Todos conocemos a alguien así. Un amigo, un familiar, incluso a nuestros padres... o nosotros mismos. Esas personas que se mantienen constantemente ocupadas y la figura del "relajo" no es algo a la que se la puede asociar. Que, cuando terminan algo o incluso antes de hacerlo, ya planifican su próxima movida. Descansar para ellos es estar haciendo algo.

Ahora los expertos en psicología coinciden en que este tipo de personas no son más ambiciosas que otros por naturaleza, sino que huyen de una versión de sí mismas con la que aún no han estado dispuestas a sentarse a convivir.

No siempre es ambición: qué oculta la ocupación constante. Foto Shutterstock.

Tener planes apilados uno encima del otro es algo común en la vida como la conocemos hoy en día. Sin embargo, personas se destacan por la dificultad para parat y estar ocupados o buscando qué hacer. Les pasa en el trabajo, en los planes familiares o incluso en los fines de semana de lluvia, donde se buscan algo para trabajar en sus casas.

Para una mayoría de gente, estar ocupado ya no es algo temporal, sino que es su forma de vida. Y, como ese estilo de vida es recompensado, elogiado y envidiado, muchos se quedan con una parte que no dice del todo la verdad sobre ese comportamiento.

"Ambiciosos" no es la palabra: qué hay detrás de esa ocupación permanente del tiempo

No significa que muchas de estas personas no tengan una ambición real detrás de todo. Quizás sí ansían con fuerza sus objetivos y trabajan duro para ello, pero una gran mayoría puede que no. Puede que sean ambiciosos, pero todo ese ajetreo puede también tener una segunda función: asegurarse de que casi nunca haya suficiente tiempo libre para que surja algo incómodo.

La autora Harleen Kaur en el sitio digital Bolde reflexionó acerca de que los estadounidenses tienden a considerar estar ocupado como un signo de estatus. Cita a la profesora de marketing Neeru Paharia de Georgetown, quien define que una persona ocupada "debe ser ambiciosa, capaz y deseada".

En las culturas donde el estatus se hereda, el ocio es señal de éxito, pero en las culturas donde el estatus se basa en el esfuerzo, la agenda apretada lo es. La persona que trabaja de sol a sol puede ser percibida como motivada y la admiración surge de inmediato. Indica que tanto movimiento y ajetreo diario, llega con la apariencia de "logro", por eso rara vez es tan difícil bajarse de ahí.

La incomodidad de estar solo con sus pensamientos

El texto cita también al psicólogo Timothy Wilson de la Universidad de Virginia, que descubrió que las personas que se quedaban a solas con sus pensamientos durante quince minutos se sentían tan incómodas, que un 40% de ellos prefería darse una pequeña descarga eléctrica para no quedarse a solas con sus pensamientos.

"La mente, cuando se deja ociosa, no va a ningún lugar agradable", describió el experto. Cuando uno no tiene en qué pensar en el próximo movimiento diario, la menta va directamente a lo que lleva más tiempo esperando. Y esto es difícil de tragar.

Muchas personas optan por "rellenar" sus agendas antes de lidiar con sus ideas. Foto: Shutterstock.

Por eso muchos optan por "rellenar" agendas y no dejar que surjan preguntas difíciles. Los expertos dicen que algún día, igualmente, llegará: sea cual sea la causa de la agenda cargada, esta en algún momento se despejará, y la persona que pasó años diciendo que necesitaba un descanso, finalmente lo tendrá.

El texto indica que la primera mañana sin una lista no se siente como libertad, sino como un problema que no se puede definir. Sin embargo, advierten que la versión de sí mismos que han estado intentando ocultar, no siempre es tan aterradora como esperaban.