José Manuel se llevaba los planos de la obra a casa y los extendía para seguir estudiándolos después de trabajar. Había dejado la escuela porque no encontraba su lugar entre los libros, pero aprender a levantar una vivienda exigía dedicar horas a entender qué debía hacer al día siguiente.
El oficio que empezó probando durante unas vacaciones acabó ocupando también parte de su tiempo libre.
El joven, nacido en Albacete, cuenta su trayectoria en el pódcast Sector Oficios. Tiene 23 años, trabaja en Ibiza y se dedica al encofrado y al ferrallado, dos actividades vinculadas a la construcción de la estructura de los edificios.
Empezó con 16 años en la empresa de su padre y alcanzó la categoría de oficial de primera a los 20. Ahora combina el trabajo con las redes sociales, donde muestra una profesión de la que se siente orgulloso, incluidos sus errores y sus días difíciles.
Un verano que modificó sus planes
La construcción no era inicialmente su elección. Su padre le propuso acompañarlo durante el verano, cuando José Manuel tenía dificultades para sacar adelante las asignaturas de una formación profesional básica. La primera tarea consistió en limpiar, abrir y engrasar puntales, los soportes que se utilizan en la obra.
Recuerda aquella experiencia por el esfuerzo y el calor. Según relata, su padre quería que conociera la dureza del trabajo y reconsiderara la posibilidad de seguir estudiando.
Pero él terminó encontrando motivos para quedarse, entre ellos, la satisfacción de ganar su propio dinero y no tener que pedírselo a sus padres.
José Manuel contó su experiencia en un pódcast. Foto: Captura "Sector Oficios"
Al terminar las vacaciones, tuvo que decidir. Podía volver a clase y comprometerse con los estudios o continuar trabajando. Eligió la segunda opción. “A mí lo que me gusta es trabajar, quiero que me enseñes de verdad el oficio, quiero ganarme mi pan con mis manos”, le dijo a su padre.
Eso no significó dejar de aprender. “Yo me iba de la obra y me llevaba el plano a mi casa”, contó. Asegura que dedicó muchas horas a estudiarlos, un esfuerzo que relaciona con la responsabilidad que puede asumir hoy.
Dejar atrás la empresa familiar
Después de limpiar puntales, pasó a trabajar como peón para seis oficiales. Les acercaba materiales y atendía las necesidades del equipo, mientras observaba cómo resolvían las tareas. Ser el hijo del jefe, sostiene, no le evitó exigencias ni discusiones.
Con el tiempo, empezó a sentir que podía hacer más. Le pedía a su padre que lo ascendiera a oficial de segunda, pero el cambio no llegaba. Tras aproximadamente un año y medio, decidió incorporarse a otra empresa de Ibiza.
Permaneció dos años en aquella empresa antes de regresar con su padre. Se llevó conocimientos sobre materiales, formas de organizar el trabajo y soluciones que después trasladó al negocio familiar. “Me fui y abrí los ojos yo y se los abrí a él”, relató.
Lo que cuesta aprender un oficio
José Manuel describe su trabajo como la construcción del esqueleto de una vivienda. Participa en la cimentación, los pilares y los forjados, hasta dejar preparada la estructura sobre la que continuará el resto de la obra.
Su parte favorita es el hormigonado, aunque también disfruta de otras tareas que requieren esfuerzo físico y precisión. Lo que más le satisface llega al contemplar el resultado. “Empiezo desde el agujero y la veo terminada, y cuando la veo terminada digo, ¿y esto lo he hecho yo?”, describió.
Esa satisfacción convive con jornadas al aire libre y momentos de cansancio. Reconoce que alguna vez ha pensado en volver a estudiar después de un mal día. “Esto no es un camino de rosas”, resumió al hablar de su experiencia.
Tampoco considera que dominar unas tareas permita dejar de aprender. Los materiales cambian y cada estructura presenta dificultades distintas. “En la construcción todos los días se aprende algo nuevo”, admitió en este sentido. La curiosidad, explicó, fue una de las cosas que lo mantuvo interesado desde el principio.
De los primeros ingresos a negociar su sueldo
Su evolución profesional también cambió sus expectativas económicas. En la entrevista recordó que “mi padre me pagaba 30 euros al día” y, al hablar de lo que exige en la actualidad, aseguró: “En mi caso, por menos de 2.500 euros no me muevo”.
Hoy considera que la experiencia y la responsabilidad deben reflejarse en el salario. “Yo creo que un oficial de primera no puede bajar de los 2.000 euros”. En su caso, fija una cantidad superior.
Eso sí, habla desde su situación en Baleares y no concreta si esas cifras son brutas o netas. Tampoco las presenta como un sueldo de entrada: distingue entre empezar como peón y haber adquirido los conocimientos necesarios para ejercer como oficial.
Su intención es seguir en el sector, aunque aspira a cambiar de posición. “Lo que yo quiero hacer es tener mi propia empresa”, sostuvo. Por ahora, centra sus esfuerzos en ganar experiencia y aprender de quienes trabajan a su lado.
En un inicio, la madre de José Manuel estaba preocupada. Foto: Captura "Sector Oficios"
El orgullo de trabajar en la obra
Su madre, abogada, también participó en la entrevista. Recordó la preocupación que sintió cuando su hijo dejó los estudios y se marchó a Ibiza. Le inquietaban la distancia y la dureza de la profesión.
Su valoración cambió al verlo progresar y disfrutar del trabajo: “Lo que me ha enseñado es que es feliz con lo que hace, le gusta, se está labrando un futuro que me parece prometedor, no por las redes, sino porque ha progresado”.
José Manuel defiende esa elección cuando algunos amigos le preguntan si le avergüenza dedicarse a la construcción. “No puedo estar más orgulloso de la persona que soy hoy en día”, aseguró.
Y destacó que su objetivo es que quienes se interesen por un oficio puedan conocer tanto sus oportunidades como sus exigencias.
Christian Jiménez, La Vanguardia
Ep.69 ENCOFRADOR desde los 16 años | Dejó los estudios y ENCONTRÓ SU FUTURO EN LA OBRA
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