Nada tan insuficiente para doblegar al fantasma del edadismo, como limitarse a exponer historias de postulaciones de empleo ignoradas a causa del prejuicio antiage de empresarios o reclutadores de recursos humanos. Aun cuando eso venga ayudando a alertar del fenómeno a empleadores, buscadores de puestos de trabajo y -no menos importante- a funcionarios públicos.
Porque contribuye a que todos vayan tomando conciencia del divorcio no consensuado entre la oferta y la demanda de trabajo, a raíz de discriminaciones desactualizadas y de la subestimación de ciertas evidencias.
Las que, a partir de las mayores expectativas vitales, vienen ampliando la disposición del tiempo y del talento humano para extender su vida activa más allá de los límites convencionalmente asociados a los rituales de la jubilación.
Ya sea por necesidades económicas o para recuperar sentido o renovar propósitos en esta nueva etapa del DNI -la categoría que, a partir de los 60, viene prometiendo otros veinte-, al menos en aquellos casos en que la salud acompañe y la resistencia al cambio no sabotee el disfrute de este bonus track inesperado.
Para que esta segunda revolución de los mayores suceda, hace falta, por supuesto, haber completado con éxito la primera, habiendo ganado años de vida saludable para poder enriquecer ese nuevo recorrido en armonía con otros equilibrios y en plenitud con vivencias o desafíos no transitados que aporten a la causa de un ciclo novedoso de la realización personal, otorgando pasión y dirección a esta nueva estación de la vida en desarrollo -la plenivencia-, capitalizando tanto la experiencia acumulada como el ejercicio del pensamiento crítico, la curiosidad aplicada a la actualización del conocimiento, a la creatividad y a la incorporación de nuevas herramientas de gestión.
Una reinvención estratégica para impulsar el diseño de un nuevo paradigma de gestión intergeneracional, desde un modelo virtuoso integrado para el desarrollo de proyectos, asociando a la generación de la experiencia con la generación de la innovación.
Cada una, potenciándolos desde sus competencias y atributos más preciados. Unos, aportando pensamiento estratégico y profesionalización de la gestión. Y otros, incorporando el universo IA. En ambos casos, liderando iniciativas desde la voluntad de seguir aprendiendo y sumando herramientas y fortalezas. Formándose para reinventarse.
Todo pasa por cambiar la percepción de los confines de la vida activa de los pleniventes -los que, luego de seis décadas, siguen estudiando, creando y proyectando-, alargando sus horizontes neuronales y profesionales y enriqueciendo la diversificación de propósitos.
Metas a implementar ya desde las políticas públicas, con la reconfiguración previsional, social, educativa y cultural de estos nuevos horizontes extendidos, concediéndole al deseo la gracia de aumentar y diversificar la oferta y también de arriesgarse a cambiar y a soñarla a discreción. La vida sin riesgos no tiene chances. Los sueños sin cambios, tampoco. Ya Nietzche nos lo había anticipado. Y Numhauser también:
Cambia lo superficial
Cambia también lo profundo
Cambia el modo de pensar
Cambia todo en este mundo.
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