Ahora no, necesita vender. River, con mayor retención de figuras, hubiese hecho otra Copa Libertadores con jugadores desequilibrantes como Franco Mastantuono, que al final casi no jugó en el Real Madrid y se terminó yendo a Fiorentina. No digo que no puedan venderlos, sino que puede haber acuerdos para que la evolución la hagan acá y los equipos argentinos se fortalezcan con sus figuras. Sino, es imposible que los equipos vuelvan a competir a ese nivel. Los clubes se sienten muy desprotegidos por estas leyes y reglamentos, más allá de que algunas dirigencias hayan actuado mal.

¿Cuáles de los equipos que están jugando el torneo actual te gustan o ves que marcan diferencia?

—Los mendocinos parecen estar bien, hay que ver si sostienen el rendimiento en el tramo de finales. River se puede volver a posicionar, con los últimos refuerzos. Boca, con Arruabarrena y los chicos que aparecieron, ha ganado fuerza. Después hay sorpresas como Sarmiento, que se acomodó con Facundo Sava, y Estudiantes, que está peleando en varios frentes. Hay equipos muy competitivos.

¿Hace unos días, Guillermo se enojó porque no le preguntaban por el primer "tiempo bárbaro" que había jugado con Estudiantes: ¿coincidís que Vélez por momentos está mostrando un gran nivel futbolístico?

—Sí, este Vélez viene jugando grandes partidos desde hace tiempo. Para mí el mejor es Vélez, porque viene sosteniendo una regularidad con Guillermo en el tiempo a pesar de las transferencias, y siguen apareciendo chicos. Habrá que ver si en los tramos finales, la inexperiencia o la cantidad de juveniles los perjudica, porque los chicos son importantes, pero en gran cantidad hay que ver si se puede sostener. El chico de Vélez está preparado para triunfar en Primera, pero en cantidad hay que verlo.

Por último, ¿cómo te encuentra este tramo final del 2026?

—Me encuentro con ganas de poder trabajar. Estoy a la espera de ver si me sale algo acá en Argentina para volver a insertarme en esta rueda del fútbol local, ya que estuve muchos años afuera. De no ser así, evaluaré la posibilidad de irme al exterior nuevamente. Estoy abierto a continuar la carrera de técnico; el streaming y el comentario me agradaron, pero no es lo que estoy priorizando.