“Escribir sobre música es un lugar para hacer literatura (o al menos intentarlo) tan válido como cualquier otro”, dice Sebastián Chaves en Invenciones sobre Babasónicos, compendio de artículos editados por él y publicado por Gourmet Musical. Con aquella premisa como norte, el libro recorre diversos tonos del universo de esa banda de Lanús, que puntean desde las letras de sus canciones hasta la portada de su disco Miami, lanzado originalmente en 1999 y reeditado como vinilo en 2024.

Tal como uno hace con un disco, puede “picarse” el libro salteando el orden de los capítulos y tomando como muestra para esta reseña a algunos de ellos. Pablo Schanton, periodista de Clarín, es uno de los convocados por Chaves, y en su caso, su texto, el más extenso del libro y que cierra la obra, se titula un “Manifiesto-No Manifiesto: el rock según Babasónicos”. Allí señala que, como Virus con Recrudece y Los Redondos en Vamos las bandas, el grupo “planta comunidad y plantea manifiestos, aun cuando muchas veces resulten elípticos, e incluso, estén cifrados en música o sonido”.

Schanton, además, remarca que “en las biografías de los músicos suele faltar la música”. En ese sentido, el texto de Chaves se centra en el análisis musical de lo que denomina “el tríptico” formado por las canciones “Carismático”, “Yegua” y “Un flash”, del disco Anoche, de 2005. Swings, fugas y estribillos aparecen tematizados en este capítulo, con alusiones a Radiohead y Cocteau Twins, entre otros, para comprender la “síntesis pop” que genera la banda.

"Invenciones sobre Babasónicos", compilado por Sebastián Chaves (Gourmet Musical).

Desde sus inicios

Para comprender los primeros pasos de Babasónicos y cómo fermentan en los primerísimos 90, cuando tenían como compañeros de ruta a bandas hoy poco recordadas como Martes Menta, está el texto de José Bellas, también periodista de Clarín. Él reconstruye las escuchas iniciales del grupo, recitales en 1992 en Die Schule o en el Parakultural de la calle Chacabuco, ambos en Capital, y recupera una entrevista a Adrián Dárgelos hecha por el periodista Fernando D'Addario, en la que el cantante, respecto del regreso de Serú Girán, señalaba que era “un retroceso para la música”.

Otro convocado al libro es Leo Oyola, que plantea un cuento, titulado “#Mash-Up”. En el relato, el vínculo con Babasónicos parece ambiental más allá de la aparición del neologismo “dargeleando”. La historia transcurre entre una localidad costera y el Conurbano, en una atmósfera en todo sentido caliente, que bien podría ser el videoclip de un tema de la banda y que incluye un guiño a un hit de Virus.

Justamente sobre videos versa el trabajo de Juan Barberis. Allí se analizan clips como los de “Viva Satana”, “Desfachatados”, “El médium” y “Caníbal”, entre otros. También se establecen los vínculos entre las imágenes y distintos films, alimentados por la cinefilia de Dárgelos, que cuando dirige esos cortos adopta el nombre de Benito Scorza.

Adrián Dárgelos, en Cosquín Rock 2026. Foto: EFE

El erotismo y sus aledaños son el eje sobre el que gira el texto de Tamara Tenembaum. La ensayista reconoce en Babasónicos y sus canciones “una duplicidad que a veces es sensualidad y humor y a veces es sensualidad y vacío”. En un texto en donde las menciones a Safo y al marqués de Sade no suenan forzadas, ella descorre el velo de las resonancias de temas como “Putita”, “Los calientes” y “Pijamas”.

La lírica babasónica es donde coloca los reflectores Julieta Habif; el uso de términos poco frecuentes en el rock contemporáneo, como “lupanar” o “cadalso” y los juegos de palabras en las letras de la banda, como la expresión “entre Guinea y tus sábanas”, que mixturan intimidad y geografía. En el análisis, se cruza Dárgelos con nombres de la escena cultural local como Marcelo Cohen y Rafael Cippolini y de la internacional, como Jean Cocteau.

Con otro enfoque, pero también recorriendo las letras y los videos de la banda, Pablo Plotkin catea en cómo aparece representada la ciudad en el grupo. Lejos del rock barrial, los espacios urbanos aludidos por Babasónicos pueden ser Once, como se llama una de las canciones, cuya representación audiovisual se rodó en Balvanera, o Constitución, terminal ferroviaria presente en cualquiera que haya vivido en zona sur del Conurbano, como buena parte de la banda.

Por otro lado, las referencias geográficas son esporádicas en las canciones. Plotkin subraya que “la ciudad no es un sistema de calles, túneles y arquitecturas, sino un estado de la mente, un delta de promesas oscuras, un espectáculo vivo y fascinante”. Luis Paz, en tanto, reconstruye las peculiaridades de la banda en vivo, con alusiones a Baudelaire y a shows que pueden haber transcurrido en el Hipódromo de Palermo o en Obras, porque, como dice, “ir a ver a Babasónicos también es un rito”. Como puede ser leer este libro.

PC