Georg Nagel es, junto a Karl Deisseroth y Peter Hegemann, uno de los tres científicos que ganaron el Premio Nobel de Medicina 2026 por su trabajo en la optogenética, una disciplina que permite comprender cómo determinadas células contribuyen al aprendizaje, el miedo, la adicción y el movimiento.
Seis años antes de dicho reconocimiento, Nagel, un biofísico alemán de 73 años, se había alzado con el Shaw Prize, un galardón hongkonés que desde 2002 reconoce a profesionales de “astronomía, ciencias de la vida y medicina”.
En un texto autobiográfico disponible en la página oficial de esos premios, el experto arroja un dato sobre su infancia que da cuenta que su pasión por la ciencia prácticamente nació con él.
Nagel, que nació en Weingarten, al sur de Alemania, y es el mayor de cinco hermanos, cuenta: “Cuando mis hermanos iban a esquiar a la cercana Austria, yo construía una máquina de vapor o una radio con el kit de ciencias que mis padres me regalaban cada Navidad”.
Además, sus visitas a hospitales eran frecuentes. Enfermó de gravedad a los cinco años y, por problemas de salud que lo aquejaban desde entonces, “a menudo pasaba las vacaciones de verano” sometiéndose a cirugías.
Más adelante, Nagel reafirma la idea de que siempre le apasionó la medicina al afirmar que en el colegio les “encantaban” las matemáticas, la física y la biología, y que esta última fue a la que se dedicó cuando se anotó en la Universidad de Constanza.
Nagel, a la izquierda, recibe la Medalla Röntgen 2024 (premio científico) de la Universidad de Würzburg de manos del rector Paul Pauli. Foto: AP
Otro aspecto curioso de su juventud es su relación con la cultura punk de los ochenta. Tras recibir su diploma, Nagel creyó que no estaba listo para continuar con un doctorado y decidió que lo mejor sería ponerse manos a la obra. Ganar experiencia en la calle. Así que trabajó como profesor en un instituto privado, pero también fundó junto con otros socios el Café Chaos, uno de los centros de la contracultura y el under de Constanza.
El Nobel de Medicina fue para la optogenética
Las investigaciones del psiquiatra y neurólogo estadounidense Deisseroth y de sus colegas alemanes Hegemann y Nagel podrían conducir algún día a tratamientos para trastornos neurológicos y sensoriales, como la enfermedad de Parkinson y la epilepsia. El trío fue honrado "por el descubrimiento de un interruptor molecular para las células nerviosas".
Usando luz, los investigadores ahora pueden encender o apagar circuitos neuronales individuales en un cerebro. "Pudieron revelar los circuitos neuronales que controlan recuerdos, sentimientos y comportamientos específicos relevantes para los trastornos neurológicos y psiquiátricos", afirmó el comité Nobel, reunido en Estocolmo.
Miembros de la Asamblea Nobel anuncian a los galardonados con el Premio Nobel de Fisiología o Medicina 2026 en el Instituto Karolinska de Estocolmo, Suecia, el 5 de octubre de 2026. Foto: EFE
En medicina clínica, los investigadores utilizan este método para intentar restaurar la vista en personas con discapacidad visual.
"La optogenética ofrece oportunidades para mapear el cerebro", dijo Per Svenningsson, presidente del comité Nobel, en un comunicado. "La optogenética transformó radicalmente nuestra comprensión del cerebro. Cada día surgen nuevos descubrimientos que ayudan a resolver uno de los grandes misterios de la humanidad: cómo funciona nuestro increíble cerebro", señaló el comité.
Años de investigación dieron sus frutos
En la década de 2000, Hegemann y Nagel investigaban por qué un alga unicelular era capaz de nadar hacia una fuente de luz. Descubrieron una proteína del alga con propiedades únicas, llamada canalrodopsina, que se encuentra en la superficie de la célula.
El Premio Nobel de Fisiología o Medicina 2026 fue otorgado conjuntamente a Karl Deisseroth, Peter Hegemann y Georg Nagel, que son quienes aparecen en la pantalla. Foto: EFE
Cuando se ilumina con luz azul, se abre un canal a través de la proteína. Entonces los iones cargados fluyen hacia el interior de la célula, generando un impulso eléctrico. Descubrieron que, independientemente de la célula en la que introdujeran la proteína, dichas células se volvían sensibles a la luz.
Posteriormente, Deisseroth introdujo el gen de la canalrodopsina en neuronas de ratas. Al iluminar las células con luz azul, consiguió activar una señal nerviosa. Publicó su hallazgo en 2005 y, dos años más tarde, logró que el interruptor controlado por luz para las neuronas funcionara en los cerebros de ratones vivos.
Nunca imaginaron que ese descubrimiento podría interesarle a los lectores de las revistas médicas, ni mucho menos que fuera tan transformador.
Deisseroth, de 54 años, es profesor en la Universidad de Stanford, mientras que Hegemann, de 71, da clases de neurociencia en la Universidad Humboldt de Berlín. Nagel es profesor de biofísica en la Universidad de Würzburg.
Los galardonados recibirán un diploma, una medalla de oro y un cheque por valor de 1,2 millones de dólares de manos del rey Carlos XVI Gustavo en una ceremonia oficial en Estocolmo el 10 de diciembre, aniversario de la muerte, en 1896, del creador del premio, el científico Alfred Nobel.
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