Un grupo de investigadores pretendía conocer con mayor precisión cómo se desplazaban las urracas australianas en libertad. Para conseguirlo, equiparon a cinco ejemplares con pequeños dispositivos GPS sujetos mediante arneses especialmente diseñados para el estudio.
El experimento, realizado en Pacific Paradise, en la costa de Queensland, Australia, no salió según lo previsto. En menos de una hora, las aves comenzaron a ayudarse entre sí para retirar los dispositivos. Lo que inicialmente parecía un problema para la investigación terminó convirtiéndose en una inesperada oportunidad para observar su comportamiento social.
El ensayo piloto incluyó a un macho adulto, dos hembras adultas y dos ejemplares juveniles. Antes de colocar los equipos, los científicos dedicaron varias semanas a acostumbrar a las aves a utilizar una estación de alimentación.
Cómo lograron las urracas quitarse los dispositivos GPS
Cada ejemplar recibió bandas de identificación y un rastreador GPS unido a un arnés. El conjunto pesaba aproximadamente 2,7 gramos y había sido diseñado con un punto deliberadamente más débil que permitía liberar el dispositivo al acercarlo a un imán instalado en la estación de alimentación.
La intención era recuperar los rastreadores sin necesidad de volver a capturar a las aves. Sin embargo, esa característica terminó facilitando una situación que los investigadores no habían previsto: las urracas comenzaron a intervenir sobre los arneses de sus compañeras.
Uno de los ejemplares juveniles intentó inicialmente alcanzar su propio dispositivo. Poco después, otra urraca joven comenzó a picotear el arnés sin conseguir retirarlo. Finalmente, una hembra adulta que no llevaba rastreador trabajó sobre diferentes puntos del mecanismo hasta desprenderlo.
Las mismas urracas comenzaron a intervenir sobre los arneses de sus compañeras. Foto: IA
La operación le tomó alrededor de 10 minutos y ocurrió menos de una hora después de que el dispositivo hubiera sido colocado. Los investigadores también observaron a otra urraca ayudando a un ejemplar equipado con GPS mientras ambos se encontraban sobre un tendido eléctrico.
Durante ese intento, las dos aves cayeron del cable. Luego se trasladaron a un árbol cercano y continuaron trabajando sobre el arnés. Al día siguiente, solamente dos de las cinco urracas conservaban sus rastreadores.
En visitas posteriores, los científicos identificaron ejemplares gracias a sus bandas, pero comprobaron que ya no llevaban los dispositivos. En total, observaron directamente a cuatro urracas participando en intentos de retirar los equipos.
Qué revela el comportamiento de las urracas
Debido al reducido número de ejemplares, el experimento no permite determinar qué tan habitual es este comportamiento dentro de la especie. Los investigadores tampoco pudieron comprobar si una misma ave especialmente hábil fue responsable de retirar varios de los dispositivos.
Otra incógnita es qué comprendían exactamente las urracas. Los científicos no pudieron establecer si habían identificado deliberadamente el punto débil del arnés o si simplemente picotearon diferentes partes hasta conseguir desprenderlo. También contemplaron la posibilidad de que estuvieran intentando retirar un objeto extraño durante una conducta similar al acicalamiento social.
Aun con esas limitaciones, interpretaron lo observado como una muestra de cooperación y un nivel moderado de resolución de problemas. Una de las características más llamativas fue que las aves que ayudaban no parecían obtener una recompensa inmediata por liberar a sus compañeras.
El experimento no salió cómo se esperaba, pero se lograron datos reveladores. Foto: IA
Investigaciones anteriores ya habían encontrado indicios sobre las capacidades cognitivas de las urracas australianas. Un estudio con 56 ejemplares pertenecientes a 14 grupos evaluó habilidades como autocontrol, aprendizaje, memoria y adaptación a cambios, y encontró mejores resultados entre las aves pertenecientes a grupos más numerosos.
El fallido experimento con GPS dejó además una advertencia para futuras investigaciones con especies sociales. Un dispositivo diseñado para afectar lo menos posible al ejemplar que lo lleva también puede provocar respuestas entre otros integrantes del grupo.
Los científicos no consiguieron registrar los movimientos de las cinco urracas durante el período previsto. A cambio, observaron algo que no estaban buscando: aves capaces de colaborar para resolver un problema surgido dentro de su propio grupo.
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