Una silla con ropa acumulada encima puede ser un símbolo de desorden y origen de reproches en el hogar. Ello ocurre cuando el mueble, diseñado, obviamente, para sentarse, está lleno de prendas usadas pero que todavía no están tan sucias como para ir al lavarropas.

Desde la psicología y las ciencias del comportamiento aparece una explicación que sorprende, sobre todo, a los amantes de la prolijidad y el orden. Aseguran que forma parte de uno de los tantos atajos que tiene el cerebro para resolver una situación cotidiana.

En todo momento estamos tomando decisiones, pequeñas o grandes, fáciles o difíciles, y nuestro cerebro ha encontrado la manera de simplificar este proceso ahorrando esfuerzo, sobre todo, en tareas reiterativas.

¿Por qué no son desordenados?

La psicóloga española Sara Navarrete asegura que “quienes tienen una silla con ropa acumulada no son desordenadas” y relaciona el hábito con la saturación mental. Después de un día lleno de decisiones, responsabilidades, mensajes y preocupaciones, el cerebro empieza a ahorrar energía en todo aquello que considera secundario. Entonces, colocar una camiseta o un pantalón en su lugar deja de ser prioritario.

En diálogo con la revista ¡Hola!, explica que la silla se convierte en una especie de espacio intermedio entre el orden y el desorden. "La mayoría de las veces no es pereza ni dejadez, sino una decisión que se posterga", afirma.

El cerebro busca atajos para facilitar la toma de decisiones. Foto: Freepik.

Luego explica que algunas de las personas que dejan la ropa acumulada en la silla, suelen resolver aquello que tiene consecuencias inmediatas, pero dejan para después pequeñas tareas cotidianas que pueden esperar. Es decir, le dan prioridad a lo que consideran urgente frente a lo que sería importante.

Son personas que trabajan, cumplen con sus responsabilidades, cuidan de su familia o atienden sus compromisos. Lo que ocurre es que, cuando la energía empieza a escasear, ciertas tareas pasan automáticamente al final de la lista.

Navarrete dice que este comportamiento puede incluso reflejar una personalidad práctica: personas que no necesitan que todo esté perfecto para sentirse bien y que prefieren dedicar sus recursos mentales a cuestiones que consideran más importantes.

En este punto, entra a jugar el estrés, porque hay épocas en las que además de ropa acumulada en una silla, aparecen papeles tirados por todas partes o pequeñas tareas siempre pendientes. Muchas veces eso coincide con momentos de especial estrés, exceso de trabajo o sobrecarga emocional.

En situaciones de estrés, el cerebro actúa en modo “lucha o huida”, como si estuviéramos amenazados por una fiera salvaje. Para enfrentar la supuesta amenaza, el cerebro se concentra en resolver aquello que considera prioritario y reduce la energía disponible para todo lo demás.

Algunas de las personas que dejan la ropa acumulada en la silla suelen resolver aquello que tiene consecuencias inmediatas, pero dejan para después las tareas cotidianas.

De todas formas, hay maneras de evitar esta costumbre que puede afectar la convivencia. Por ejemplo, dedicar cinco minutos al día para ordenar las prendas en el armario, sin una perfección rígida, pero con esmero suficiente para reducir la acumulación en la silla, aliviar la carga mental y, sobre todo, dejar de ser el blanco de las críticas de los más ordenados.