Los resultados de PISA 2025 fueron noticia en todo el mundo. Durante algunos días volvimos a hablar de puntajes, posiciones, caídas y comparaciones entre países. Pero las noticias suelen tener una vida corta. Los desafíos educativos, no.

Por eso, quizá la pregunta más importante no sea qué lugar ocupa cada país en una tabla, sino qué hacemos con la información que PISA acaba de poner delante de nosotros. Porque detrás de los resultados hay señales sobre cómo están aprendiendo nuestros adolescentes, cuánto sentido encuentran en la escuela y qué tan preparados están para un mundo que cambia a una velocidad cada vez mayor.

La fotografía regional presenta enormes desafíos. En matemática, tres de cada cuatro estudiantes latinoamericanos de 15 años no alcanzan los niveles mínimos de desempeño. Pero detenernos en los puntajes sería desperdiciar buena parte de lo que PISA puede enseñarnos.

Andreas Schleicher, impulsor de las pruebas PISA, planteó durante el encuentro que organizamos desde Fundación Varkey y Argentinos por la Educación una cuestión central: dos sistemas educativos pueden obtener resultados académicos parecidos y, sin embargo, producir experiencias escolares muy diferentes. Una escuela no puede medirse solamente por aquello que un estudiante responde correctamente en una evaluación. También importa si despierta curiosidad, enseña a perseverar, construye vínculos y logra que los jóvenes encuentren sentido en lo que aprenden.

Allí aparece uno de los grandes desafíos de nuestro tiempo: recuperar la atención y el compromiso con el aprendizaje. Las habilidades lectoras que más sufrieron en los últimos años son precisamente aquellas que más necesitaremos en un mundo atravesado por la inteligencia artificial: contrastar fuentes, reflexionar sobre la información y pensar críticamente.

La paradoja es enorme: nunca tuvimos tanta información disponible y nunca fue tan necesario aprender a interrogarla. La inteligencia artificial puede ser fluida, persuasiva y segura en sus respuestas sin necesariamente tener razón. Educar será, cada vez más, enseñar a preguntar, buscar evidencia y distinguir información de conocimiento.

La tecnología también desafía a la escuela. Los datos muestran que su uso educativo puede contribuir al aprendizaje, pero también que los dispositivos utilizados para el ocio afectan la atención. Los estudiantes crean menos y consumen más; producen menos y hacen más scroll. Argentina y Uruguay aparecen entre los casos más extremos: la mayoría de los estudiantes afirma que pierde la concentración porque algún compañero utiliza el celular en clase. Y hay un dato alentador: allí donde las escuelas prohíben o regulan su uso, la distracción disminuye significativamente.

Pero la respuesta no está solamente en las pantallas. PISA vuelve a recordarnos que en el centro de la educación siguen estando las relaciones humanas.

En buena parte de América Latina, los estudiantes sienten que sus docentes se preocupan por ellos y por aquello que quieren llegar a ser. Es una fortaleza enorme. Pero los docentes no pueden hacerlo solos. Los datos también muestran un debilitamiento del acompañamiento familiar. Y aquí PISA aporta un dato contundente: preguntar a los hijos qué hicieron en la escuela está asociado con una ventaja de rendimiento equivalente a más de un año escolar, incluso descontando las diferencias de origen socioeconómico. Acompañar no significa saber todas las respuestas; muchas veces empieza simplemente por interesarse en lo que aprendieron.

Finalmente, está el desafío de la equidad. Quienes más necesitan una buena escuela deberían encontrar allí los mejores docentes y recursos. Schleicher lo resumió con una idea poderosa: para un estudiante de un contexto desfavorecido, un gran docente puede representar una oportunidad decisiva.

PISA nos deja, entonces, una agenda que va mucho más allá de los puntajes: recuperar la curiosidad y la atención, enseñar a pensar críticamente en tiempos de inteligencia artificial, fortalecer la alianza entre docentes y familias y llevar los mejores recursos allí donde más pueden transformar oportunidades.

PISA ya fue noticia. Ahora empieza lo importante: qué hacemos con lo que aprendimos.

(*) Agustín Porres es director regional de la Fundación Varkey y Víctor Volman es director ejecutivo de Argentinos por la Educación.

RB