A la despedida de Lionel Messi le faltaba el broche de oro: un gol del 10. Es que ya había pasado el cabezazo de Nico Otamendi, otro que dijo adiós, y luego llegó el golazo de Nico Paz, el futuro del equipo de Lionel Scaloni. Hasta que llegó Leo. Fue el 3-0 que terminó siendo definitivo para que la Selección Argentina le gane a Benín.

El 10 ya había tenido algunas chances, pero no se le daba. Y el destino quiso que ese último grito, el 126 de su historia con la Selección, llegara por la vía del penal. Agustín Giay se metió en el área y recibió un patadón de un defensor africano. El de Rosario no lo dudó, tampoco los 85 mil espectadores que estaban en el Monumental y los millones en todo el mundo. Messi tenía que meter ese penal.

La misión no era sencilla, porque Leo venía de fallar tres penales en forma consecutiva, emulando alguna racha negativa que supo tener otro monstruo como Diego Maradona. Al heredero del genio de Fiorito se le había atragantado el grito contra Austria y Egipto, en el Mundial, y más recientemente contra Nashville, pero con la camiseta del Inter Miami.

¡GOOOOOOL DE MESSIIII! 🥹🇦🇷
El mejor de todos los tiempos, El capitán, El nuestro ❤️🇦🇷

Argentina 3 - 0 Benín

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— telefe (@telefe) October 7, 2026

Por eso esta vez Messi no se anduvo con sutilezas. En vez de esperar que el arquero se moviera, o de buscar algún ángulo complicado, la cruzó de zurda, bien arriba, y la clavó en el techo del arco. Fue gol, y lo gritó con la paz de siempre, sin gestos ampulosos ni exageraciones. Gesto de crack, uno más. En su palco, mamá Celia y su amor, Antonela, festejaron como en Lusail, y los chicos también saltaron de sus butacas.

Mucho más efusivo todavía fue el festejo de los jugadores, que rodearon a Leo y lo abrazaron como si estuvieran en un boliche, haciendo rondita. Fue tan espontáneo el gesto que Leo se terminó riendo por la ocurrencia. El viejito de 39 años terminó jugando con los chicos Sub-20: el legado que deja es enorme.