Todos los modelos climáticos anticipan la inminente irrupción en Argentina del fenómeno conocido como El Niño, caracterizado por un régimen de precipitaciones superior a lo normal. Recientemente, algunos pronósticos bajaron su intensidad de "muy fuerte" a "fuerte", pero de todos modos, su presencia no se discute entre los especialistas en clima y meteorología. Por eso, esta campaña es clave tomar todas las medidas preventivas que minimicen los posibles perjuicios de esos excesos hídricos en la producción agropecuaria.

En el caso de los silobolsas, para evitar pérdidas de granos y forrajes que allí se conservan, técnicos del INTA (Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria) recomendaron realizar algunas acciones fundamentales tales como: revisar el drenaje y la firmeza del terreno, dejar espacio entre las bolsas, mantener los cierres accesibles y reforzar el monitoreo para conservar la calidad del material almacenado y sostener la capacidad de trabajo durante períodos húmedos.

De acuerdo con especialistas del INTA Balcarce, se debe pensar en preparar los patios de acopio para evitar anegamientos, roturas y demoras en la extracción de los granos, así como ajustar el manejo técnico para evitar pérdidas por humedad o inundaciones.

“La planificación debe comenzar antes de embolsar. Cada bolsa tiene que quedar en condiciones de ser inspeccionada, reparada o retirada incluso después de varios días de lluvia”, señaló Leandro Cardoso, experto en poscosecha del organismo, ya que en esos períodos, el suelo pierde firmeza y disminuyen las oportunidades de trabajo.

El primer paso, indicó, es reconocer cómo circula el agua por el lote y comprobar que las pendientes, cunetas y salidas permitan evacuarla. También conviene corregir depresiones, recuperar la firmeza de las zonas de tránsito y retirar piedras, rastrojos u otros elementos capaces de perforar el plástico, sin remover innecesariamente la capa superficial del suelo.

La superficie disponible debería definirse según la posibilidad real de circular con el terreno húmedo. "Una alta ocupación del playón puede aumentar la capacidad de almacenamiento, pero también bloquear el drenaje, limitar las recorridas y demorar el acceso a una bolsa con problemas", advirtió.

Al respecto, Cardoso recomendó “dejar al menos un metro libre entre bolsas contiguas y también entre sus extremos, ya que esa distancia facilita la inspección, favorece el secado del suelo después de las lluvias y reduce el riesgo de que la maquinaria dañe una bolsa cercana durante la extracción”. Por su parte, los cierres deben quedar separados, visibles y accesibles para poder revisarlos o repararlos.

En el caso de que se disponga formar bloques de varias bolsas, su tamaño debe calcularse según el tiempo necesario para alcanzar la última unidad y retirar la mercadería. Vale recordar que en condiciones adversas, el ritmo de extracción puede reducirse de manera considerable, por eso, concentrar demasiadas bolsas puede dificultar una respuesta rápida.

"El cierre inicial y el final requieren tiempo, personal y materiales adecuados. El nudo es una opción rápida, pero no debe considerarse una barrera segura frente a un anegamiento prolongado", alertó Cardoso. Para solucionarlo, sugirió recurrir al termosellado o las cintas específicas que pueden mejorar la hermeticidad si se aplican correctamente y se controla el resultado.

En aquellos lugares con poco espacio, donde se utilizan bolsas de mayor diámetro para almacenar más toneladas por metro lineal o donde las más largas reducen la cantidad de montajes y cierres, Cardoso recomendó evaluar las alternativas junto con "la capacidad portante del terreno, el drenaje, los accesos y la compatibilidad de la maquinaria disponible”.

Además, indicó que cada bolsa debe estar identificada en un plano y en el registro de operación, con datos sobre el cultivo, la fecha de embolsado, la procedencia, la humedad de ingreso, el tipo de cierre y las reparaciones realizadas. “La inspección del plástico y de los extremos puede complementarse con muestreos del grano y, cuando corresponda, con mediciones de dióxido de carbono como indicador indirecto de actividad biológica”, afirmó.

“La atención debe intensificarse cuando ingresan trigo, cebada o colza con humedad elevada”, subrayó Cardoso. Al tiempo que indicó que, si la planta no cuenta con suficiente capacidad de secado, será necesario prever el tiempo de espera y priorizar las partidas de mayor riesgo. “La clave no es solo almacenar más, sino conservar la posibilidad de intervenir durante todo el período de acopio”, destacó el técnico.