Botellas vacías, papeles acumulados, ropa en el asiento trasero y semanas sin pasar por un lavadero. Para algunas personas, un auto así es simplemente consecuencia de una agenda saturada. Para otras, el desorden puede formar parte de un patrón más amplio de postergación, agotamiento o dificultad para ocuparse de los espacios cotidianos.
La psicóloga general sanitaria Leticia Martín Enjuto, directora de un centro de psicología en Valencia, explicó que el automóvil muchas veces funciona como un reflejo de la rutina.
Una persona que lo mantiene constantemente descuidado puede estar dedicando su energía a otras prioridades o atravesando cansancio y saturación mental. Pero la especialista también introduce una distinción fundamental: para algunos propietarios, el vehículo sencillamente posee poca carga simbólica y su aspecto no les importa demasiado.
Eso impide establecer una ecuación automática entre suciedad y baja autoestima.
El psicólogo Joseph Ferrari, profesor de la Universidad DePaul, en Chicago, lleva años estudiando el desorden y la procrastinación. En una conversación con la Asociación Estadounidense de Psicología, Ferrari explicó que el clutter problemático no consiste simplemente en poseer muchas cosas, sino en sentir que la acumulación interfiere con el uso de un espacio y empieza a producir estrés o deterioro en la vida cotidiana.
Cuando el desorden deja de ser solo una cuestión estética
Ferrari trabajó además con Catherine Roster, investigadora de la Universidad de Nuevo México, en un estudio sobre desorden doméstico y bienestar. Los resultados mostraron que las personas que percibían sus hogares como excesivamente abarrotados reportaban una menor sensación de “hogar psicológico” y peor bienestar subjetivo.
Decir que quien tiene el auto sucio “sufre de baja autoestima” resulta demasiado categórico. Foto: Pexels.
El dato es interesante para interpretar un auto desordenado, pero no debe extrapolarse demasiado: el estudio examinó viviendas, no vehículos, y tampoco demostró que la baja autoestima fuera la causa de la acumulación.
De hecho, una investigación distinta realizada con 2.838 adultos en Escocia aporta una advertencia. Anne Ellaway y Sally Macintyre, del Consejo de Investigación Médica, junto con investigadores de la Universidad de Glasgow, estudiaron si sentirse inferior por la propia vivienda o el automóvil se asociaba con autoestima, ansiedad y depresión.
Considerar que la propia casa valía menos que la de otros sí se relacionó con menor autoestima y peor salud psicológica. Pero hacer la misma comparación con el automóvil no mostró una asociación significativa con esas variables.
Así, decir que quien tiene el auto sucio “sufre de baja autoestima” resulta demasiado categórico.
Puede existir esa relación en determinados casos, especialmente si el descuido aparece junto con apatía, pérdida de interés por el autocuidado o dificultades generalizadas para realizar tareas. Pero el mismo automóvil desordenado también puede pertenecer a alguien agotado, desorganizado, con poco tiempo o que simplemente no considera importante tener un vehículo impecable.
La psicología permite utilizar el desorden como una señal para mirar el contexto. Lo que no permite es convertir unas botellas en el piso del auto en un test de personalidad.
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