Salir con alguien durante un tiempo ya no implica necesariamente haber acordado exclusividad. En tiempos de "casi algo" y relaciones sin etiquetas, dos personas pueden decidir dejar de ver a otros sin considerarse todavía pareja.
Sin una charla de por medio, lo que para uno puede resultar obvio -no tener citas, relaciones sexuales o vínculos afectivos con otros- para el otro puede no formar parte de ningún acuerdo.
Según la psicóloga y sexóloga Noelia Benedetto, estos nuevos grises aparecen en un contexto particular: "Veníamos de un modelo muy enlatado del amor romántico tradicional, con esta idea de la ‘escalera mecánica de las relaciones’: las personas se conocen, se ponen de novias, conviven, se casan y tienen hijos. Eran pasos vistos como automáticos y consecutivos".
Ahora, agrega, esas estructuras cambiaron y si bien habilitaron otras posibilidades, también aumentaron la incertidumbre. Para la experta, estas instancias intermedias funcionan como "zonas de seguridad" que permiten construir intimidad y confianza, pero también postergar ciertas expectativas.
Para Benedetto, las instancias intermedias funcionan como "zonas de seguridad" que construyen intimidad pero postergan la formalidad. Foto: ilustración Adobe Stock.
"La exclusividad quizás es una cuestión interna y no necesariamente la vidriera de lo que implica un noviazgo. Es una forma de protegerse del peso de las etiquetas", explica a Clarín.
Qué significa ser "exclusivos" en un vínculo
Acordar exclusividad no tiene un único significado. Para algunas personas se limita a no tener relaciones sexuales con otros; para otras también implica no involucrarse afectivamente con alguien más. Incluso puede alcanzar el terreno digital, como cerrar las aplicaciones de citas o dejar de intercambiar mensajes con otras personas.
"La exclusividad no es un paquete predeterminado, cerrado, sino un acuerdo más a medida de quienes lo diseñan. Cada vínculo ha de definir sus propios límites para no operar sobre falsas creencias", sostiene Benedetto.
Para Manuela (28), acordar exclusividad ya supone cierto grado de compromiso: "Ser exclusivo ya es un poquito un título. Encima es la primera pregunta que te hace la gente cuando contás que te estás conociendo con alguien".
Sin embargo, ese compromiso no necesariamente implica querer avanzar hacia una relación formal: "Es como: sí, somos exclusivos, pero también no sé hasta qué punto quiero involucrarme".
"La exclusividad no es un paquete predeterminado, cerrado, sino un acuerdo más a medida de quienes lo diseñan", dice la experta. Foto: ilustración Adobe Stock.
Javier (30) también entiende la exclusividad como un punto intermedio. Antes de ponerse de novio con su actual pareja, llevaban cerca de dos meses saliendo cuando hablaron sobre si seguían viendo a otras personas.
"Es como un paso previo. Significa que va encaminado y tenés la tranquilidad de que al otro le interesás, pero no puede definirse todavía como una relación. Es un punto medio", afirma.
Exclusivos, pero no novios: qué dice de los vínculos actuales
¿Qué separa entonces a la exclusividad del noviazgo? "La etiqueta de novios o de pareja tiene un peso bastante cultural: exige una proyección a futuro, la presentación en la familia, la integración en los círculos sociales, amistades, laborales, y también aparece esto del ‘nosotros’", explica Benedetto.
En cambio, ser exclusivos puede quedarse puertas adentro: "Puede ser una cosa mucho más interna, un código interno, y también una forma más inmediata de gestionar cierta ansiedad que genera la incertidumbre sin necesidad de ponerle un estatus vincular".
Para la especialista, esta instancia "es una manera de asegurarse una exclusividad sexual o emocional sin tener que asumir las obligaciones o la puesta en público del noviazgo". Es una "relación monogámica sin el contrato completo".
La exclusivdad también puede generar ansiedad e incertidumbre cuando el otro ya está dispuesto a formalizar. Foto: ilustración Adobe Stock.
Pero si ya no hay un recorrido tan claro hasta llegar al noviazgo, también puede ser difícil saber desde qué momento se supone que hay exclusividad. Y ahí aparece uno de los principales conflictos: dar por sentado un acuerdo que nunca se habló.
"El mayor conflicto de los contratos es la letra chica o la parte implícita", sostiene la psicóloga. Verse seguido, hablar todos los días o tener cada vez más intimidad no significa que los dos hayan dejado de salir con otras personas.
"Cuando alguien asume la exclusividad sin verbalizarla, deja la relación a merced de un guion imaginario", advierte. Y si después el otro hace algo que no encaja con lo que se esperaba, puede aparecer la sensación de traición: "Se acusa de deslealtad y, en realidad, acá el conflicto es no poner en palabras o no explicitar los deseos".
Muchas veces, esa charla se posterga por miedo a espantar al otro o a recibir una respuesta que no sea la esperada. "Me callo y que se sostenga de esta manera", ejemplifica Benedetto.
Y hablarlo tampoco significa que los dos vayan a querer lo mismo. "Los tiempos de cada persona jamás están sincronizados", aclara. Si uno quiere ser exclusivo y el otro todavía no, eso tampoco necesariamente implica falta de interés.
En esos casos, para Benedetto, la pregunta pasa por cuánto está dispuesto a esperar cada uno y hasta dónde puede sostener un vínculo que no es el que busca. Si esa diferencia termina generando una ansiedad difícil de manejar, habrá que decidir "si se queda o si le da algún tipo de finalización a ese vínculo".
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