Guillermo Franco Rolutti tiene 20 años y acaba de ser aceptado en la Academia Vaganova de San Petersburgo, Rusia. Con ese ingreso, se convirtió en el primer latinoamericano en ingresar a una de las escuelas de ballet más prestigiosas del mundo.
Lo curioso es que, para conseguirlo, el cordobés, oriundo de barrio Alberdi ni siquiera tuvo que viajar, sino que envió un video desde su casa para la audición y una semana después recibió la invitación para ir directamente al último curso, sin tener que atravesar otra instancia de selección.
El joven bailarín compartió la noticia a través de su cuenta de Instagram, donde escribió: "Gracias mamá por darme esta vida. Gracias Argentina por colaborar conmigo en esta increíble oportunidad. Pondré todo mi corazón para bailar en los escenarios más importantes del mundo representando a mi país".
Para llegar hasta ahí tuvo que atravesar más de una década de formación, escenarios, competencias y mudanzas.
Guillermo Rolutti será el primer latinoamericano en ingresar a la Academia Vaganova de Rusia, una de las más prestigiosas de ballet. Foto: Instagram @guillerolutti
El camino de Rolutti comenzó a los 9 años en el Seminario de Danzas Clásicas Nora Irinova, perteneciente al Teatro del Libertador General San Martín de Córdoba. Antes había probado distintas actividades: natación, como el resto de su familia, telas y taekwondo, pero tarde o temprano todas lo aburrían. Después de la escuela, necesitaba encontrar algo nuevo para hacer y así apareció el ballet.
“Estaban haciendo una audición. Así que fui y, sin querer queriendo, entré. Todavía no sé cómo, porque yo no tenía ninguna experiencia en ballet. O sea, no sabía nada”, recuerda en diálogo telefónico con Clarín desde Rusia donde el joven se encuentra hace ya dos semanas.
Él mismo reconoce que "al principio, el ballet fue apenas un hobby, una actividad más para hacer después del colegio". Pero ya para el segundo año cuenta que empezó a ver "todo lo hermoso del baile".
Él todavía no termina de entender cómo logró ingresar a una disciplina que prácticamente no conocía. Este medio contactó a Patricia Ferrer, directora del Seminario donde dio sus primeros pasos, quien recordó al pequeño Guille y destacó desde el comienzo sus atributos para la danza. “Mostró unas cualidades físicas muy impresionantes, muchas condiciones físicas y artísticas fueron notables”, señaló.
Guillermo Rotulli comenzó a bailar ballet a los 9 años. Foto: Silvano Ballone
Esa mirada coincide con la propia descripción que hace Rolutti de sí mismo. “Soy muy tímido, pero cuando bailo soy otra persona”, reconoce el bailarín.
Sobre su reciente ingreso a la Academia Vaganova, Ferrer destaca "el inmenso orgullo" que representa la institución que lo formó durante cinco años. “Está en lo más alto de la excelencia del ballet mundial. Estamos muy felices por él”, expresa y agrega que no le sorprende porque Guillermo "no aflojó nunca a la hora de luchar por sus sueños".
Al principio, sus compañeros de la escuela lo miraban con cara rara “Me preguntaban por qué había elegido esto, pero con el tiempo empezó a ocupar un lugar muy importante en mi vida, fui teniendo logros con el ballet y empezaron a entenderme”, recuerda Rolutti.
Los primos pasos grandes
A los 15 años llegó el momento de dejar Córdoba y mudarse a Buenos Aires para cumplir su sueño de bailar en el imponente Teatro Colón. Viajó acompañado por su mamá, que ahorró durante meses con su trabajo como empleada doméstica para poder sostener su formación. Desde entonces, Rolutti vivió solo y pasó por ocho residencias durante sus años en la ciudad.
“Dejé el colegio un poco de lado y tuve que terminarlo de manera online. Para ese momento ya me empezaba a juntar solamente con bailarines, salía con ellos y mi vida estaba cada vez más vinculada a la danza.”
Finalmente, ingresó al Instituto Superior de Arte del Teatro Colón (ISATC), donde cursó quinto y sexto año. Fueron años que recuerda con especial cariño y que, asegura, dejaron una enseñanza que llevará con él durante toda su carrera. Incluso fue elegido por el Teatro Colón para interpretar al Pájaro Azul, uno de los personajes de Bodas de Aurora, el tercer acto del ballet La Bella Durmiente del Bosque.
Guillermo Rotulli participo en el ballet Bodas de Aurora del Teatro colón como pajaro azul. Foto: @guillerolutti
Sin embargo, su vínculo con el Instituto no terminó como le hubiera gustado. Después de ser admitido en Rusia, las autoridades decidieron que no continuara en el Instituto. Literalmente, no lo dejaron entrar por la puerta.
“Me echaron de la escuela del Colón de una manera sutil, con algo como ‘te quedás libre de faltas’, cuando eso no era cierto en mi caso. Si falté alguna vez fue porque tuve problemas clínicos en ese momento. La verdad es que me sentí un poco decepcionado".
“Soy consciente de que cuando se cierra una puerta es para que se abra otra mucho mejor”, reconoce con angustia. Aun así, admite que le duele no poder egresarse junto a sus compañeros.
