"Uno sólo se lleva lo que les deja a los otros”.
“Sólo muere lo que no se recuerda”.
Ambas frases son de Eduardo Bergara Leumann (1932-2008), actor, conductor de televisión (de "La Botica del Angel" y "La Botica del Tango"), vestuarista, artista visual y pionero del café concert local. Y fundador del Museo Escenográfico La Botica del Angel, que está de fiesta: celebra sus 60 años.
La sede de La Botica fue la casa de Eduardo Bergara Leumann Foto: Instagram @usalboticadelangel.
El público tiene a disposición las visitas guiadas por la sede, una iglesia desconsagrada que cuenta con 33 salas, ubicada en Luis Saenz Peña 541, Capital.
El 24 de septiembre realizará el primer festejo privado. Mario Marzán contará su debut en La Botica, la escritora Luisa Valenzuela hablará de la amistad de Bergara con su mamá, Luisa Mercedes Lenvinson. Habrá magia. Y sigue la lista.
El 1 de octubre será el turno de los artistas plásticos que tienen obra en la colección de Bergara que exhibe La Botica, también sólo para invitados. Y cantará Nico Favio, el hijo de Leonardo Favio (quien debutó allí y dijo que gracias a Bergara había dejado de "comer salteado").
La Botica del Angel. Foto: Cristina Sille
Además, el sábado 26 de septiembre a las 21 Laura Manzini presentará Canciones rescatadas, un homenaje al café concert en su cuna. Mejor, reservar las entradas.
La Botica del Angel propone un viaje por la historia de nuestra cultura, variadísimo. Berni, Borges, Libertad Lamarque y Eva Duarte. Tango. Folclore. El circo de los hermanos Podestá. Mingitorios que homenajean a Shakespeare. En total, hay unas 2.000 piezas y documentos, y cada uno tiene qué contar.
La Botica del Angel. Foto: Cristina Sille
Puede apabullar, claro. Pero, como indicó Clarín en esta nota, al final, uno entiende que no se trata de ordenar la cultura argentina en compartimentos sino de ponerla a conversar, como hacía Bergara mientras convidaba rosquitas.
La Botica del Angel. Foto: Cristina Sille
La historia de La Botica del Angel arranca en 1966. Bergara abrió la primera sede en Lima 670. Iba a ser una sastrería pero un carpintero se equivocó, hizo una tarima enorme y Lola Membrives imaginó un escenario. Bergara lo hizo realidad.
“Una vez en la que una artista tardaba, le pidió la cartera a una espectadora y la abrió ante todo el público”, suele recordar José Luis Larrauri, que trabajó durante 20 años con Bergara y guía las visitas por el museo.
La Botica del Angel. Foto: Cristina Sille
Aquella improvisación pegó y se transformó en un sketch del que no se salvó ni la nieta del dictador español Francisco Franco.
Cuando se extendió la Avenida 9 de Julio, aquella sede de La Botica fue demolida. Bergara compró portones, molduras, columnas y angelitos y mudó su aventura a la sede actual, en Sáenz Peña.
En la década de 1970 Bergara se fue del país. Actuó para Federico Fellini en Italia. Pasó por Estados Unidos, donde expuso obras. Y en los ‘80 volvió a la Ciudad.
Entonces, Bergara recolectó la colección de tesoros que había distribuido entre amigos y reabrió el museo.
La Botica. Foto: Cristina Sille.
Cuando murió, La Botica pasó a manos de la Universidad del Salvador. Además de Larrauri, Maura Ooms y Yolanda Acuña se ocupan de que todo siga intacto.
Para información sobre las visitas guiadas, ver la página web www.boticadelangel.usal.edu.ar o la cuenta de Instagram en @usalboticadelangel
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