La Real Academia Española define "bondad" como la "cualidad de ser bueno" o la "natural inclinación a hacer el bien". Sin embargo, ese valor a veces puede distorsionarse cuando se aplica desde el sentido del deber y se difumina la línea entre la voluntad y el deseo de aprobación ajena.
Xavier Guix, psicólogo especializado en autoconocimiento, brindó una conferencia titulada "El problema de ser demasiado buenos", tal como se titula uno de sus libros -publicado en 2024- donde reflexionó sobre los mandatos generacionales.
Nacido en Sant Boi de Llobregat en 1960, Guix reside actualmente en Granollers, desde donde imparte cursos, brinda conferencias por toda España y también en Latinoamérica.
"Nosotros fuimos una generación demasiado buena. Niños y niñas buenos que pensaban 'tengo que cumplir'. El 'tengo que' era la norma de ir a por todas en la medida de las posibilidades y creo que en esto sí ha habido un cambio; las nuevas generaciones ya vienen con otro relato", sostuvo en su paso por el ciclo de diálogo Aprendemos Juntos de BBVA.
El sentido del deber y su vínculo con la obediencia
El psicólogo catalán explicó que el sentido del deber era muy fuerte en las generaciones anteriores. "El sentido del deber implicaba obedecer y hay huellas de aquello en nuestro presente", señaló.
Recordó la consulta de una chica joven que empezó a hacer terapia y en la primera sesión le confesó: "Yo no hago nada si no es por obligación; me he acostumbrado tanto que todo lo hago desde el deber".
Xavier Guix, psicólogo español, escribió el libro "El problema de ser demasiado bueno" en 2024. Foto: Captura de video
"Hemos crecido con una orden de hacerlo todo bien porque es nuestro deber. Por tanto, el primer mandato de eso que llamaríamos 'ser demasiado bueno', es ser demasiado obediente, que significa que no sé decir que no, que hago todo lo que se espera, que respondo a todo lo que la gente quiere de mí, que no tengo límites", enumeró.
Guix recordó que el riesgo de complacer a los demás recae en olvidarse de uno mismo. "Una persona que se pasa la vida complaciendo al otro, llega un momento que se descuida de sus propios deseos", manifestó.
"Muchas veces nos ocupamos de las necesidades de los demás porque ahí es donde nos encontramos con el ser querido, con quien generamos una dependencia emocional porque queremos ser necesarios. Pero no, tú tienes que hacerte cargo de ti, no del problema del otro", aconsejó.
"Algunos confunden ser una persona buena con dejar de ser uno mismo. Había un filósofo, Odo Marquard, que dijo una frase que siempre me ha impactado: 'Somos más nuestros hábitos que nuestras elecciones'", ejemplificó.
La nostalgia por la vida no vivida
El psicólogo explicó que para poder poner límites hay que tener definidos valores propios y no impuestos. "De tanto aguantar, callar, aguantar... llega un día que no puedo más y una vez te has desahogado te entra la culpa porque para los demás no ha sido para tanto", explicó.
Muchas veces al hablar con personas mayores de 70 años en las consultas le transmiten sus frustraciones más dolorosas. "Me dicen que no han vivido sus vidas, que se pasaron la vida cuidando a los demás, haciendo lo que los demás esperaban, lo que les pedían y entonces llega un momento que tarde y mal se aprende que por ser muy bueno no hace que te quieran más, sino que te utilicen más", sentenció.
A la hora de transmitir valores y educar a las nuevas generaciones, el experto aconsejó "acompañar en lugar de moldear". "Platón, cuando se dedica a hablar sobre la educación, nos deja un mensaje para mí fundamental: educar es sacar de adentro", señaló.
"Significa que los padres sean lo suficientemente hábiles, estén con curiosidad y atención puesta en su propio hijo, hacia dónde se inclina, pero no queramos moldear demasiado a los hijos, sino acompañarlos, mejor sacarles de dentro", proyectó.
En diálogo con el podcast Generación+, junto a Carmen Posadas, Natalia de Santiago y José Viña, recalcó que el marco social actual también influye en las decisiones.
"Llamar por teléfono hoy es de mal gusto, es de mala educación llamar por teléfono porque es una interrupción donde piensan: ¿Por qué me llamas? Yo estoy en mi mundo, mándame un mensaje", detalló.
"Eso se traduce luego en que muchas generaciones actuales temen situaciones presenciales. Estamos ante una sociedad que yo le llamaría 'la sociedad de la frustración'", expresó.
De la mano de la frustración se encuentra el miedo y la ansiedad por el futuro. "Algunos me dicen que ya han hecho todo, entonces primero les doy la mano, les felicito: 'Qué bien, pues lo has hecho todo', y luego le digo: 'Cuidado, estás sufriendo el síndrome del futuro bloqueado'", remarcó.
"Si ya lo he hecho todo, ¿qué me queda? Es muy importante no dar nunca por acabado nada porque la vida es cambio permanente. No podemos cerrar ciclos, no podemos cerrar nada, porque la vida sigue continuamente", aseguró.
Él mismo tuvo que reinventarse más de una vez. Fue actor antes de estudiar psicología y tuvo que cambiar que de profesión en medio de una fuerte crisis económica que afectó a todo el país.
"Lo que yo aprendí en ese momento fue que creí que tenía la vida resuelta. De algún modo, el hecho de tener un trabajo más o menos fijo, el hecho de tener una vida más o menos estable, tener una vida con una cierta comodidad, cada día haces las mismas cosas, que cada día estás con las mismas personas, te hace creer que tu vida está ya resuelta, felizmente resuelta", manifestó.
"Pero tu vida de repente cambia en un instante. Entonces, no te agarres tanto ni conduzcas tu vida pensando que las cosas ya están hechas, que ya las tienes resueltas, porque, como cantaba Mercedes Sosa, la vida cambia, todo cambia, y cambia en un instante", concluyó.
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