“Prefiero que 20.000 empleados estén contentos a que unos pocos se hagan millonarios”. Con esta frase, Henry Ford anunciaba cambios fundamentales en su planta de Dearborn, Michigan, donde, en 1914, se ensamblaba el famoso Modelo T. Para entonces, la Ford Motor Company era un éxito, pero la alta rotación de trabajadores generaba un verdadero problema.

Ford creó la fábrica en 1903 y cinco años después tenía 450 empleados que producían unos 10.000 coches al año. Al introducir la línea de montaje, la producción aumentó de manera exponencial y en 1913 llegó a las 250.000 unidades. La fabricación en masa también redujo el precio del Modelo T, que pasó de $800 a $350.

Claro que una fábrica con 14.000 empleados y rotación anual del 370% obligaba a contratar 1.000 personas para mantener 100 puestos estables, algo bastante difícil en el Michigan de la época. La solución surgió de uno de los consejeros de Ford, James Couzens. El creador de la línea de montaje estuvo de acuerdo y el 5 de enero de 1914 convocó el Five Dollar Day.

Una apuesta que resultó un éxito

El anuncio más rimbombante de ese día fue que los obreros pasaban de cobrar $2,34 a $5 por día, en jornadas laborales que se reducían de nueve a ocho horas. Según recuerda Iván Fernández en su libro Innovadores, era el doble de lo que pagaban las fábricas de automóviles a principios del siglo XX.

Ford quería terminar con la altísima rotación de empleados que sufría la fábrica. Foto: Archivo.

La respuesta fue impresionante. Al día siguiente, Ford recibió 12.000 solicitudes en persona y otras 14.000 llegaron por correo durante la semana. Más allá de que el personal de seguridad tuviera que lanzar chorros de agua para controlar a la multitud de solicitantes de empleo, la medida tuvo éxito.

“Ford entendió que, si cuidaba a su gente, ellos cuidarían de su empresa”, explica Fernández. En su libro, subraya que innovar no siempre implica inventar: “A veces es simplemente hacer lo correcto cuando nadie más se atreve”.

Fernández dice que el salario de $5 diarios fue una respuesta directa al caos de rotación y al absentismo. Asegura también que “la estrategia sigue funcionando a las mil maravillas porque cuidar al equipo significa cuidar el negocio”.

Estudios posteriores de la Harvard Business School, demostraron que las medidas tomadas por Ford aumentaron la eficiencia de los trabajadores y hasta redujeron los costos de producción. Al mejorar la estabilidad, la compañía redujo gastos en formación y reclutamiento masivo, además de eliminar cuellos de botella en la cadena de montaje.

La planta de Dearborn, en Michigan, producía el popular Modelo T de Ford. Foto: AP / Ford Motor Co.

Además, al pagar mejor Ford atrajo a los mejores mecánicos y operarios de Detroit, rompió con el yugo de la mano de obra precaria y disparó la reputación de su fábrica. Claro que para algunos la medida fue un gesto paternalista; para otros un verdadero manifiesto a favor de los trabajadores.

En 1920, Ford subió la apuesta y comenzó a pagar $6 por día a sus miles de empleados.