El salto internacional
En paralelo, la siguiente oportunidad apareció en el Prix de Lausanne, una de las competencias de referencia para jóvenes bailarines de todo el mundo.
En 2024, Rolutti fue seleccionado para participar y recibió cuatro ofertas a través del Networking Forum, entre ellas la de la Escuela del Ballet de Hamburgo, en Alemania. El propio Prix de Lausanne registra ese paso en su historial de jóvenes talentos latinoamericanos.
Su mamá fue quien lo apoyó desde el principio y lo ayudó a cumplir cada uno de sus sueños. Foto: Silvano Ballone
La llegada a Hamburgo significó otro cambio importante. Durante dos años, Rolutti continuó su formación en la escuela vinculada al Ballet de Hamburgo y al universo artístico de John Neumeier, uno de los grandes nombres de la danza contemporánea y el ballet del siglo XX y XXI.
Para un bailarín joven, ese tipo de formación no representa solamente sumar una escuela al currículum. También significa convivir con otra metodología de trabajo, entrenarse en un ambiente internacional y prepararse para competir por un lugar en compañías profesionales.
En el camino, además, Rolutti consiguió cinco becas internacionales, otro indicador de un recorrido que fue creciendo rápidamente desde sus primeros años de formación.
Cuando terminó su etapa en Alemania, el futuro parecía estar encaminado hacia Austria. Tenía un contrato en Viena y una posibilidad concreta para comenzar una nueva etapa profesional. Sin embargo, decidió intentar algo diferente.
"Mis sueños fueron... A medida que voy logrando un sueño, tengo otro", confiesa.
La decisión que lo llevó a Rusia
Rolutti audicionó para la Academia Vaganova a través de un video. Tenía 19 años y sabía que la posibilidad era difícil, pero decidió probar.
La respuesta llegó apenas una semana después. En lugar de ofrecerle comenzar desde un nivel intermedio, la academia le propuso ingresar directamente al último curso. “Primero no lo podía creer. Hasta le pregunté a ChatGPT si no se podían haber equivocado (risas). Cuando confirmé que era verdad, dije: ‘No lo puedo creer’”, contó Guillermo.
La decisión significaba dejar en pausa el camino que tenía previsto en Viena para apostar por una formación en San Petersburgo. Y también lo convertía en el primer latinoamericano aceptado en la institución en esas condiciones.
Guillermo Rolutti en las salas de ensayo del Teatro Colón. Foto: @guillerolutti
Hace dos semanas llegó a Rusia para comenzar esta nueva etapa de su formación. Allí, el 95% de los bailarines son rusos y, en su curso, apenas hay dos extranjeros. Su llegada fue posible gracias a los sponsors que consiguió el Joven Ballet Argentino.
“En mi curso hay solamente dos extranjeros y eso me sorprendió, pero me llevo bien con mis compañeros. Yo no hablo ruso y ellos hablan muy poco inglés, así que me expreso con el cuerpo. A muchos, cuando les decía que era de Argentina, ya me respondían ‘Messi’(risas)”.
Incluso tiene un sueño pendiente fuera de los escenarios: “Mi sueño es conocer a Messi”, cuenta el bailarín quien ahora es llamado Franco por sus compañeros rusos.
Ahora, su objetivo está puesto en el próximo paso de su carrera. “Mi sueño es bailar en una compañía de ballet y ver qué me depara el futuro”, dice.
Por qué Vaganova es tan importante
Para entender la dimensión de lo que acaba de conseguir Rolutti hay que mirar la historia de la academia. La institución fue fundada en 1738 por iniciativa de la emperatriz Anna Ioannovna, cuando se creó en San Petersburgo la primera escuela profesional de danza de Rusia. Ese origen la convierte en una de las escuelas de ballet más antiguas del mundo.
Con el paso de los siglos, aquella escuela fue convirtiéndose en uno de los grandes centros de formación de la tradición clásica rusa. Por sus aulas pasaron figuras como Anna Pavlova, Vaslav Nijinsky, George Balanchine, Rudolf Nureyev, Mikhail Baryshnikov y Ulyana Lopatkina, entre muchos otros bailarines y coreógrafos que marcaron la historia de la danza.
Su importancia también está relacionada con la metodología de enseñanza. La academia tomó distintas tradiciones europeas y, con el tiempo, desarrolló una forma propia de enseñar el ballet clásico. Una de las figuras centrales de ese proceso fue Agrippina Vaganova, exalumna y posteriormente maestra de la institución, cuyo sistema de entrenamiento terminó dando nombre a la academia.
No se trata solamente de una escuela con una historia extensa. La competencia para ingresar continúa siendo muy alta. Según la propia Academia Vaganova, miles de chicos consultan cada año por una posible admisión y aproximadamente 70 son aceptados; de ellos, alrededor de 30 llegan a completar la formación.
Por eso, este ingreso representa que a sus 20 años, Rolutti pasa a formar parte de una tradición de casi 300 años, vinculada a algunos de los grandes nombres y compañías del ballet clásico de Rusia y del mundo.
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